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martes, 14 de julio de 2009

"Pequeño Manual Individualista" x Han Ryner



INTRODUCCION DE EL HEDONISTA: HAN RYNER ERA EL PSEUDONIMO DEL FILOSOFO Y NOVELISTA FRANCES Jacques Élie Henri Ambroise Ner. COMO SE VERA EN ESTE TEXTO AKI EL ESTA MUY INFLUENCIADO POR LOS FILOSOFOS ESTOICOS Y POR EL GRAN EPICURO. AKI PUES OTRO GRAN ANARCO-INDIVIDUALISTA FRANCES DE FINES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX AUNQUE ES CLARO QUE SI NO QUIERES ASUSTAR DE UNA A ALGUIEN A QUIEN QUIERAS INTRUDUCIR AL ANARCO-INDIVIDUALISMO ES MEJOR QUE COMIENZES POR HAN RYNER. DESPUES YA QUE SE ASUSTEN CON EMILE ARMAND Y DE ALLI YA MAX STIRNER Y RENZO NOVATORE. PROXIMAMENTE ZOE D´AXA...

NOTAS

He adoptado la forma de preguntas y respuestas, porque es cómoda para la exposición rápida. Aquí no se expresa ninguna pretensión dogmática. No se trata de un maestro que interroga y de un discípulo que contesta. Hay un individualista que se pregunta a sí mismo. Quiero advertir desde la primera línea que se trata de un diálogo interior. Mientras el catecismo pregunta: "¿Eres cristiano?", yo digo: "Soy yo individualista?" Pero este procedimiento no se podría continuar sin inconvenientes. Una vez señalada mi intención, recuerdo que el soliloquio emplea frecuentemente la segunda persona.



* * *

Se encontrarán mezcladas en este librito verdades evidentes, pero cuya certidumbre no se puede descubrir sino en uno mismo, y opiniones que son probables. Hay problemas que admiten varias soluciones. Otros (aparte de la solución heroica que solamente se puede aconsejar cuando todo lo demás es crimen) no tienen solución completamente satisfactoria y los poco más o menos que yo propongo no son superiores a otros poco más o menos. No insisto. El lector que no supiese emprender la marcha y que, aprobando las verdades, no encontrase probabilidades análogas a mis probabilidades y con frecuencia más armoniosas consigo mismo, sería indigno de llamarse individualista.



* * *

Por falta de desarrollo o por otras razones, dejaré frecuentemente insatisfecho aun al espíritu más fraternal. No puedo menos de recomendar a los hombres de buena voluntad la asidua lectura del Manual de Epicteto: en él, mejor que en cualquier otro tratado, se encuentran las respuestas a nuestras inquietudes y a nuestras dudas, y el que es verdaderamente valeroso encontrará en esas páginas inspiración y valor.



* * *

A Epicteto, y a otros igualmente, debo algunas fórmulas, sin creer por eso necesario indicar siempre mis deudas. En un trabajo de esta naturaleza son las cosas en sí las que tienen importancia y no su origen. Muchos frutos se comen sin preguntar al jardinero el nombre del río o del arroyo que fecunda su jardín.



* * *



Yo llamo individualista al que con mayor frecuencia se aparta del rebaño. Poco importa, cuando se trata solamente de este nombre general y vago, que el desvío sea a la derecha o a la izquierda. Saludo como individualista a cualquiera que en una época religiosa se muestra impío, en un ambiente ortodoxo se manifiesta herético, en un periodo de civismo sabe reír de la ciudad o maldecir los crímenes de la patria.


Han Ryner



CAPITULO I



DEL INDIVIDUALISMO Y DE ALGUNOS INDIVIDUALISTAS



¿Soy individualista?

Lo soy.

¿Qué entiendo por individualismo?

Entiendo por individualismo la doctrina moral que, no apoyándose en dogma alguno, en ninguna tradición, en ninguna voluntad exterior, no se dirige más que a la conciencia individual.

La palabra individualismo ¿No ha designado nunca más que esta doctrina?

Se ha dado a menudo el nombre de individualismo a apariencias de doctrinas destinadas a cubrir con una máscara filosófica el egoísmo conquistador y agresivo.

Citad un egoísta cobarde a quien se llama algunas veces individualista.

Montaigne

¿Conocéis egoístas conquistadores y agresivos que se proclaman individualistas?

Todos los que extienden las relaciones de los hombres entre sí la ley brutal del combate por la vida.

Citad algunos.

Stendhal, Nietzsche. (1)

Nombrad algunos verdaderos individualistas.

Sócrates, Epicuro, Jesús, Epicteto.

¿ Por qué amáis a Sócrates?

El no enseñaba una verdad exterior a los que le escuchaban, sino que les inducía a encontrar la verdad en sí mismos.





¿Cómo murió Sócrates?

Murió condenado por las leyes y por los jueces, asesinado por la ciudad, mártir del individualismo.

¿De qué se le acusaba?

De no honrar a los dioses que la ciudad honraba y de corromper a la juventud.

¿Qué significaba este segundo cargo?

que Sócrates profesaba Significaba opiniones desagradables al poder.

¿Por qué amáis a Epicuro?

Bajo su elegancia despreocupada, fue un héroe.

Citad una palabra ingeniosa de Séneca sobre Epicuro.

Séneca llama a Epicuro "un héroe disfrazado de mujer".

¿Qué bien hizo Epicuro?

Libró a sus discípulos del temor de los dioses o de Dios, que es el comienzo de la locura.

¿Cuál fue la gran virtud de Epicuro?

La templanza. Distinguía entre las necesidades naturales y las imaginarias. Mostraba que es preciso muy poco para satisfacer al hambre y la sed, para defenderse del calor y del frío. Y se libertaba de todas las demás necesidades, es decir, de casi todos los deseos y de casi todos los temores que esclavizan a los hombres.

¿Cómo murió Epicuro?

Murió de una larga y penosa enfermedad, vanagloriándose de una dicha perfecta.



¿Conócese generalmente al verdadero Epicuro?

No. Algunos discípulos infieles han cubierto sus vicios con su doctrina, como se oculta una úlcera bajo un manto robado.

¿Epicuro es culpable de lo que falsos discípulos le han hecho decir?

Jamás se puede ser culpable de la necedad o de la perfidia de otro.
¿La deformación de la doctrina de Epicuro es un fenómeno excepcional?

Toda palabra de verdad, si es escuchada por muchos hombres, se ve transformada en mentira por los superficiales, por los hábiles y por los charlatanes.

¿Por qué amáis a Jesús?

Vivió libre y errante, extraño a todo lazo social. Fue el enemigo de los sacerdotes, de los cultos exteriores y, en general de todas las organizaciones.

¿Cómo murió?

Perseguido por el sacerdocio, abandonado de la autoridad judicial, murió crucificado por los soldados. Es, con Sócrates, la más célebre víctima de la religión, el más ilustre mártir del individualismo.

¿Conócese generalmente al verdadero Jesús?

No. Los sacerdotes han crucificado su doctrina como su cuerpo. Han transformado en veneno el néctar vivificante. Sobre las palabras desfiguradas del enemigo de las organizaciones y de los cultos exteriores, han fundado la más organizada y la más pomposamente vacía de las religiones.

¿Es culpable Jesús de lo que los discípulos y los sacerdotes han hecho de su doctrina?

Jamás se es culpable de la necedad o de la perfidia de otro.

¿Por qué amáis a Epicteto?

El estoico Epicteto soportó valerosamente la pobreza y la esclavitud. Fue perfectamente feliz en las más penibles situaciones para los hombres ordinarios.

¿Cómo conocemos la doctrina de Epicteto?

Su discípulo Arriano (Flavio) recogió algunas de sus palabras en un librito titulado "Manual de Epicteto".

¿Qué pensáis del manual de Epicteto?

Su nobleza precisa y sin desfallecimiento, su simplicidad exenta de todo charlatanismo me lo hacen mucho más precioso que los Evangelios. El "Manual de Epicteto" es el más bello y emancipador de todos los libros.

¿No hay en la historia otros individualistas célebres?

Hay otros. Pero los citados son los más puros y los más comprensibles.

¿Por qué no nombráis a los cínicos Antístenes y Diógenes?

Porque la doctrina cínica es una preparación a la doctrina estoica.

¿Por qué no nombráis a Zenón de Citio, el fundador del estoicismo?

Su vida fue admirable y, según los testimonios de la antigüedad no dejó de parecerse a su filosofía. Pero hoy es menos conocido que los ya citados.

¿Por qué no nombráis al estoico Marco Aurelio?

Porque fue emperador.

¿Por qué no nombráis a Descartes?

Descartes fue un individualista intelectual. No fue con precisión un individualista moral. Su verdadera moral parece haber sido estoica. Pero no osó hacerla pública. Hizo conocer solamente una "moral provisoria", en la cual se recomienda obedecer a las leyes y a las costumbres de su país, lo que es contrario al individualismo. Parece, además, haber faltado de valor filosófico en otras circunstancias.





¿Por qué no nombráis a Spinoza?

La vida de Spinoza fue admirable. Vivía sobriamente con algunos cereales y leche. Rehusó las carnes que le ofrecían y ganó siempre su alimento con su trabajo manual. Su doctrina moral es un misticismo estoico. Pero, demasiado exclusivamente intelectual,

Profesó una extraña política absolutista y no reservó contra el poder más que la libertad de pensar. Su nombre hace idear

Más que la libertad de pensar. Su nombre hace idear una gran potencia metafísica, más que una gran belleza moral.





CAPITULO II



PREPARACIÓN AL INDIVIDUALISMO PRACTICO



¿Basta con proclamarse individualista?

No. Una religión puede contentarse con la adhesión verbal y con algunos ademanes de adoración. Una filosofía práctica, que en modo alguno es practicada, no tiene valor.

¿Por qué las religiones pueden ser más indulgentes que las doctrinas morales?

Los dioses de las religiones son monarcas poderosos. Salvan a los fieles por gracias y por milagros. Conceden la salvación a cambio de la ley, de ciertas palabras rituales y de algunas actitudes convenidas. Hasta pueden registrar los modales que hago y las palabras que puedo pronunciar a gentes mercenarias.

¿Qué debo hacer para merecer realmente el nombre de individualista?

Debo poner todos mis actos de acuerdo con mi pensamiento.

¿No es penoso conseguir este acuerdo?

Es menos penoso de lo que parece.

¿Por qué?

El individualista que empieza a serlo está retenido por los falsos bienes y las malas costumbres. No se liberta sin algún dolor. Pero el desacuerdo entre sus actos y su pensamiento le es más doloroso que todos los renunciamientos. Sufre por ello como el músico sufre por una falta de armonía. El músico no quisiera nunca pasar su vida en medio de ruidos discordantes. Lo mismo mi armonía es para mí el mayor de los dolores.

¿Cómo se llama el esfuerzo para poner la propia vida de acuerdo con el propio pensamiento?

Se llama virtud.

¿Obtiene recompensa la virtud?

La virtud es la recompensa de sí misma.

¿Qué significan estas palabras?

Que si pienso en una recompensa, no soy virtuoso. La virtud tiene por primer carácter el desinterés. Que la virtud desinteresada crea la felicidad.

¿Qué es la felicidad?

La felicidad es un estado espiritual que se siente perfectamente libre de todas las servidumbres extrañas y en perfecto acuerdo consigo mismo.

¿No hay, pues, felicidad, más que cuando no se necesita hacer esfuerzos y la dicha sucede a la virtud?

El sabio tiene siempre necesidad de esfuerzo y de virtud. Siempre es atacado por lo exterior. Pero la dicha no existe, en realidad, más que en el alma donde ya no existe la lucha interior.

¿Se es desdichado en la consecución de la sabiduría?

No. Cada victoria, en espera de la felicidad, produce alegría.

¿Qué es la alegría?

La alegría es el sentimiento del trance de una perfección menor a otra mayor. Es el sentimiento que se adelanta hacia la dicha.

Distinguid con una comparación la alegría de la dicha.

Un ser pacífico, forzado a combatir, consigue una victoria que lo acerca a la paz: experimenta alegría. Llega, por fin, a una paz que nada podrá turbar: está en la felicidad.

¿Es preciso obtener la dicha y la perfección desde el primer día en que se comprenden?

Es raro que pueda intentarse sin imprudencia la perfección inmediata.

¿ Qué peligro corren los impacientes?

El peligro de retroceder y de acobardarse.

¿Cómo conviene prepararse para la perfección?

Es bueno ir hacia Epicteto pasando por Epicuro.

¿ Qué queréis decir?

Hay que colocarse primero desde el punto de vista de Epicuro y distinguir las necesidades naturales de las necesidades imaginarias. Cuando seamos capaces de despreciar prácticamente todo lo que no es necesario a la vida; cuando despreciemos el lujo y la falsa comodidad; cuando saboreemos la voluptuosidad física procedente de los alimentos y bebidas simples; cuando nuestro cuerpo sepa tan bien como nuestra alma de la bondad del pan y del agua, podremos avanzar más.

¿ Qué paso quedará por hacer?

El más difícil: sentir que, aún privados de pan y agua, que en la más dolorosa enfermedad y la más desprovista de recursos, que hasta muriendo en los suplicios y en medio de las injurias de todos, seríamos felices.

¿ Esta alta sabiduría es accesible a todos?

Lo es para todo hombre de buena voluntad que siente una inclinación natural hacia el individualismo.

¿Cuál es el camino intelectual que conduce a esta cima?

Es la doctrina estoica de los verdaderos bienes y de los verdaderos males.

¿ Cómo se llama aún esta doctrina?

Se llama la doctrina de las cosas que dependen de nosotros y de las cosas que no dependen de nosotros.

¿Qué cosas dependen de nosotros?

Nuestras opiniones, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones, en una palabra, todas nuestras acciones interiores.

¿ Cuáles son las que no dependen de nosotros?

El cuerpo, las riquezas, la reputación, las dignidades, en una palabra, todas las cosas que no pertenecen a nuestras acciones interiores.

¿Cuáles son los caracteres de las cosas que dependen de nosotros?

Son libres por naturaleza; nada puede detenerlas ni obstaculizarlas.

¿Cuáles son los caracteres de las cosas que no dependen de nosotros?

Son débiles, esclavas, sujetas a muchos obstáculos e inconvenientes, y por completo extrañas al hombre.

¿ Cuál es el otro nombre de las cosas que no dependen de nosotros?

Las cosas que no dependen de nosotros se llaman también las cosas indiferentes.

¿ Por qué?

Porque ninguna de ellas constituye un verdadero bien o un verdadero mal.

¿Qué sucede al que toma las cosas indiferentes por bienes o por males?

Encuentra por doquiera obstáculos; vive afligido, conturbado; se lamenta de las cosas y de los hombres.

¿ No experimenta entonces un mal mayor?

Es esclavo del deseo y del temor.

¿Cuál es el estado del que sabe prácticamente que las cosas que no dependen de nosotros son indiferentes?



Es libre. Nadie puede forzarle a hacer lo que no quiere o impedirle hacer lo que quiere. No tiene que quejarse de nada ni de nadie.

La enfermedad, la prisión, la pobreza, por ejemplo, ¿No disminuyen mi libertad?

Las cosas exteriores pueden disminuir la libertad de mi cuerpo y mis movimientos. No son impedimentos de mi voluntad, si no albergo la locura de querer aquello que no depende de mí.

¿ La doctrina de Epicuro no basta en la vida corriente?

La doctrina de Epicuro basta si poseo las cosas necesarias a la vida y a la salud. Ella me hace ante la alegría, igual a los animales, que no se forjan inquietudes ni males imaginarios. Pero, en la enfermedad o en el hambre, ella no basta.

¿ Es suficiente en las relaciones sociales?

En las relaciones sociales corrientes puede bastar. Ella me liberta de todos los tiranos, que no tienen poder más que sobre lo que me es superfluo.

¿ Hay circunstancias sociales en que ella no es suficiente?

Sí, cuando el tirano puede privarme de pan o cuando puede matarme o herirme.

¿ A quién llamáis tirano?

Llamo tirano a cualquiera que, accionando sobre las cosas indiferentes, como mis riquezas o mi cuerpo, pretende influir sobre mi voluntad. Llamo tirano a cualquiera que intenta modificar mi estado de alma por otros medios que no sean la persuasión razonable.

¿ No hay individualistas a los que el epicurismo bastaría?

Cualquiera que sea mi presente, ignoro el futuro. Ignoro si el gran ataque, en que el epicurismo no basta ya, no me acecha en alguna encrucijada de la vida. Debo, pues, desde que haya alcanzado la sabiduría epicúrea, trabajar siempre por fortificarme más, hasta alcanzar la invulnerabilidad estoica.

¿ Cómo viviré en la calma?

En la calma podré vivir dulce y sobriamente como Epicuro, pero con el espíritu de Epicteto.

¿ Es útil para la perfección proponerse un modelo como Sócrates, Jesús o Epicteto?

Es método es malo.

¿ Por qué?

Porque debo realizar mi armonía, no la de otro.

¿ Cuántas clases de deberes hay?

Hay dos clases de deberes: los deberes universales y los deberes personales.

¿ Qué entendéis por deberes universales?

Llamo deberes universales a los que se imponen a todo hombre sabio?

¿ A qué llamáis deberes personales?

Llamo deberes personales a los que se imponen particularmente a mí.

¿ Existen deberes personales?

Existen. Yo soy un particular, que se encuentra en situaciones particulares. Tengo cierto grado de fuerza física, de fuerza intelectual, y poseo más o menos riquezas. Tengo un pasado que continuar. Tengo que luchar contra un destino hostil o colaborar con un destino amigo.



Distinguid sencillamente los deberes personales de los universales.

Salvo excepción, los deberes universales son deberes de abstención. Casi todos los deberes de acción son deberes personales. Aún en las raras circunstancias en que la acción se impone a todos, el detalle de la acción llevará el signo particular, será como la firma del artista moral.

¿ Puede el deber personal contradecir el deber universal?

No. Es como la flor que no puede crecer sino sobre la planta.

¿Son mis deberes personales los de Sócrates, Jesús o Epicteto?

No se les parecen en nada, si no hago una vida apostólica.

¿ Quién me enseñará mis deberes personales y mis deberes universales?

Mi conciencia.

¿ Cómo me enseñará ella mis deberes universales?

Diciéndome lo que esperaría de todo hombre sabio.

¿ Cómo me enseñará ella mis deberes personales?

Diciéndome lo que debo exigir de mí mismo.

¿ Hay deberes difíciles?

No hay deber difícil para el sabio.

Antes que haya alcanzado la sabiduría, los pensamientos de Sócrates, de Jesús, de Epicteto, ¿ No me serán útiles en las dificultades?

Podrán serme útiles. Pero no me representaré nunca a estos grandes individualistas como modelos.

¿ Cómo me los representaré?

Como testigos, y desearé que no reprochen mi modo de actuar.

¿ Hay faltas graves y faltas leves?

Toda falta reconocida como tal, antes de ser cometida es grave.

Teóricamente, para juzgar mi situación o la de otro en la vía de la sabiduría, ¿No puedo distinguir entre faltas graves y faltas leves?

Sí, puedo.

¿ Qué entenderé por falta leve?

Entenderé por tal aquella que Epicteto reprocharía y Epicuro no.

¿ A cual llamaría falta grave?

Aquella que reprocharía hasta la misma indulgencia de Epicuro.









CAPITULO III





DE LAS RELACIONES DE LOS INDIVIDUOS ENTRE SI





Decid la fórmula de los deberes hacia otro.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo y a tu Dios sobre todas las cosas.

¿ Quién es mi prójimo?

Los demás hombres.

¿ Por qué llamáis a los demás hombres vuestro prójimo?

Porque, dotados de razón y voluntad, están más próximos de mí que los animales.

¿ Qué tienen de común conmigo los animales?

La vida, la sensibilidad, la inteligencia.





Estos caracteres comunes me crean deberes hacia los animales?

Ellos me crean el deber de no hacer sufrir a los animales, o por lo menos de evitarles sufrimientos inútiles y de no matarlos sin necesidad.

¿ Qué derecho me da la ausencia de razón y de voluntad en los animales?

No siendo personas los animales, tengo el derecho de hacerme servir por ellos en la medida de sus fuerzas, y transformarlos en instrumentos.

¿ Tengo el mismo derecho sobre ciertos hombres?

Jamás tengo el derecho de considerar a una persona como un medio. Cada persona es un fin. No puedo pedir a las personas más que servicios, que me acuerden libremente, por benevolencia o a cambio de otros servicios.

¿ No hay razas inferiores?

No las hay. El individuo noble puede florecer en todas las razas.

¿ No hay individuos inferiores, incapaces de razón y voluntad?

Excepto el loco, todo hombre es capaz de razón y de voluntad. Pero muchos no escuchan más que sus pasiones y no tienen más que caprichos. Entre ellos se encuentran los que tienen la pretensión de mandar.

¿ No puedo hacer instrumentos de estos individuos incompletos?

No. Debo considerarlos como niños retardados en su desarrollo, pero en los que el hombre se despertará, acaso, un día.

¿ Qué pensaré de las órdenes de los que tienen la pretensión de mandar?

Una orden no puede ser más que un capricho de niño o una fantasía de loco.

¿ Cómo debo amar a mi prójimo?

Como a mí mismo.

¿Qué significan estas palabras?

Del mismo modo que yo debo amarme.

¿ Quién me enseñará cómo debo amarme?

La segunda parte de la fórmula me enseña como debo amarme.

Repetid esta segunda parte.

Amarás a tu Dios sobre todas las cosas.

¿Qué es Dios?

La palabra Dios tiene varios sentidos: tiene un sentido diferente en cada religión o metafísica y tiene un sentido moral.

¿ Cuál es el sentido moral de la palabra Dios?

Dios es el nombre de la perfección moral.

¿ Qué significa en la fórmula de amor, el posesivo "tu":"tú amarás a tu Dios"?

Mi Dios es mi perfección moral.

¿ Qué es lo que debo amar sobre todas las cosas?

Mi razón, mi libertad, mi armonía interior, mi dicha; porque éstos son los demás nombres de mi Dios.

lunes, 6 de julio de 2009

El Único - un manifiesto x The Anomalous Union of Schizoversive Egoists

NOTA DEL HEDONISTA: AKI UNA TRADUCCION QUE EL HEDONISTA ACABA DE HACER DE UN EXCELENTE TEXTO QUE SALIO EN Anarchy Magazine: A Journal of Desire Armed Y SE PUEDE ENCONTRAR EN INGLES EN http://www.geocities.com/kk_abacus/unique.html

En forma que me extraña, los que buscan ser parte de la especie-hippies en LSD por la unidad o grupos ultra izquierdistas comunistas...Ellos no ven que el ser parte de la especie es capitalista, lo que es decir, del objetivo social...

El Único-aquel que ha ido mas allá de su humanidad sin significado-las banalidades que comparte con cada humano-para crear su propia vida, su propio mundo, por si mismx...

Esto es autenticidad-el crear su propia vida activamente. El Único vive sin culpa, moralidad, excusas, disculpas, humanidad, identidad, pasado, futuro.

El Único no sabe de pesares por cosas no hechas, porque siempre el riesgo es tomado. El no sabe de culpa o vergüenza por lo que es hecho, debido a que el lo hace intencionadamente.

Todas las interacciones son concientemente creadas-con intención-la única razón: para aumentar el placer y la intensidad de la vida.

Para algunxs, El Único aparece como un anarquista, debido a que desafía a la autoridad en todas sus formas cuando esta se pone en su camino.

Para otrxs, aparece como elitista, debido a que rechaza el ponerse abajo debido a la estupidez o la debilidad de otrxs o debido a demandas liberales, moralistas por la igualdad mediocre.

La rebelión de El Único es aristocrática en el sentido nietzschechiano-una rebelión del malgasto, de el tomarse por unx mismx el completo disfrute de la vida en todos sus aspectos-incluyendo el disfrute de otrxs.

No es una rebelión del sacrificio, esto debido a que El Único no dará nada por ninguna causa...

Tampoco es una rebelión del resentimiento- El Único nunca demanda que nadie se baje hasta el mas bajo común denominador de la humanidad-¿Quién quiere la “autogestión” comunal, democrática de la miseria y la mediocridad cuando unx puede experimentar la intensidad y la pasión de los amores y odios, las uniones y conflictos de los Únicos creando su deseo?

El Único esta motivado por una “voluntad de poder”-una voluntad de poner en practica el poder de la auto creación perpetua para su propio disfrute. El contexto social parodia esta voluntad con la voluntad de ejercer el poder de la dominación y la manipulación-la voluntad de controlar las vidas de otrxs debido a que unx carece del coraje de crearse una vida propia. El Único sabe que la dominación social no es una forma de auto creación, sino meramente esclavitud a un rol social.

El Único no caerá por ninguna de las medidas a medias ofrecidas por la sociedad: “riqueza” financiera que es solo otra cara de la pobreza, el “poder” político que es solo otra cara de la debilidad; el “amor” romántico y el sentimentalismo que son las caras pálidas de las interacciones sociales pre-hechas...Esto debido a que su codicia por la vida no tiene limites y abarcara el universo.

miércoles, 17 de junio de 2009

Transformación social-o la abolición de la sociedad x Feral Faun


NOTA DEL HEDONISTA: AKI PUES OTRA TRADUKZION DEL FERAL FAUN HECHA POR ESTE HEDONISTA MAGNIFICO PARA KE LES INSPIRE EN SU VIDA. ASI PUES CUANDO NO ESTE FORNICANDO O EN FIESTA O COSAS PARECIDAS ME SEGUIRE DEDICANDO EN TRADUCIR TEXTOS DE ESE FERAL FAUN Y OTRXS GRANDES. ALGUNA VES QUISIERA TRADUCIR AL GRAN RENZO NOVATORE QUE ES CITADO AL FINAL DE ESTE ARTICULO.

“Sociedad...1. un grupo de personas que tienen las mismas costumbres, creencias, etc, o viven bajo un gobierno común y que son vistas como formando una sola comunidad...3. todas las gente, cuando vista como conformando una comunidad en la cual cada persona es parcialmente dependiente en el resto” Webster's New World Dictionary

Nada que “sepamos” puede ser asumido como verdad-nada de nuestras concepciones del mundo son sagradas y haríamos bien en cuestionarlas a todas. Muchos anarquistas hablan sobre el crear una sociedad “nueva” o “libre”. Pero pocos cuestionan la idea de la sociedad en si misma. La concepción de la sociedad es amorfa-y así mas difícil de tratar con aspectos particulares de esta como el gobierno, la religión, el capitalismo o la tecnología. Esta tan inculcado en nosotrxs que cuestionarla se siente como cuestionar nuestra naturaleza misma-lo cual hace mas necesario hacer esto. El liberarnos a nosotrxs mismxs de las armaduras de carácter que reprimen nuestros deseos y pasiones puede demandar, no solamente la transformación de la sociedad, pero su abolición. Las definiciones de diccionario arriba muestran a la sociedad como una sola entidad hecha de individuxs que están en una condición de (al menos potencialmente) dependencia sobre los otrxs-lo cual es decir, que nos son completas en si mismos. Yo veo a la sociedad como un sistema de relaciones entre seres que están actuando (o siendo tratados) como roles sociales en tanto reproducir al sistema y a si mismos como individuos sociales.

La dependencia de los individuos sociales no es la misma que la dependencia biológica de los infantes. La dependencia biológica termina cuando el infante logra una movilidad adecuada y coordinación entre la mano y los ojos (en alrededor de 5 años). Pero en esos cinco años, las relaciones sociales de la familia reprimen a los deseos de los niños, provocan el miedo del mundo en ellos y así sumergen el potencial de una individualidad llena, libre y creativa bajo las capas de armadura que es el individuo social. Bajo la dependencia psíquica que nos hace ligarnos desesperadamente lxs unxs a lxs otrxs mientras nos despreciamos mutuamente. Todas las relaciones sociales tienen su base en la incompletitud producida por la represión de nuestras pasiones y deseos. Su base es nuestra necesidad entre nosotrxs, no nuestro deseo por lxs otros. Estamos usándonos entre nosotrxs. Así toda relación social es una relación de empleador / empleado, que explica el porque estas se ven siempre, hasta cierto punto u otro, como convirtiéndose en una de adversarixs-ya sea a través de denigraciones bromistas, disputas o claras peleas. ¿Cómo puede ser que no terminemos detestando a aquellos que usamos y odiemos a aquellos que nos usan?

La sociedad no puede existir sin roles sociales-esto explica porque la familia y la educación en alguna forma son partes esenciales de la sociedad. El individuo social no pone en practica solo un rol social-sino mezcla justos muchos roles que crean la armadura de carácter que se la confunde con la “individualidad”.

Los roles sociales son formas en las cuales los individuxs son definidos por todo el sistema de relaciones que es la sociedad en tanto reproducir a esta. Estas hacen a individuos útiles a la sociedad por medio de hacerlos predecibles, por medio de definir sus actividades en términos de necesidades de la sociedad. Los roles sociales son trabajo-en el sentido amplio de actividad que reproduce el ciclo de producción / consumo. La sociedad es en tanto la domesticación de los seres sociales-la transformación de seres potencialmente creativos, lúdicos, salvajes que pueden relacionarse libremente en términos de sus deseos en seres deformados usándose los unos a los otros para tratar de lograr necesidades desesperadas, pero que lo logran solo por medio de reproducir la necesidad y el sistema de relaciones basadas sobre esta.

“Una varicela en todo cautiverio, aunque sea en el interés de el bien universal, aunque en el Jardín de Montezuma de piedras preciosas” Andre Breton

Individuxs de espíritu libre no tienen interés en relacionarse seriamente como roles sociales. Predeciblemente, relaciones predeterminadas nos aburren y no tenemos deseo alguno en continuarlas para reproducirlas. Es verdad que ellas ofrecen alguna seguridad, estabilidad y familiaridad...pero a que precio! En ves, queremos libertad de relacionarnos en términos de nuestros deseos sin reprimir, la apertura de todas las posibilidades, el fuego impecable de nuestras pasiones sin limites. Y este tipo de vida se encuentra fuera de cualquier sistema de relaciones predecibles y predeterminadas.

La sociedad ofrece seguridad, pero lo hace por medio de erradicar el riesgo que es esencial al juego libre y la aventura. Nos ofrece sobre vivencia-a cambio de nuestras vidas. Esto debido a que la sobrevivencia que nos ofrece es sobrevivencia como individuos sociales-como seres que son compuestos de roles sociales, alienados de sus pasiones y deseos-envueltos en relaciones sociales a las que son adictos, pero las que nunca satisfacen.

Un mundo de relacionamiento libre entre individuos no reprimidos seria un mundo libre de la sociedad. Todas las interacciones serian determinadas inmediatamente. Todas por los individuos envueltos, en términos de sus deseos-no por las necesidades de un sistema social. Tendremos a asombrarnos, deleitarnos, enfurecernos lxs unxs a lxs otrxs, a evocar pasión real en ves de mero aburrimiento, complacencia, aversión, o seguridad. Cada encuentro tendría un potencial para la aventura que no puede existir plenamente en donde la mayoría del relacionamiento es en la forma de relaciones sociales. Así en ves de mantenerse cautivos en este “jardín de piedras preciosas” llamado sociedad, yo escojo el luchar para abolir la sociedad-y eso tiene algunas implicaciones en tanto como yo comprendo la revolución (por falta de un mejor termino).

La lucha para transformar la sociedad es siempre una lucha por poder, debido a que su objetivo es el obtener control sobre el sistema de relaciones que es la sociedad (un objetivo que yo veo como no realista en tanto este sistema esta ahora en su mayoría mas allá del control de cualquiera). En tanto, no puede ser una lucha individual. Requiere actividad de masa o de clase. Los individuos tienen que autodefinirse como seres sociales en esta lucha, suprimiendo cualquier deseo individual que no entra en el “gran” objetivo de la transformación social.

La lucha para abolir la sociedad es una para abolir el poder. Es esencialmente la lucha de individuxs para vivir libres de roles sociales y reglas, para vivir sus deseos apasionadamente, para vivir todas las cosas mas maravillosas que ellxs puedan imaginar. Los proyectos y las luchas grupales son parte de esto, pero estas salen de las formas en las cuales los deseos de lxs individuxs pueden potenciar la de los otrxs, y pueden disolverlos cuando comienzan a sofocar a lxs individuxs. El camino de esta lucha no puede ser mapeado debido a que su base es la confrontación entre los deseos de lxs individuxs de espíritu libre y las demandas de las sociedad. Pero los análisis de las formas en las cuales la sociedad nos moldea y de las fallas y éxitos de las rebeliones pasadas son posibles.

Las tacticas usadas contra la sociedad son tantas como los individuos envueltos, pero todas comparten el objetivo de erosionar el control y el condicionamiento social y el liberar los deseos y pasiones de los individuos. La impredicibilidad del humor y lo lúdico es esencial, evocando un caos Dionisiaco. El jugar con roles sociales en formas que erosionan su utilidad para la sociedad, que los ponen cabeza arriba, haciendo juguetes de estos es una practica que vale la pena. Pero en forma mas importante, confrontemos a la sociedad con nosotrxs, con nuestrxs deseos y pasiones unicxs, con la perspectiva que no vamos a dejarlos, o centrar nuestras actividades alrededor de ella, sino que vamos a vivir bajo nuestros propios términos.

La sociedad no es una fuerza neutral. Las relaciones sociales solo existen por medio de la supresión de las pasiones y los deseos de lxs individuos, por medio de la represión de todo lo que hace el relacionamiento libre posible. La sociedad es domesticación, la transformación de los individuos en valores de uso y del libre juego en trabajo. El libre relacionamiento entre lxs individuxs que se rehúsan y resisten su domesticación erosiona a toda la sociedad, y abre todas las posibilidades. Y a aquellxs que sienten que pueden lograr la libertad por medio de una mera revolución social, prestemos estas palabras de Renzo Novatore:

“¿Estas esperando la revolución? Que así sea! La mía comenzó hace mucho tiempo! Cuando estés listo...no me importara ir junto a ti por un tiempo. Pero cuento tu pares, yo continuare en mi forma loca y triunfal hacia la sublime gran conquista de la nada!”

Después de Marx, autonomía. x A.M.Bonanno

El camino que el proletariado tiene en frente está bloqueado: partidos reformistas, sindicatos y patrones se han coaligado para obstruir cualquier crecimiento en el nivel de lucha, o cualquier conquista que pudiese llevar a una transformación revolucionaria de las relaciones de producción. El proletariado tiene sólo una alternativa: la de construir el comunismo directamente, pasando por encima de las estructuras burocráticas contrarrevolucionarias. Para hacer esto nosotros debemos proporcionar análisis de, y realizar en la práctica, los elementos organizados por la base al nivel de la producción: los núcleos obreros autónomos.

Estos núcleos no deben, en nuestra opinión, ser confundidos con la compañía, la fábrica, etc., sino que su concepto debe ampliarse hasta una visión global de la fábrica, el área de residencia, la escuela y la tierra.

Dentro de esta globalidad, la idea de la autonomía debe ser reinterpretada por la clase obrera y vinculada a la autonomía de cada individuo, elemento de referencia y corrección constantes de cualquier tendencia a construir la anterior a costa de la última. Aquí, la acción de una minoría que ha adquirido una conciencia revolucionaria tiene su lugar: para señalar los peligros de burocratización siempre presentes, cualquier involución hacia el control de la lucha por una minoría, ciertas tendencias corporativas intrínsecas al movimiento obrero y todas las demás limitaciones que siglos de opresión han desarrollado. Su tarea, muy delicada, es, por consiguiente, la de fundir juntas la lucha y la organización, uniéndolas en la praxis diaria. Esto requiere de claridad analítica, para que la segunda se mantenga dentro de los límites de utilidad de la primera, y para impedir que su esencia autónoma sea destruida por el aspecto organizativo, dejándole sólo el nombre.

Tampoco es despreciable, por último, el trabajo de la minoría activa concerniente al problema de conseguir información, elemento esencial para la emancipación de las masas trabajadoras y para su control sobre los elementos necesarios para su liberación: la demolición de todos los poderes constituidos y la gestión comunitaria de los medios de producción.

Si una vez se pudo confundir la posibilidad de la revolución con la simple expropiación de los medios de producción (sobre lo cual descansa hoy la ambigüedad marxista), nosotros sabemos ahora con certeza que los burgueses mismos están dispuestos a transformar sus títulos de propiedad de tal modo que la explotación pueda continuar bajo otra guisa. El pasaje "suave" al socialismo de Estado es la perspectiva más ampliamente difundida entre los círculos "progresivos" de la burguesía.

Contra tal perspectiva la clase obrera debe construir los medios necesarios para la lucha y para la reapropiación de una perspectiva revolucionaria.


LA AUTONOMÍA DE LA CLASE OBRERA

La individuación analítica de la "clase" obrera es un problema complejo. Normalmente, a los camaradas les gusta referirse incluso al más sofisticado de los análisis marxistas, saliendo al paso de toda posible glorificación, afirmando que ellos intentan limitar el "uso de Marx" a lo estrictamente indispensable (usualmente identificado con el análisis económico) para la construcción de la verdadera perspectiva libertaria de la autonomía obrera y de su lucha.

Francamente, yo nunca he podido hacer tanto. Quizás por razones derivadas de mi profunda aversión a la metafísica, y quizás, dado el carácter de mis estudios, he aprendido a descubrir el olor a metafísica desde mucha distancia. Y una gran parte de los análisis marxistas, incluso en economía y metodología histórica, apestan a metafísica. Esto es por lo que, en la medida de lo posible, quiero evitar hacer lo mismo.

Como los grandes padres fundadores han admitido, los temas del problema de la clase no son su "invención". Ellos, y Marx en particular, se limitaron a relacionar la existencia de clases a ciertas fases históricas precisas en el desarrollo de la producción, de lo cual, con un salto lógico considerable, dedujeron la conclusión de la ineluctabilidad de la dictadura del proletariado y la consecuente mitología de una transición a la sociedad sin clases.

He oído a menudo exaltar el "realismo" de Marx, identificándolo con su rechazo a lamentarse de la "inmoralidad" de la sociedad, y con su análisis de la explotación y el capítulo de accidentes de la lucha de clases como un proceso necesario conduciente a la liberación de la sociedad, por consiguiente un proceso saludable y evolutivo. Nosotros no vemos nada de "científico" en todo eso. Marx no podía seguir a sus predecesores, como Saint-Simon, Fourier, Owen y Sismondi por dos buenas razones: él creyó en la revolución (a su propia manera) y había estudiado a Hegel (a quien nunca digirió, a pesar de todas sus críticas juveniles). De este modo se las arregló para fundir en su cerebro "sistemático" el realismo del propagandista y del periodista político con el optimismo del metafísico que identifica lo racional con lo real.

Lo que nos desconcierta más es que, frecuentemente, los camaradas anarquistas no comprenden que están subscribiendo completamente un programa que tiene sus raíces en el misticismo protestante alemán de la edad media (ver a Hegel y sus deudores), una edad media filosófica que todavía hoy insiste en una pretendida diferencia entre la "clase en sí" y la "clase para sí". El pasaje es el despertar de la conciencia; el punto de partida la situación objetiva obtenida por la distribución de la propiedad privada. A veces el despertar de la conciencia se hace coincidir con la organización de clase.

Aparte de la premisa metafísica, el único hecho concreto aquí es la historia. Por primera vez, con la gran claridad y explicación analítica, Marx se las ingenia para liberar el razonamiento del hombre de toda idealización religiosa, biológica o evolucionista. Lo que queda es el hombre en la historia: ninguna pequeña proeza --seriamente desgastada, sin embargo-- de la pretensión "racionalizadora" de encerrarle dentro de la atmósfera "romanesca" de la fenomenología del espíritu (aunque vuelta del revés). De este modo, la justificación de la historia del hombre emerge del proceso dialéctico puesto dentro de una estructura fija. La historia se racionaliza a través de un proceso metafísico, del mismo modo en que ha sido hecho por otros historiadores con justamente la misma necesidad de un "punto de partida", utilizando el dominio de la religión o la evolución de las especies. Una vez la historia es "racionalizada" la razón histórica deja de ser una "razón absoluta" (como lo era, por ejemplo, para los teóricos de la vieja democracia) y se convierte en "razón dialéctica". La racionalidad se convierte en una nueva envoltura para un viejo paquete, permitiéndole ser vendido como nuevos bienes. Pero viejos o nuevos estos bienes son siempre un producto de "Metafísica & Cía.", proveedora de todas las "Casas Reales" del mundo.

Ciertamente, la vieja "razón absoluta" había perdido el favor. Reinterpretar el mundo con su medida habría sido una operación muy difícil y fácilmente desacreditable, como lo fueron los intentos de los materialistas ingenuos de la primera mitad del siglo XIX, románticos enamorados de la materia y sus "sensaciones" metafísicas, incapaces de arrancar las visicitudes del Hombre de su periodicidad absoluta: explotación/rebelión, y de nuevo explotación, y otra vez rebelión. Por un lado la obtusidad de la historia, por el otro la obtusidad de sus interpretadores. Esta bendita senda del espíritu no quería moverse en una dirección progresiva: la explotación continuó creciendo de nuevo después de la revuelta, la sangre de los obreros bañó las calles con una constancia que, a algunos con sentido de humor, dio la idea de predecir los ciclos revolucionarios. No obstante, a pesar de tal pobreza de medios y de la contaminación en las pocas ideas básicas, Marx se las arregló igualmente para ir más allá de la producción inútil de su tiempo, uniendo optimismo y realismo en una reconstrucción notable, incluso aunque carente en muchos aspectos y requiriente de algunos cambios fundamentales. Una de las partes más deficientes es precisamente la concerniente al problema de la "clase". No es una coincidencia que el manuscrito inacabado de El Capital finalice precisamente aquí.

Para nosotros los anarquistas el problema debería estar bastante claro. Cualquier razonamiento del tipo de "la cosa en sí" no debería interesarnos. Qué diablos pueda ser la "clase en sí" no nos parece un problema importante, de hecho no nos parece en absoluto un problema. Cómo esta "clase en sí" podría convertirse en "clase para sí" nos parece una broma de mal gusto. Permítasenos dejar tales "bromas tipográficas" a los profesores de filosofía y razonemos de forma más simple, preservando los hechos. Nosotros no sabemos, ni queremos saber, si existe una clase en sí misma. Lo que nos interesa es saber que existe una estructura de poder. Este hecho macroscópico, que atraviesa toda la historia, no puede negarse. De este modo, puede decirse que la historia está marcada por el poder y las diversas transformaciones que ha sufrido para persistir como tal. Pero tal razonamiento comenzaría a oler a metafísica en cuanto nos condujese a la cuestión: ¿es el poder el que determina la historia, o es algo en la historia lo que determina el poder de una forma u otra? Permítasenos dejar tal razonamiento a un lado. La historia está marcada por muchos acontecimientos, que son más o menos constantes a lo largo de su desarrollo: el Estado, la religión, la producción, el sexo, las luchas de los explotados. De hecho, sería imposible construir un desarrollo histórico partiendo de cualquiera de esos elementos, dándonos por tanto una historia basada en el Estado, la religión, la producción, el sexo, las luchas de los explotados, etc..

Y que no se entienda que creemos posible una historia militar, una historia de la religión, una historia económica, una historia sexual, y una historia de las luchas de los explotados. Sabemos, como cualquier otro, que la historia es una unidad indisoluble. Sólo estamos diciendo que, en razón del argumento, sería posible distinguir los elementos arriba mencionados.

Eso demuestra, o al menos nos lo parece, que siempre es posible construir un modelo exterior, tanto si es dialéctico (el modelo metafísico), idealista (el modelo religioso), materialista (el modelo económico), o descriptivo (el modelo empírico): pero eso también demuestra que tal trabajo sería bastante inútil.

Para los anarquistas, la historia es todos estos elementos juntos, y muchas otras cosas más. También podemos incluir los aspectos irracionales y metafísicos: ellos también son historia, y aunque de vez en cuando deban aislarse y condenarse, no por esto pueden ser eliminados. Si obrásemos de otro modo caeríamos en dos alternativas insolubles, como aquella entre las ideas y la acción, o a la inversa. En la práctica, todo eso no nos importa: podemos dejar tal trabajo a los profesores de filosofía.

Esta exhortación nos pone ante un último obstáculo metafísico: ¿debemos preguntarnos el significado de la realidad? (Ésta no es una cuestión ociosa. Al marxismo se le debe mucho crédito por haber conseguido camuflarla posponiéndola hasta el infinito). La realidad es al mismo tiempo poder, religión, producción, sexo, la lucha, y muchas otras cosas de las que no nos acordamos o que no conocemos. Lo que importa no es interpretarla en su totalidad (lo que sería el modelo metafísico de la "cosa en sí") sino interpretar los elementos importantes, útiles para la construcción de un programa de acción.

Cada intento de análisis debe tener esta finalidad en perspectiva. Permítasenos tomar un ejemplo, partiendo del modelo que toma en consideración la lucha de los explotados, un hecho constantemente recurrente en la historia. La suerte común de estas luchas será ser reabsorbidas por el Estado. Este proceso, que ha costado millones de vidas y un sufrimiento increíble, no ha matado la voluntad de luchar.

Tenemos así dos elementos: la lucha, y la voluntad de lucha. Ahora debemos preguntarnos por qué esta lucha ha tenido constantemente un resultado negativo, y lo que esto tiene de significativo. El primer punto puede explicarse parcialmente por la presencia de una minoría "dirigiendo" esta lucha, una minoría que, si por un lado se pone a la "cabeza" del movimiento de los explotados, por el otro adopta el papel de una "é lite ascendente", eso es, una minoría que intenta tomar el poder ella misma, tomando el lugar de la élite que lo tenía previamente a su cargo. Hay otra razón, más profunda, para el primer punto: la persistente "religiosidad" de las masas explotadas, de aquí su "necesidad" de una "guía", un grupo de personas capaz de materializar su deseo de venganza. Esto nos conduce al segundo punto: ¿qué significación debe dársele al resultado constantemente negativo de esas luchas? La conclusión está ligada al discurso sobre la autonomía del individuo. Solamente la voluntad de libertad, al mismo tiempo el fruto y la razón para la lucha, puede eliminar el sentimiento de religiosidad todavía intrínseco hoy a las luchas de los trabajadores. Este modelo podría explicar el gran diluvio de partidos reformistas y autoritarios, debido a que se convierten, en nuestra opinión, en el símbolo de la venganza. Las masas ven en estas organizaciones la casta sacerdotal y la iglesia que conducirá a su sueño milenario. Por su parte, los burócratas del poder (los sindicatos deben incluirse en este argumento) que se presentan como élites ascendentes tienen todo el interés en explotar este sentimiento, mientras que su misma naturaleza les impide estimular cualquier iniciativa hacia un proceso de liberalización.

Pero la suma de estas luchas en el curso de la historia puede verse como un progreso. Ciertamente, no debemos caer presa de la ilusión progresista, pero, en nuestro análisis, el reconocimiento de un cierto progreso está basado en hechos observables. Por ejemplo, la reducción de las horas de trabajo y la mejora en las condiciones laborales son objetivamente un progreso comparadas con las situaciones anteriores, aunque puedan convertirse en parte de un proceso de recuperación, volviendo la lucha justo tan necesaria como antes. Lo que importa aquí es el hecho evidente de que este proceso transforma el tipo de religiosidad en una situación de explotación. A la vieja religiosidad instrumentalizada por la Iglesia podemos comparar hoy la religiosidad laica instrumentalizada por los partidos políticos. El parangón es útil y nos permite ver las diferencias.

Si la identificación de la clase de los explotados es vaga --y no puede ser de otro modo una vez hemos dejado deliberadamente la historia y, como veremos, la realidad en el reino de la vaguedad--, por el otro lado ahora tenemos la posibilidad de usar elementos plurales en nuestro análisis que, de otra manera, habrían quedado irremediablemente fuera de él en el caso de una elección a priori de un sistema preciso (por ejemplo, la dialéctica, la religión, la economía, la metafísica, etc.). Si la construcción de un modelo analítico es más difícil, más rico será el resultado de esta aplicación, no teniendo que funcionar en dirección a la construcción de un partido, ni en defensa de un orden preestablecido.

Una conclusión tosca sería la que ligase la clase obrera a una eliminación progresiva del sentimiento religioso que da lugar a la necesidad de una "guía". Todo intento de hacerlo "por uno mismo" es para nosotros un signo de actuar en primera persona sobre la situación de explotación. La lucha, tomada en sí misma, como el fenómeno de una masa amorfa más o menos sensibilizada bajo las enseñanzas de una iglesia o partido, no es suficiente para definir una clase. Ni es el proceso de producción, tomado como un todo, como un reparto preciso de la propiedad de los medios de producción excluyendo a una parte de la raza humana, suficiente para definir una clase.

Los marxistas pueden también hablar de "conciencia" de clase, el término no nos molesta. Pero no por esto debemos ser arrastrados a sus argumentos filosóficos sobre este pseudo-problema. A menudo hemos dicho que la autonomía del individuo está determinada por su aceptación de la responsabilidad en la toma de decisiones concernientes a su vida: esta responsabilización puede también ser llamada "conciencia". Sería preferible definirla como "voluntad". La voluntad para hacerlo por uno mismo, la voluntad para intervenir en primera persona, la voluntad para romper el círculo hechizado de la religiosidad, la voluntad para derrocar la tradición, la voluntad de romper con las órdenes de arriba: en una palabra, la voluntad para construir la propia autonomía. Y es aquí que el discurso sobre la autonomía del individuo se encuentra con el de la autonomía de la clase obrera.


LA MINORÍA ACTIVA

La conclusión de la autonomía de la clase obrera nos llega, como hemos visto, a partir de la imposibilidad de quebrar el círculo contrarrevolucionario de otro modo. Que esta imposibilidad se suponga debida a un pretendido proceso histórico es algo que no nos concierne. La autonomía de los trabajadores no es otra "forma" filosófica como muchas otras, es una necesidad objetiva. Los trabajadores deben mirar por sus propios intereses: el estímulo religioso hacia un delegado para que se ocupe de sus intereses debe combatirse.

Aquí surge una cuestión. ¿Qué determina el nacimiento y desarrollo de la organización autónoma de lucha dentro de la clase obrera? ¿Es automática, una consecuencia directa de la imposibilidad de una salida revolucionaria debido a la "santa alianza" entre el capital, los partidos y los sindicatos? ¿O existe una minoría precisa, actuando dentro de las masas, desarrollando una clarificación progresiva de los peligros, obstáculos y posibilidades: es decir, impulsando a las masas a actuar por sí mismas?

La respuesta más exacta sería una ilustración de los dos factores, uno junto al otro. Pero en la práctica el problema más serio que se levanta es el del carácter histórico preciso del proletariado industrial y su papel "hegemónico" en la perspectiva revolucionaria. Les parecería a algunos que sin el nacimiento del proletariado industrial la tendencia a la organización autónoma no habría tenido lugar. Nosotros encontramos tal razonamiento curioso por dos razones: primero, insiste en dar al proletariado industrial el papel histórico de "guía", y propone una alternativa ilógica en la historia, la posibilidad de una "no existencia" del proletariado. Pero el proletariado existe. La industria y su desarrollo tienen su lugar en la historia, la revolución industrial determinó el nacimiento del capitalismo y éste ha evolucionado hasta el día presente como sabemos, y muestra claros signos de ir en una cierta dirección. Todo esto conduce a una simplificación de nuestro problema. Una gran parte de la clase obrera está hoy constituida por el proletariado industrial. Está directamente ligada en su configuración como clase al desarrollo de la revolución industrial, que es lógica. Pero no entendemos cómo a partir de esto podemos pasar a la afirmación de que los obreros industriales deben jugar un papel predominante sobre el resto de la clase obrera. No sólo eso, no entendemos la segunda cuestión: por qué la autonomía sólo puede surgir dentro del proletariado industrial.

Si admitimos tal razonamiento, debemos admitir que la crisis del capitalismo es una crisis "mortal", y no una "transformación". Si el proletariado industrial es el margen más sensible de la clase obrera, ellos también serían los más aptos para percibir la enfermedad del capitalismo y para oponerse a él con una forma de lucha específica, es decir, la organización autónoma. Los otros estratos, por ejemplo, los campesinos, no estando inmediatamente en contacto con el estrato privilegiado de la producción, no atenderían a estos estímulos, y la posibilidad de autonomía no surgiría. No nos parece que el capitalismo esté en una "crisis mortal". Al contrario, nos parece que su fortaleza está tan viva y vigorosa como siempre. Es muy evidente que la crisis se está manifestando como una crisis pasiva, una evolución hacia un tipo muy diferente de capitalismo mucho más capaz y eficiente que el actual. Por consiguiente, no podemos hablar en términos de una "crisis final". No obstante, una tendencia a la organización obrera autónoma existe. De hecho, la actual posición de los reformistas (los partidos y los sindicatos) no es una "respuesta" a la "crisis final" del capitalismo más de lo que lo es la autonomía proletaria. La colaboración de los sindicatos y los partidos no es una nueva estrategia, sino que es la respuesta normal de instituciones en desarrollo a aquellos en el poder. Les gustaría destruir a los últimos, pero deben permitirles subsistir de modo que el cambio pueda producirse con el menor daño posible a la estructura; de otra manera la elite ascendente, cuando llegasen al poder, se encontrarían ellos mismos con un montón de escombros en sus manos. Ésta es la posición real de los reformistas. De la misma manera, la autonomía de la clase obrera, planteada como la posibilidad subyacente de la lucha, no se deriva de la "crisis final" del capitalismo, sino que es parte de los constantes intentos de la clase para liberarse a sí misma de la explotación. En este sentido, podemos ver cómo los trabajadores siempre han buscado organizaciones nuevas y autónomas en contraste con las precedentes (caducas o absorbidas por el sistema), con el fin de sobrevivir o de luchar, y podemos ver también cómo estas organizaciones se han dejado en manos de la elite ascendente, han alcanzado el poder, y han negado el ejemplo autónomo de la base de los trabajadores.

Debemos estudiar, por lo tanto, más estrechamente este mecanismo de "depositar" la autonomía en manos de los "dirigentes" y partidos-guía. Debemos examinar las causas de esta "religiosidad", las motivaciones irracionales que actúan y se convierten en una parte de la estructura, la falta de confianza en sí mismas que parece afligir a las masas, arrojándolas en manos de los reformistas.

Hemos preguntado cuál podría ser el papel de una minoría activa dentro de la perspectiva de la autonomía de la clase obrera. La conclusión es una constante medición de las fuerzas que determinan el fracaso de autonomía de clase, es decir, las fuerzas que quizás hemos resumido incorrectamente como la "religiosidad" para subrayar su esencia irracional. Es imposible teorizar en abstracto la formación de un grupo minoritario anarquista que actúe sobre las masas más allá del nivel de sus propios intereses. En lo que podemos estar de acuerdo es sobre la esencia y el contenido de esos intereses. La cortina de humo estirada por los reformistas está impidiendo una evaluación apropiada de los intereses de los trabajadores mucho más drásticamente de lo que el poder brutal de los patrones y los fascistas lo ha hecho en el pasado. La alianza de la socialdemocracia con los patrones es el peor obstáculo imaginable en el camino de la libertad de los trabajadores.

Debemos, por consiguiente, establecer un punto de referencia para la acción anarquista dentro del campo de la autonomía de los trabajadores. Éste puede encontrarse en los intereses objetivos de éstos últimos, cuya clarificación constituye la contribución inicial de la minoría anarquista. Pero esto no significa dentro de la perspectiva de la "dirección" que, si bien es adoptada por la tendencia anarquista más ortodoxa, acabaría por trazar la senda de la socialdemocracia, agente de la estructura de poder. Significa, por el contrario, acción dentro del movimiento obrero mismo, acción partiendo del concepto de la autonomía y la organización autónoma concerniente a los intereses de los trabajadores, y ligada al concepto de la autonomía individual, vuelta a la vida a través de la perspectiva de clase de la liberación revolucionaria.

El fracaso de tantos y tantos casos concretos consiste en que la acción de los anarquistas, si bien clara a un cierto nivel analítico, a menudo yerra en la elección de los medios. Esta decisión alza toda la cuestión de los fines que han de lograrse. Atacar el proyecto de los partidos y los sindicatos requiere una idea clara de los medios a ser empleados en la lucha, y no sólo un postergamiento ciego a la espontaneidad de los obreros. El problema de la autonomía no está separado del problema de la elección de los medios en la lucha: los dos están ligados, y se condicionan a su vez entre sí. La perspectiva violenta, la acción directa de los obreros como el sabotaje, la destrucción del trabajo, etc., no son acciones "más a la izquierda" que algunas otras supuestamente de izquierda. Son elecciones precisas dictadas por la autonomía del interés, elecciones donde la presencia activa de anarquistas es de muchísima importancia.

Debemos ahora detenernos y reflexionar cuidadosamente sobre el problema de los "intereses" de los trabajadores. Si van a emerger, como en el análisis marxista, de una situación concreta --el dominio del capital-- se podría hablar, con un esfuerzo lógico, de "intereses en sí mismos", correspondientes a la "clase para sí". Pero estos intereses sólo son realmente los de la clase obrera a condición de que ella los reconozca como tales y se las arregle para vencer los obstáculos construidos deliberadamente por el Estado, rechace las falsas propuestas de los reformistas, y así sucesivamente. En otras palabras, nosotros vemos un aspecto voluntarista en la acción autónoma de los obreros, un aspecto que alcanza el centro de los intereses "objetivos" de la clase, pero sólo a condición de que esto se logre a través de la lucha y la sensibilización. Y es aquí donde encaja la acción positiva de los anarquistas. Volverse consciente de los propios intereses, un redescubrimiento subjetivo en forma objetiva, es la condición esencial para la verificación de la revolución social sin un pasaje previo por el comunismo de Estado.

Otro aspecto de la acción anarquista en el campo de la autonomía es el dirigido a la clarificación de la relación con el poder, de la que emerge la solución al problema ya mencionado de la religiosidad de la "guía".

El poder no se solidifica en un punto preciso de las fuerzas de la reacción. Afloran diferencias sustanciales entre los capitalistas, la burocracia, la clase media y la pequeña burguesía, los intelectuales y otros elementos, dentro de un marco muy complejo. No menos diferencias sustanciales existen entre los partidos en el gobierno, los partidos reformistas, los sindicatos y los órganos represivos del capital (el ejército, la policía, la judicatura, los fascistas, etc.). Pero, más allá de las diferencias específicas en la constitución y el empleo, todas estas fuerzas están unidas por la necesidad básica de toda organización del poder: la supervivencia. Luchan en primer lugar por su propia supervivencia y autoperpetuación en la situación que hace posible su existencia; entonces, para hacer más fácil esta supervivencia, pasan a una fase de desarrollo y a un deseo de un dominio siempre mayores.

Que la doctrina marxista es la expresión de una cierta clase media que aspira al poder y a la superación del obstáculo final que le separa de él, es una hipótesis atractiva y válida, pero una que necesita ser llevada a una mayor profundidad en nuestra opinión. No podemos estar de acuerdo en ver esto como algo a encontrar exclusivamente en las actitudes e intereses de la mediana y pequeña burguesía. Un reflejo igualmente importante existe en el residuo irracional dentro de la clase obrera, y que permite el desarrollo de los intereses de esa clase intermedia que aspira al poder. En este caso, la elite ascendente no es el conjunto de la mediana o pequeña burguesía, sino una minoría de entre ellas, los partidos políticos y los sindicatos, que se definen a sí mismos como los representantes de los intereses de los trabajadores y de la burguesía menos dotada financieramente.

Es por esta razón que, las acciones de los anarquistas en términos de una minoría activa, no deben definirse como una vanguardia sensible a un cierto nivel de lucha, autorizándoles a representar a las masas. Esto abriría el camino a la acción violenta como fin en sí mismo, con la pretensión de que ello podría inducir desde fuera el movimiento de los trabajadores como consecuencia de ciertas acciones "ejemplares" en su mismo aislamiento. El principio mismo de la autogestión y de la acción directa de los trabajadores como patrimonio de las masas explotadas --y no la prerrogativa de una minoría-- contrastaría con tal visión parcial de la tarea revolucionaria.




LAS RELACIONES DENTRO DE LA CLASE OBRERA

La "religiosidad" de que hemos hablado no es la única característica de la clase obrera. Éste es más un sentimiento básico que un elemento preciso, algo irracional persistiendo dentro de la clase, y que encuentra su origen en la explotación misma. Se concreta en la demanda de "venganza", un tipo de milenarismo que acompaña a cada tipo de religión, y en la evaluación positiva de ciertos principios compartidos con el enemigo --los cuales el último es acusado de haber profanado--.

Permítasenos tomar un ejemplo histórico. En la edad media los campesinos alemanes se levantaron contra los señores y la Iglesia, demandando venganza por el sufrimiento y la privación a que siempre habían estado sujetos, pero pidiendo al mismo tiempo la restauración del principio cristiano de pobreza y moralidad en las costumbres, profanado tanto por los señores como por la Iglesia. Estaban luchando, por consiguiente, en nombre de un deseo de venganza, poniéndose por ello -con gran reticencia en este caso- en manos de un lider, en nombre de un código moral compartido con los explotadores que eran considerados profanos por el pueblo.

Hoy, cambiando las condiciones de producción y la composición de las clases involucradas en el conflicto social, estas relaciones permanecen constantes dentro de la clase obrera. Primero de todo, la religiosidad; luego, la moral. La primera es la condición esencial para caer una vez más en manos de una elite que aspira a la conquista del poder y a negar la existencia de la autonomía; la segunda es la condición para operar una selección radical dentro de la clase obrera misma, estableciendo la existencia de un estrado privilegiado que pueda luego ser el primero en ser instrumentalizado por la elite ascendente.

La razón es simple. Los valores morales de los tenderos burgueses persisten dentro de la clase obrera. Sobre esta base existe una división entre los trabajadores "especializados" y "manuales", entre trabajadores profesionalmente cualificados que tienen un pasado decente, "honorable" y socialmente estimado, y aquellos que viven día a día, la llamada chusma, usualmente presente en las grandes ciudades. El marxismo, producto típico de la mentalidad moral de la burguesía, siempre ha insistido en este punto, relegando el lumpen-proletariado a los márgenes del discurso revolucionario, considerándoles con sospecha, lavando sus manos cada vez que se ven obligados a aproximarse a ellos. Más serio es el hecho de que esto no es sólo un componente literario perteneciente a los sacerdotes de la iglesia marxista, sino que es también un sentimiento común entre la masa, uno de los muchos factores de los orígenes corporativos que, en ausencia de interés, no ha sido combatido por los reformistas. La colaboración de los últimos ha impedido, de hecho, cualquier acción capaz de confrontar al Estado con una situación de conflicto no-recuperable. Tenemos así: la religiosidad en general, que determina la aceptación de un lider identificado en la elite ascendente, y la moral residual que causa una profunda división dentro del movimiento autónomo de los trabajadores, colocando los fundamentos para su instrumentalización por la futura estructura de poder.

La primera consecuencia de este residuo moral es el rechazo de cualquier tendencia espontánea en la organización de la lucha, de cualquier recurso a la ilegalidad, de cualquier acción más allá de los "cánones" de la moralidad actual, diestramente explotada por la burguesía durante muchos siglos. La división dentro del movimiento obrero causa una división en la opción de estrategia a ser usada en la lucha. La condenación indiscriminada del uso de criminalidad es un ejemplo notable de esta perspectiva. No queremos aquí hacer nuestro un argumento que requeriría entrar en gran detalle. Sólo queremos decir que las semillas de la moral burguesa, si no se erradican a tiempo, son lo suficientemente serias para causar una fractura de considerable importancia. Entrando en el problema, comprendemos que, si la "religiosidad" de la venganza es esencialmente fruto de la explotación y pertenece, por lo tanto, a la clase de los productores mismos, la concepción moral burguesa no es fruto de la explotación, sino que alcanza a la clase de los productores a través de su contaminación desde la clase pequeñoburguesa, no fácilmente distinguible de ellos mismos.

Todos los modelos que llenan las páginas de los marxistas no ayudan ciertamente a clarificar esta distinción. La clase pequeñoburguesa consiste en tenderos (distribución), administradores (control/mando) y policía (represión). Los tenderos representan a la burguesía tradicional con sus formas anticuadas de distribución, y están en proceso de ser transformados, por lo menos en los países capitalistas avanzados. Su pensamiento moral se difunde entre otros estratos, por ejemplo entre los obreros especializados. Los administradores representan la parte que controla la circulación del plusvalor extraído por los capitalistas. Ésta es la clase más obtusa y retrógrada, la más atada a una visión de la vida basada en los valores del pasado, y cuidadosa en defender los privilegios que ha obtenido hasta ahora. En la fase creciente de la fuerza contractual del Estado, esta clase se identifica con la burocracia. La clase policial comprende todos los elementos de represión. Incluidos en esta clase están los políticos, los funcionarios sindicales, la fuerza policial, los sacerdotes y todos aquellos que viven en los márgenes de la clase productora, reprimiendo o ayudando a reprimir cualquier ejemplo de revuelta. Todas estas valientes personas exaltan y garantizan la continuación de la moralidad burguesa. El estrato de los productores privilegiados, aproximadamente identificable con el proletariado industrial por su situación y privilegio, termina por aceptar estas morales, imponiéndoselas al lumpen-proletariado con su juicio negativo.

De la misma manera la ideología del trabajo y la producción es importada de la clase de la pequeña burguesía. El trabajo ético, típicamente burgués, de nuevo abarca a una gran parte de la clase productora con su condición esencial: la salvaguarda de la producción. Claramente aquellos que tienen el mayor interés en la difusión de tal ideología son los burgueses mismos y los estratos que salvaguardan su existencia. Un paralelismo instructivo podría trazarse entre la moral burguesa, la ideología de la producción y el marxismo. En cualquier caso, no podemos negar que incluso este aspecto constituye un gran problema, alienado por los intereses específicos de la burguesía y los partidos a su servicio.

Pero las relaciones dentro de la clase obrera están marcadas por cambios constantes en las relaciones de producción. El análisis de las últimas nos permite identificar el desarrollo de la defensa contra la explotación dentro de la clase; cómo esta explotación, aunque constante, no siempre se expresa de la misma manera. Los obreros se defienden y atacan a sus explotadores, pero este combate y ofensiva toma aspectos diferentes en relación al desarrollo de la acumulación --la acumulación en el sentido del resultado último del capitalismo--.

Hoy, dentro de la muy compleja estructura del capitalismo avanzado, sería un error no ver claramente la interdependencia que existe entre las clases productoras de los diferentes países debido a los entrelazamientos del capitalismo a nivel internacional. Esta interdependencia existe a dos niveles: primero, como explotación desigual que depende de si capitalismo está en una fase avanzada o subdesarrollada, y segundo, de acuerdo con el desarrollo desigual del capitalismo dentro de cada país. La relación entre el centro y la periferia a un nivel mundial e internacional condiciona las relaciones dentro de la clase obrera.

En Italia podemos ver un cierto tipo de relación de fuerza entre los patrones y los productores, pero no podemos cristalizar esto en un modelo válido para todo el país. En primer lugar, debemos verla en relación a la situación internacional. En segundo lugar, debemos verla en relación al Sur de Italia. Por esta razón la estructura autónoma de la lucha no debe cerrarse dentro de la dimensión de la fabricación, sino que debe incluir la situación de conflicto internacional y nacional.

El problema no es fácil. Muchos camaradas lo han visto sólo como un problema de equilibrio político. A nosotros nos parece que, aunque sigue siendo un problema político, también supone un importante problema técnico como parte de cómo organizar la lucha desde un punto de vista autónomo. Permítasenos intentar entrar en esto un poco más.

Los grupos de productores que, como hemos visto, están haciendo planes para una lucha basada en la autonomía, es decir, en el rechazo de un intermediario tal como los partidos y los sindicatos, deben conocer la capacidad productiva del complejo de fabricación o agrícola, y cómo adaptar su lucha en relación a la gestión autónoma basada en la elección de las perspectivas de la producción (la distribución racional del trabajo). Para hacer esto es necesario saber que la plusvalía puede formarse fuera de la situación de la fabricación y de la agricultura, extraída directamente a través de la situación de subdesarrollo en que es mantenida una parte del territorio nacional (o una parte del mundo). En otras palabras, el cálculo económico basado en la autonomía, y por consiguiente la posibilidad misma de una futura forma comunista de producción, y la base de las luchas autónomas de hoy, debe tener en mente no sólo la extracción de beneficio en el centro del complejo capitalista, sino también el que se logra mediante la simple existencia de un centro y una periferia.

La situación colonialista e imperialista abre vastos horizontes para la recuperación y la acumulación comunista (que no debe ser confundida con la de tipo capitalista o capitalista de Estado), que debe clarificarse para entender esa autonomía no sólo como un factor contingente, un modo de construir la lucha, sólo para ponerla en manos de una elite ascendente, sino que es un nuevo modo de concebir las relaciones de producción, un modo revolucionario de eliminar completamente el plusvalor derivado de la explotación. Pero la presencia de una periferia no es sólo un hecho objetivo, afecta también a la realidad subjetiva: los hombres y mujeres que sufren increíblemente, explotados como bestias, que mueren de hambre. Hombres y mujeres que viven de la oportunidad, marcados con la estampa infame de la criminalidad. Esto constituye toda una área explosiva que el capitalismo, a un nivel nacional e internacional, está abatiendo con la policía y el ejército, con porras y bombas, con todos los medios y sin piedad. Pero esto es, al mismo tiempo, una periferia que está intentando abrir el camino hacia una nueva sociedad, viéndola mucho más cercana de lo que normalmente se cree, porque no es vista a través de las lentes deformantes de la "profesionalidad". Ellos están empezando a reconstruir la fe que habían perdido, una fe que se coloca en contraste con la "religiosidad" y aquellos que la instrumentalizan: los partidos y los sindicatos.

No tener en cuenta esta realidad dualista, significa no entender que incluso la acción autónoma puede caer en la contradicción del particularismo y el racismo. Incluso los consejos obreros revolucionarios, si están compuestos por trabajadores cerrados dentro de su "especialización", no vitalizados oportunamente por la presencia de una minoría activa que estén contra la idea del partido y del sindicato --expresiones de un centro industrial que mira con desdén a la periferia subdesarrollada-- pueden en breve convertirse en consejos obreros imperialistas, antesala de la instrumentalización por los partidos y de una forma aún más terrible de explotación.

martes, 19 de mayo de 2009

TRES TESIS para el Comunismo Virtual – Toni Negri

Diciembre 8, 2008


[Traducción: Diego L. Sanromán]

1. COMUNISMO COMO IGUALDAD. Esto es, los contenidos materiales del comunismo, la crítica del capitalismo (el mercado de individuos privados) y del socialismo (el mercado dirigido por el Estado), el irreductible deseo de igualdad, propiedad ’social’ y emprendimiento ’social’… Reconsidera y comenta los grandes textos: especialmente, La Comuna de París y ciertas secciones de los Grundrisse referentes al ’sujeto colectivo’. Pero también Spinoza, la democracia de la ‘multitud’, Maquiavelo sobre la lucha de clases, Campanella, Tomás Moro, James Harrington… Apoya la discusión sobre la igualdad en la realidad del capitalismo y muestra cómo el capitalismo construye las condiciones de igualdad en términos de organización del trabajo y de organización de la sociedad, pero después niega esa igualdad en el marco de las superestructuras judiciales y políticas.

2. COMUNISMO COMO TRANSFORMACIÓN. Reconsidera también aquí algunos textos: en especial, los alemanes de la década de los 30, las Tesis sobre Filosofía de la Historia de Benjamin, o ciertos textos de Bloch… Pero lo más importante será reconocer la necesidad de transformación expresada en fenómenos contemporáneos. En el rock y las artes visuales, por ejemplo; cómo la música y las artes visuales buscan construir el ‘nuevo ser humano’, definir el ‘interface’ entre lo privado y lo público, entre naturaleza e historia, entre masculino y femenino… También la internalización de la idea de transformación y su difusión; tendrás que ver que esa idea se ha convertido en un deseo de masas, especialmente en las generaciones jóvenes, implícito y latente en la ideología. Ten en consideración el punk, el ciberpunk y subculturas análogas.

3. COMUNISMO COMO SUBJETIVIDAD. Esto es, comunismo como el resultado, en sentido ontológico, de lo posmoderno. El trabajo se ha vuelto inmaterial, la cooperación social se ha vuelto comunicación, los valores quedan especificados mediante el razonamiento abstracto y el mundo es una máquina que produce signos intelectuales. Todo esto produce subjetividad, una subjetividad intelectual a nivel de masas, que sólo pueden satisfacer su deseo de participar en la producción en términos de comunismo. Porque la producción del mundo y la producción de la identidad (en cuanto subjetividad) son la misma cosa. Y si queremos que la producción de subjetividad sea liberación y no esclavizamiento, necesitamos comunismo.

[Fuente: Semiotext(e)]

lunes, 13 de abril de 2009

El año en el que el futuro se acabó


Franco Berardi (Bifo)

Premisa: las dos memorias del setentaysiete.

Cuando se habla de mil novecientos setenta y siete vienen a la mente una serie de asociaciones de ideas, imágenes, recuerdos, conceptos y palabras, a menudo incoherentes entre sí.

El 77 es el año en el que estalló y se desplegó un movimiento de estudiantes y de jóvenes proletarios que se expresó de forma muy intensa en las ciudades de Bolonia y Roma. En algunos ambientes, setenta y siete evoca violencia, tropelías, años de plomo, miedo en las calles y en las escuelas. En otros ambientes significa, por el contrario, creatividad, feliz expresión de necesidades sociales y culturales, autoorganización de masas, comunicación innovadora. ¿Cómo pueden convivir estas dos visiones, a menudo en la mente de las mismas personas? 1977 es un punto de contacto o, más bien, de cesura, el punto en el que se encuentran (o tal vez se separan, pero es lo mismo) dos épocas diferentes. Por ello se trata del momento de emergencia y de formación de dos visiones incompatibles, de dos percepciones disonantes de la realidad. En ese año alcanza su madurez la historia de un siglo, el siglo del capitalismo industrial y las luchas obreras, el siglo de la responsabilidad política y las grandes organizaciones de masas. Se empieza a entrever la época postindustrial, la revolución microelectrónica, el principio de la red, la proliferación de los agentes de comunicación horizontal, y, por tanto, la disolución de la política organizada, la crisis de los Estados–nación y de los partidos de masas.

No debemos olvidar que 1977 fue —además del año de los movimientos de contestación creativa en las universidades y barrios italianos— muchas otras cosas, no todas alineadas en la misma dirección ni bajo el mismo signo. Fue el año del nacimiento del punk , el año del jubileo de la Reina de Inglaterra contestado por los Sex Pistols , que pusieron patas arriba la capital británica durante días y días con música y barricadas lanzando el grito que marca como una maldición los siguientes dos decenios: « No Future ». Pero es también el año en el que en los garajes de Silicon Valley chicos como Steve Wozniak y Steve Jobs, hippies libertarios y psicodélicos logran crear el interfaz user friendly(2) que hará en pocos años posible el acceso cada vez más amplio y popular a la informática y después a la telemática de red. Es el año en el que Simon Nora y Alain Minc escriben un informe al Presidente de la República Francesa, Valery Giscard d’Estaing, titulado L’informatisation de la société(3), en el cual se esbozan las transformaciones sociales, políticas, urbanísticas previsibles en la época siguiente como consecuencia de la introducción en el trabajo y en la comunicación de las tecnologías digitales y de la telemática (es decir, la informática a distancia, es decir, la conexión en red de los ordenadores, es decir, Internet).

1977 es también el año en el que son procesados los rebeldes de la Banda de los Cuatro , Chiang Ching, Wang Hung–Wen, Yao Wen–Yuan y Chiang Chung–Chao. Los cuatro ultramaoístas de Shanghai fueron llevados encadenados a Beijing y condenados allí a penas de cárcel larguísimas porque representaban, a ojos del grupo dirigente denguista(4), la utopía de una sociedad igualitaria en la que las reglas económicas serían anuladas a favor de una primacía absoluta de la ideología. La utopía comunista empieza su larga crisis precisamente allí donde había sido llevada hasta sus consecuencias más extremas y sangrientas, allí donde la Revolución Cultural Proletaria había desencadenado las tendencias más radicales e intransigentes. Pero es también el año en el que en Praga y Varsovia se extienden las primeras acciones de disidencia obrera y los disidentes checos firman la Carta 77 . Es el año en el que Yuri Andropov (director entonces del KGB) escribe una carta al cadáver ambulante de Leonid Breznev (secretario general del PCUS y máxima autoridad de la Unión Soviética) en la que le dice que si la URSS no es capaz de recuperar con rapidez el retraso en el campo de las tecnologías de la información el socialismo se hundirá. El 77 no se puede comprender sólo ojeando el álbum italiano en el que hallamos las fotos de jóvenes de pelo largo con la cara cubierta por un pasamontañas o una bufanda. No se puede entender limitándonos a escuchar eslóganes truculentos en parte ideológicos, en parte extrañamente surrealistas.

En ese año se pasa la página del siglo XX tal como en 1870–71, en las calles ensangrentadas de París, la Comuna pasó la página del siglo XIX y mostró con qué luces y sombras se anunciaba en el horizonte el siglo XX. Debemos intentar tener en cuenta esta complejidad cuando hablemos del acontecimiento italiano que fue el movimiento autónomo y creativo, porque sólo a partir de esta complejidad podremos entender qué sucede más allá de la crónica callejera, de las manifestaciones, de los enfrentamientos, de los cócteles molotov, más allá del debate sobre la violencia; más allá de la represión violenta con la que el Estado y la izquierda arremetieron contra el movimiento hasta criminalizarlo y empujarlo en brazos del terrorismo brigadista.

El paso a lo postindustrial.

En primer lugar debemos fijarnos en el cambio productivo que afecta a las sociedades occidentales a partir de los años setenta y que se va haciendo cada vez más profundo, rápido y estremecedor en los dos decenios siguientes. Se trata de una transformación determinada por la difusión de las tecnologías microelectrónicas (y después por la digitalización), pero también por la creciente desafección de los obreros industriales al trabajo de fábrica. «Desafección» es una palabra clave para comprender la situación social y la cultura en torno a la que se forma el movimiento del 77. Desafección al trabajo es la fórmula con la que se definía (por parte del establishment periodístico, patronal y también sindical) la tendencia de los obreros, sobre todo de los obreros jóvenes, a ponerse enfermos, a coger la baja, a trabajar poco y mal.

Los empresarios señalaban que la desafección era la causa principal de la caída de los índices de productividad. Y de hecho las cosas eran así.

«È ora, è ora, lavora solo un’ora» (5)

«Lavoro zero, reddito intero/tutta la produzione all’automazione» (6)

Éstos eran los eslóganes que lanzaban a mediados de los setenta los jóvenes obreros autónomos en las fábricas más «extremistas» como Carrozzerie de la Fiat de Mirafiori, el Petrolchimico de Porto Marghera o la Siemens de Milán. Se trataba de eslóganes toscos, elementales. Pero tras ellos se ocultaba un cambio cultural y también una reflexión política nada superficial. El significado de aquellos eslóganes, de aquella desafección, era de hecho el fin de la ética del trabajo y el correspondiente fin de la necesidad social del trabajo industrial. Eran los años en los que la tecnología empezaba a hacer posible una progresiva sustitución del trabajo obrero. Y eran los años en los que el rechazo del trabajo se abría camino en la cultura juvenil y en la teorización de grupos como Potere Operaio y Lotta Continua , que tenían cierto eco en las fábricas del norte, en especial en 1969–70.

El movimiento de estudiantes y jóvenes proletarios que se difundió en 1977 de las universidades a los círculos del proletariado juvenil y a los barrios, retomaba los eslóganes y la hipótesis del rechazo del trabajo y los convertía en un elemento de separación profunda, traumática frente a la tradición cultural y política de la izquierda.

La ética del trabajo, sobre la que se había fundado la experiencia del movimiento obrero tradicional, empezaba a desmoronarse. En primer lugar, en la consciencia de los jóvenes obreros deseosos de libertad, de ocio y de cultura. A continuación, en las posibilidades tecnológicas mismas del sistema productivo. La reducción del tiempo de trabajo necesario gracias a la introducción de tecnologías automáticas y el proceso de rechazo del trabajo son convergentes y en cierto modo interdependientes. A partir de los años sesenta los obreros de fábrica habían empezado a mostrar una creciente insubordinación sindical, política y de comportamiento. Se difundía el rechazo del trabajo alienado porque la clase obrera de fábrica había empezado a conocer formas de vida más ricas, gracias a la escolarización, a la movilidad, a la difusión popular de la cultura crítica. Después del 68, la insubordinación obrera se encontró con el movimiento de los estudiantes y del trabajo intelectual y los dos fenómenos se habían fundido, en algunos casos de forma casi consciente.

Rechazo del trabajo industrial, reivindicación de espacios cada vez más amplios de libertad y, por tanto, absentismo, insubordinación, sabotaje, lucha política organizada contra los patrones y contra los ritmos de trabajo. Todo esto marcó la historia social de los primeros años sesenta hasta estallar en forma de auténticas insurrecciones pacíficas de los obreros contra el trabajo industrial, como sucedió en la primavera de 1973, cuando los obreros del automóvil se rebelaron en toda Europa, desde la Renault a la Opel de Russelsheim y de Colonia, hasta la Fiat Mirafiori de Turín, que durante unos meses fue recorrida por desfiles de jovencísimos obreros con una cuerda roja al cuello que aullaban como indios por las secciones. Los indios metropolitanos, esas hordas de contestatarios culturales que se difundieron por el 77 universitario habían nacido en las secciones de la Fiat, en el rechazo de la miseria asalariada y del embrutecimiento del trabajo industrial. Pero al mismo tiempo se había ido desarrollando la búsqueda de procedimientos productivos cada vez más automatizados, con uso integrado de la microelectrónica y de sistemas flexibles. Los obreros querían trabajar menos y los ingenieros investigaban tecnologías orientadas a reducir el tiempo de trabajo necesario, a automatizar la producción. Entre finales de los setenta y el inicio de los ochenta ambas tendencias se encontraron. Pero, por desgracia, se encontraron bajo el signo de la reacción capitalista y de la revancha antiobrera, y no bajo el signo del poder obrero y la autoorganización. El movimiento obrero no había logrado traducir la protesta obrera en autoorganización del proceso productivo.

Y llegaron los años de la contraofensiva. En lugar de reducir el tiempo de trabajo socialmente necesario y liberar tiempo de vida del trabajo, el capital logró, en los años de la reestructuración y de la afirmación del neoliberalismo, destruir la organización obrera mediante el despido de las vanguardias. Se iniciaba así la reducción cuantitativa y política de la fuerza obrera. Se iniciaba la contrarrevolución liberal. Pero en el centro mismo de este paso está el movimiento del 77, que se presentó conscientemente, declaradamente, como un movimiento contra el trabajo industrial.

«È ora, è ora, lavora solo un’ora», gritaban los autónomos creativos para responder al eslogan sindical «È ora, è ora, potere a chi lavora»(7).

El movimiento del 77 había colocado el no trabajo, el rechazo del trabajo justo en el centro de la dinámica social y de la innovación tecnológica. Sin embargo, no logró traducirlo en una acción política consciente y organizada. La innovación tecnológica trajo consigo una gigantesca reestructuración en los años ochenta y noventa. Pero esta reestructuración tuvo un carácter antiobrero, antisocial, y puso en movimiento el proceso de devastación de la sociedad que se aceleró en los años noventa (y sigue acelerándose). ¿Por qué no fue capaz el movimiento de traducir su vocación social y sus intuiciones culturales en una acción política a largo plazo para impulsar la autoorganización de la sociedad y del proceso productivo? Ésta es la cuestión sobre la que debemos detenernos.

Dos son las razones por las que el movimiento no fue capaz de traducir su intuición antilaboral en un programa político creíble. La primera razón de esa incapacidad debe buscarse en el carácter íntimamente contradictorio del movimiento, que deriva del hecho de haberse visto a sí mismo al mismo tiempo como el último movimiento comunista del siglo XX y como el primer movimiento postindustrial, y por tanto, postcomunista. La segunda razón reside en la represión a la que fue sometido: una represión violenta y prolongada, cuyas características deben ser analizadas con mayor profundidad.

Pero veamos las cosas por orden.

Los estudiantes y los jóvenes obreros que se movilizaron en los primeros meses del año 1977, pero que ya llevaban varios años organizándose en mil formas nuevas (centros del proletariado juvenil, radios libres, comités autónomos de fábrica o de barrio, colectivos autónomos en las escuelas, etc.) expresaban comportamientos y necesidades que ya tenían poco que ver con las necesidades y los comportamientos del proletariado industrial tradicional. La reivindicación más fuerte era la existencial. La calidad de la vida, la reivindicación de una existencia realizada, la voluntad de liberar el tiempo y el cuerpo de las ataduras de la prestación de trabajo industrial. Éstos eran los temas fuertes, éstas eran las líneas a lo largo de las cuales se expresaban y se acumulaban la insubordinación y la autonomía. Sin embargo, la representación ideológica predominante en el seno del movimiento era la que llegaba linealmente de los movimientos revolucionarios del siglo XX, de la historia del comunismo de la Tercera Internacional. Aunque el leninismo estuviera muy en cuestión en aquellos años, la idea predominante era la de un movimiento revolucionario destinado a abatir el orden burgués y a construir de alguna manera (bastante imprecisa, por cierto) una sociedad comunista. Este tipo de representación no cuadraba ya con la realidad de movimientos del todo centrados en la conquista de espacios y de tiempos, y que se manifestaban cada vez menos en el plano político y cada vez más en el existencial.

El modelo dialéctico (abatir, abolir, instaurar un nuevo sistema) no correspondía en absoluto a la realidad de luchas que funcionaban, por el contrario, como elemento dinámico, como conflicto abierto y como redefinición del terreno mismo de la confrontación, pero que no podían ni pretendían dirigirse hacia una especie de ataque final contra el corazón del Estado, o hacia una revolución destinada a derribar de modo dialéctico el orden. El desfase entre representación ideológica y realidad sociocultural de ese sector al que llamamos entonces proletariado juvenil fue la causa principal de su incapacidad de traducir la acción contestataria en un proceso de autoorganización social a largo plazo, en la creación de laboratorios de experimentación política, cultural, tecnológica. ¿Con qué objetivo nos estábamos movilizando? ¿Para una revolución comunista clásica, con el derribo del Estado y la toma final del poder político? Sólo algunos creían que algo así pudiese tener algún sentido, pero de hecho este horizonte político no fue abandonado explícitamente. No se redefinió el horizonte político. El movimiento boloñés fue, en este sentido, el punto de máxima consciencia. Abandonó de forma declarada y polémica el leninismo residual y el modelo historicista de revolución. Pero no logró ser consecuente hasta el final, hasta el punto de romper (como tal vez debió hacer) sus relaciones con las componentes del movimiento que, por el contrario, insistían, aunque de modo contradictorio, en un proyecto de tipo leninista y revolucionario.

Hubo otra razón decisiva de la puesta en jaque que sufrió el movimiento. Fue la represión que el régimen político del compromiso histórico(8) desencadenó contra los estudiantes, los obreros autónomos, los jóvenes en general, y después contra los intelectuales, los enseñantes, los escritores, contra las radios libres, las librerías, contra todo centro de vida intelectual innovadora que existía en el país.

El desconsolador reflujo intelectual que afectó a Italia a principios de los ochenta y que ha devastado el arte, la ciencia, la universidad, la investigación, el cine, que ha acallado el pensamiento político, se debió precisamente al exterminio cultural que el Estado democristiano–estalinista puso en marcha primero en 1977 y a continuación en 1979(9).

El movimiento del 77 contenía desde luego una ambigüedad profunda. No era la ambigüedad banal entre violentos malos y creativos buenos. Era la superposición de dos concepciones del proceso de modernización y de autonomización social.

Por un lado existía el movimiento creativo que ponía en el centro de la acción política los media, la información, el imaginario, la cultura, la comunicación, porque pensaba que el poder se jugaba en esos lugares y no en la esfera de la gran política de Estado o la gran política revolucionaria.

Por el otro estaba la autonomía organizada, convencida de que el Estado tenía el papel decisivo y que debía oponérsele una subjetividad estructurada de forma política clásica.

Ese movimiento debería haber madurado, reforzado sus estructuras productivas y comunicativas, debía haberse transformado en un proceso generalizado de autoorganización de la inteligencia colectiva. Ese fue el proyecto que fue propuesto al movimiento en junio de 1977 en un número de A/traverso bajo el título « La rivoluzione è finita abbiamo vinto»(10). La propuesta consistía en construir un movimiento de ingenieros descalzos, en conectar tecnología, ciencia y zonas temporalmente liberadas. Era una visión minoritaria en el movimiento de ese año, pero un número creciente de personas, de jóvenes investigadores, de estudiantes y de artistas empezaba a entrever la posibilidad de un proceso de autoorganización del saber y de la creatividad.

Radio Alice y las demás radios del movimiento representaron un primer intento de articular tecnología, comunicación e innovación social.

Todo ello aparecía ligado, es cierto, a una retórica de tipo novecentista, a una retórica guerrillera.

Pero lo que estaba en juego era el destino social de la inteligencia tecnológico–científica y de la inteligencia creativa y comunicativa. La consciencia de este paso empezaba a formarse en aquellos años.

Aparecen en aquellos años los libros en los que se manifiesta la consciencia de una transición social, tecnológica y antropológica. En 1973 aparece el libro de Daniel Bell El advenimiento de la sociedad postindustrial , mientras Jean–François Lyotard publica en 1978 La condición postmoderna . Jean Baudrillard escribe en 1976 El intercambio simbólico y la muerte(11). El movimiento boloñés, en efecto, tuvo una fuerte conexión con los puntos altos de la investigación filosófica, y alimentó a su vez algunos desarrollos de la reflexión en Francia, Alemania y Estados Unidos. Y esa conexión tuvo facetas directamente políticas (como la organización del congreso internacional contra la represión en Bolonia en septiembre de 1977) pero tuvo también, a más largo plazo, facetas de tipo filosófico, interpretativo, conceptual.

Los untorelli

Así pues, 1977 puede ser descrito como el punto de separación entre la época industrial y de las grandes formaciones políticas, ideológicas y estatales, por un lado, y, por otro, la siguiente, la época proliferante de las tecnologías digitales, la difusión molecular de los dispositivos transversales de poder.

En este marco debe entenderse la relación conflictiva entre el movimiento y la izquierda tradicional, cuyos rituales e ideologías eran herencia de la historia pasada de la época industrial. Esta separación pudo parecer una más de las tantas e interminables disputas doctrinarias y políticas dentro del movimiento obrero que llenan su siglo XX(12). Pero no era así. No se trataba de una de las discusiones dogmáticas en las que se disputaba la hegemonía sobre el movimiento comunista, porque el movimiento comunista se fundaba en premisas que la generación del 77 liquida en el momento de constituirse como movimiento. En primer lugar se abandona la premisa según la cual el trabajo obrero es la base de toda identidad política de la izquierda. El 77 se concibe explícitamente como un movimiento postobrero, y rechaza la ética del trabajo que había fundado la historia cultural del movimiento comunista del Novecientos.

Cambia, por tanto, el referente subjetivo, pero cambia paralelamente el análisis de la sociedad capitalista, de sus modalidades de funcionamiento. Deleuze propone interpretar la gran transición que se dibuja como la transición de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control. Las sociedades disciplinarias son las modernas descritas por Michel Foucault. Son sociedades en las que se disciplinan los cuerpos y las mentes, se construyen cajas como la fábrica, la cárcel, el hospital, el manicomio, la ciudad monocéntrica. En estas sociedades la represión tiene un carácter institucional y centralizado, y consiste en la imposición de reglas y estructuras estables. La sociedad que va tomando forma en los últimos decenios del siglo XX tiene un carácter completamente diferente de las que, con Foucault, podemos llamar sociedades disciplinarias. Funcionan sobre la base de controles insertos en el propio genoma de las relaciones sociales: automatismos informáticos, tecnológicos, automatismos lingüísticos y financieros.

En apariencia, esta sociedad garantiza el máximo de libertad a sus componentes. Cada uno puede hacer lo que le parece. No hay ya imposición de normas. No se pretende ya disciplinar los comportamientos individuales ni los itinerarios colectivos. Pero el control está inserto en el dispositivo del cerebro humano, en los dispositivos que hacen posibles las relaciones, el lenguaje, la comunicación, el intercambio. El control está en todas partes, no está políticamente centralizado. El movimiento del 77 percibe este campo problemático, y no es casual que precisamente en esos años se empiece a dibujar con claridad el paso del pensamiento estructuralista al postestructuralista, si podemos llamar así al pensamiento rizomático y proliferante que tiene su expresión más significativa en el Antiedipo de Deleuze y Guattari(13). Imaginaciones esquizoides sustituyen a las representaciones disciplinares de tipo paranoico. El movimiento del 77 no quiere estar obsesionado con la centralidad política del Estado, del partido, de la ideología. Prefiere dispersar su atención, su acción transformadora, su comunicación por territorios mucho más deshilachados: las formas de convivencia, las drogas, la sexualidad, el rechazo del trabajo, la experimentación de formas de trabajo con motivación ética, la creatividad.

Por todas estas razones ese movimiento escapa definitivamente de la referencia conceptual y política del movimiento obrero de la Tercera Internacional, sea en su variante reformista del PCI, sea en su variante revolucionario–leninista. Ese movimiento no tenía nada que hacer con esas viejas historias. Y sin embargo, aquellas viejas historias le pasaron factura, lo ro­dearon con sus antiguallas y sus obsesiones.

El PCI del compromiso histórico trató de aislar al movimiento con una estrategia de marginación cultural prolongada. La tradición estalinomaoísta persiguió al movimiento con el terror, la militarización, el chantaje y, al final, con la epidemia del arrepentimiento. Desde este punto de vista hay que decir, sin tantas historias, que 1977 (en especial el boloñés) fue el primer episodio de 1989(14).

Es en Bolonia donde se inicia el proceso definitivo de desmantelamiento de la burocracia estalinista que después del Memorial de Yalta de Togliatti en 1964(15) se había reciclado como burocracia reformista sin abandonar su vocación de aplastar la disdencia, de expulsarla, calumniarla, mistificarla, reprimirla. En Bolonia, en marzo de 1977 muchos pensaron que el enemigo principal era el PCI. Los comunistas lo decían con incredulidad, como si fuese un escándalo denunciar su poder.

Pero la dureza de ese enfrentamiento debe entenderse en la perspectiva de un cambio cultural profundo. El movimiento ponía en cuestión los dos pilares sobre los que se había fundado la cultura del partido comunista.

En primer lugar, la ética del trabajo, el orgullo del productor que reivindica profesionalidad, oficio, autogestión. El movimiento oponía a eso el rechazo del trabajo, el absentismo, la desafección y la perspectiva de una progresiva decadencia del valor histórico y productivo del trabajo obrero.

En segundo lugar, el movimiento ponía en cuestión la identificación entre clase obrera y Estado, la adhesión profunda a la institución estatal, considerada por el PCI como un elemento fundamental de la identidad democrática. El movimiento prefería afirmar la obsolescencia tendencial del Estado, su vaciamiento y su progresiva reducción a pura y simple máquina represiva. El fetichismo de la forma–Estado característico del grupo dirigente del PCI estaba además vinculado a la teorización leninista en su versión terzointernacionalista. Desde luego, Marx no puso al Estado en un pedestal. Fue el partido de Lenin, una vez alcanzado el poder, quien identificó el Estado obrero con el ideal histórico y político del poder obrero. Visto a toro pasado, podemos afirmar que la identificación entre Estado y poder obrero era una de las más profundas mentiras de la teoría y la práctica estalinianas, y una de las huellas más indelebles de la tradición terzointernacionalista y comunista.

Esta problemática apareció en Bolonia, aunque en forma atenuada y reformada, y la santificación del Estado como forma indiscutible a la que debe ser reconducida toda mediación social estaba lejísimos del espíritu libertario del movimiento. En este sentido, el movimiento (en especial el boloñés) tuvo una doble responsabilidad cultural. Por un lado, contribuyó a reducir la religión estatalista de la izquierda. Por otro lado, abrió el camino, de algún modo, al liberalismo que en los años ochenta se extendió por la cultura y la economía, tras la victoria de Thatcher y Reagan.

Cuando los estudiantes se pusieron a contestar a los mandarines académicos, descubrieron que en buena parte se trataba de mandarines con carnet del PCI. Los jóvenes obreros de Emilia se encontraron con que sus patrones estaban en muchos casos afiliados al PCI. Cuando los obreros de la Fiat atacaron las políticas patronales y reivindicaron su autonomía, se encontraron enfrente, defendiendo a Agnelli(16), a Giorgio Amendola, el viejo dirigente estalinista napolitano reconvertido a un reformismo autoritario. Por todas estas razones, el movimiento vio en el PCI un enemigo y no un interlocutor con el que discutir.

En los años anteriores se había insistido mucho, en Italia y en el extranjero, en la naturaleza específica de la experiencia comunista italiana. El PCI era un partido más democrático que sus partidos hermanos de Europa oriental o de Francia. Era cierto, en alguna medida. Había sido cierto desde luego en los años sesenta, antes de la invasión soviética de Checoslovaquia. A finales de los años sesenta en el PCI se abrió una dialéctica cultural que registraba la novedad del movimiento estudiantil. Pero este debate nunca alcanzó a mover a la cúpula, ni a la dirección central, ni a las ideologías fuertes que guiaban al partido–coloso. En los setenta, el PCI se encerró en la torre de marfil de la autonomía de lo político . Tras el golpe de Estado en Chile el entonces secretario general del PCI, Enrico Berlinguer, pensó que no había otro camino que el del compromiso político con la Democracia Cristiana. Cuando vio crecer el movimiento autónomo y, sobre todo, cuando vio que el movimiento atacaba el baluarte boloñés del PCI, reaccionó llamando despectivamente a los contestatarios untorelli(17), y afirmó que éstos jamás lograrían conquistar el bastión boloñés.

Pero la previsión de Berlinguer fue desmentida por los hechos a la larga. El 77 puso en marcha una dinámica de corrosión que se puede leer hoy a la luz de lo que sucedería doce años más tarde, en el 89, en toda Europa. Desde el 77 la afiliación al PCI empieza a declinar de modo inexorable. La izquierda no sabía ver otra cosa que la política, y no supo así ver lo que empezaba a moverse en el vientre profundo de la sociedad. No supo ver las dinámicas culturales profundas que procedían de la cultura americana. Tampoco supo prever las dinámicas tecnológicas y las transformaciones productivas que se derivarían de ellas. En lugar de seguir la evolución de la sociedad, la izquierda se erigió en guardián de la continuidad del sistema político. En ello reside la analogía entre el 77 boloñés y lo que después sería el 89. El 77 fue el anuncio del 89 precisamente porque reivindicó la autonomía del devenir social molecular (tecnológico, productivo, cultural, comunicativo) frente a la rigidez molar de lo político, del Estado y del partido.
Information to the people.

Information to the people es uno de los eslóganes que nacen del movimiento de la contracultura en la California de los años 60. En el caldo de cultivo de la costa occidental de los Estados Unidos crecieron Steve Wozniak y Steve Jobs , fundadores de Apple Computer , y creadores de la filosofía y la práctica que está en la base de la difusión de la informática, el interfaz amistoso, el espíritu de red y el open source . El año en el que se registra la marca Apple es, qué casualidad, 1977. En ese año se produce en Italia el estallido de una forma innovadora de comunicación, la de las radios libres y la del uso del directo en las transmisiones radiofónicas. El nacimiento de las radios libres es consecuencia de un acontecimiento jurídico de diciembre de 1974. En ese mes el Tribunal Constitucional italiano estableció la inconstitucionalidad del monopolio estatal del éter, y estableció de forma indirecta el derecho de transmisión para cualquier ciudadano o asociación. El propio Tribunal, en esa misma sentencia, reclamaba la necesidad de una regulación del uso del éter.

En ese vacío legal algunos empezaron a entrever la posibilidad de construir estructuras de información completamente libres, desligadas de cualquier institución estatal o política, y de cualquier interés comercial, económico o especulativo. Y era posible. El coste de instalación de una emisora radiofónica era en esa época irrisorio. Incluso para los estudiantes o los jóvenes obreros era posible conseguir los pocos cientos de miles de liras que hacían falta para comprar un transmisor, un equipo de alta fidelidad y una mezcladora. Fue así como nació Radio Alice , la primera radio libre capaz de poner en marcha un proceso de autoorganización creativa y poner a disposición del movimiento un instrumento simple y eficaz de información. Radio Alice nació el 9 de febrero de 1976. Desde los primeros días de emisión suscitó una oleada de indignación en la opinión pública bienpensante. Il Resto del Carlino , el diario boloñés ultraconformista denunció que « Radio Alice emite mensajes obscenos», mientras el PCI insinuaba que detrás de la radio debía haber intereses ocultos. No había ningún financiador. La radio se financiaba con las aportaciones voluntarias de los redactores, que al principio eran una decena y en pocas semanas alcanzaron un número incalculable. No había una programación fija para cada día, salvo un boletín político emitido a horas más o menos regulares y algunas emisiones un tanto peculiares, como las lecciones de yoga por las mañanas y las largas sesiones de música en directo y de poesía que se prolongaban hasta altas horas de la noche.

Radio Alice , como A/traverso , la revista maodadaísta que empezó a publicarse en mayo de 1975, fue el signo explícito y declarado de una voluntad del movimiento de salir de los esquemas lingüísticos del movimiento obrero tradicional y de experimentar lenguajes provocadores y directos que se inspiraban en el surrealismo y el dadaísmo, y que proponían técnicas de agitación propias de la cultura hippy: la burla, la ironía, la difusión de noticias falsas, la mezcla de tonos líricos y tonos histéricos en la comunicación política, la mezcla del horizonte histórico con los acontecimientos menores de la vida diaria. Sexualidad y drogas se convirtieron por primera vez en asunto de discusión y activismo. No debemos olvidar que esos son también los años en los que aparecen en la escena cultural, primero en los Estados Unidos, después en Europa, el movimiento feminista y el movimiento gay. Son los años en los que el consumo de drogas, hasta entonces un fenómeno absolutamente marginal, se convierte en un elemento característico de las vivencias estudiantiles y juveniles.

Al mismo tiempo, el pensamiento filosófico, en especial en Francia, repiensa en términos de microfísica el horizonte del poder y el de la liberación. La subjetividad ya no es identificada del modo monolítico propio de la ideología, de la política, de la pertenencia social, sino mediante toda una microfísica de las necesidades, del imaginario, del deseo. La noción de microfísica social fue introducida en la discusión por Michel Foucault y posteriormente desarrollada por Deleuze y Guattari en el AntiEdipo . La noción de sujeto es sustituida por la de subjetivación, para indicar que el sujeto no es algo dado, socialmente determinado e ideológicamente consistente. En su lugar, debemos ver procesos de atracción y de imaginación que modelan los cuerpos sociales, haciendo que actúen como sujetos dinámicos, mutables, proliferantes. La Historia de la locura de Michel Foucault, el AntiEdipo de Deleuze y Guattari y Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes(18) son libros en torno a los cuales se desarrolló en aquellos años un enorme interés. Estos libros acabaron por convertirse en puntos de referencia del discurso político, a pesar de no tener carácter de programa político. Estos libros proponían un estilo, el estilo nómada, no identitario, flexible pero no integrable, creativo pero no competitivo. El movimiento boloñés alimentó su lenguaje y sus comportamientos con las palabras que salían de aquellos libros y por ello desarrolló con anticipación una idea del movimiento como agente simbólico, como colectivo de producción mediática, como sujeto colectivo de enunciación, por utilizar la expresión de Guattari.

Durante todo el siglo del movimiento obrero, el problema de la producción cultural se había planteado en términos puramente instrumentales, en términos de contrainformación, de restablecimiento de la verdad proletaria contra la mentira burguesa. La cultura era considerada (según las tesis del materialismo histórico) como una superestructura, un efecto determinado por las relaciones de producción. El pensamiento postestructuralista francés puso en crisis esta visión mecánica.

Tomando como referencia la ruptura que significó el postestructuralismo francés, la revista A/traverso llevó adelante una dura batalla contra el materialismo histórico y su mecanicismo. Radio Alice rechazó siempre ser identificada como un instrumento de contrainformación. Radio Alice , para empezar, no era un instrumento. Era un agente comunicativo. No estaba al servicio del proletariado o del movimiento, sino que era una subjetividad del movimiento. Y, sobre todo, no pretendía restablecer la verdad negada, oculta, conculcada o re­primida. No existe una verdad objetiva, que corresponda a una dinámica pro­funda de la historia. La historia es precisamente el lugar en el que se manifiestan verdades contradictorias, producciones simbólicas todas ellas igualmente falsas e igualmente verdaderas.

La lección desencantada de la semiología de Umberto Eco, del postestructuralismo de Foucault y de Deleuze–Guattari se infiltró con fecundidad en las teorías y las prácticas de las radios del movimiento, y poco a poco agrietó el edificio de la ortodoxia. La cultura dejó de ser considerada una superestructura, para entenderse como una producción simbólica que entra a formar el imaginario, es decir, el océano de imágenes, de sentimientos, de expectativas, de deseos y de motivaciones sobre el que se funda el proceso social, con sus cambios y sus virajes.
La batalla del mediascape.

El movimiento boloñés intuyó con antelación la función decisiva de los media en una sociedad postindustrial. Esta sensibilidad fue mérito, entre otros, del DAMS boloñés(19), la escuela nacida precisamente en aquellos años en la que enseñaban personas lúcidas como Giuliano Scabia, Umberto Eco o Paolo Fabbri. En cierto sentido podemos decir que el movimiento del 77 fue también un laboratorio de formación para millares de operadores de la comunicación que en los decenios siguientes han participado en la gran batalla de la comunicación desarrollada desde el 77 hasta hoy. Esa batalla ha acabado por sobredeterminar la lucha política, de modo que hoy el rey de la televisión es el rey de la república que, de hecho, es una república monárquica.

Esa batalla ha acabado en desastre. Tras la sentencia del Tribunal Constitucional italiano que hizo posible la libertad de emisión, mientras nosotros hacíamos las primeras radios libres, la izquierda nos advertía, desconfiada: «ahora vosotros abrís esas pequeñas radios democráticas, pero mañana llegará el gran capital y se adueñará así del sistema mediático». Así sonaba, más o menos, el reproche de la izquierda y en especial del PCI. Se pensaba que acabaría por ser Rizzoli, propietario entonces de varias cabeceras de diarios, quien construyese un imperio mediático en el espacio abierto en aquellos años, pero finalmente fue Berlusconi. La brecha abierta por las pequeñas radios libres le permitió crear Milano cinque que después se convirtió en Canale Cinque . ¿Tenía entonces razón el PCI, que defendía el carácter público de la información y nos ponía en guardia frente a los peligros de la liberalización, que abría el camino al gran capital? No, no tenía razón el PCI, la tenía el movimiento de las radios libres. Porque la libertad de información, además de ser un bien en sí mismo, es también un proceso inevitable, porque no se puede contener el flujo de proliferación de la información. El movimiento había intuido la evolución de las relaciones entre comunicación y sociedad, y habría podido transformarse en un gigantesco laboratorio de producción comunicativa. Ese habría sido el antídoto contra el peligro Berlusconi, el antídoto anticipado contra la ciberdictadura. Pero no sucedió eso. En marzo se produjo una insurrección dramática y al mismo tiempo alegre, en septiembre se produjo el congreso contra las represiones.

Marzo fue colorido y feliz, creativo e inteligente.

Septiembre fue plomizo y rencoroso, ideológico y agresivo.

El movimiento había encontrado la calle bloqueada por las tanquetas, y cientos de jóvenes habían acabado en la cárcel. La esperanza de marzo se convirtió en la tenebrosa y desesperada determinación de septiembre.

El terrorismo vino después, y la heroína también. Llegaron para traer la derrota, para eliminar al único adversario posible del ciberfascismo italiano. Hoy escribimos estas páginas en un clima completamente cambiado. De momento, y no sabemos por cuánto tiempo, el ciberfascismo ha ganado la batalla. Personajes ridículos dominan la escena de la política amenazando con posibles desastres.

El mediascape de hoy (doscientas mil veces más cerrado que el mediascape del 77) está estructurado según las mismas líneas de entonces. Había entonces una información completamente controlada, una información de régimen que procedía del púlpito del compromiso histórico, de la iglesia católico–togliattiana. Y de golpe aparecieron las radios libres, los panfletos transversales, los indios metropolitanos, los centros del proletariado juvenil, los primeros grupos de videoactivistas. Del mismo modo, hoy la información está completamente controlada, procede de una única fuente como entonces. Un único patrón gobierna los flujos que rocían la mente barroca del pueblo italiano. Pero de golpe ha surgido la innumerable masa de comunicación horizontal que compone Internet, los cien mil nodos de la red Indymedia, la proliferación de los videomakers por las calles.

Tal vez sea en este terreno, en el de la comunicación, la producción del imaginario, de la formación de los panoramas psíquicos, donde se dibuje una posibilidad de recuperación de una perspectiva civil, política y cultural que permita superar la actual barbarie. Suponiendo que quede algo de humano cuando acabe la tormenta. Cosa que no está del todo clara.

El 77 fue, recordémoslo, anticipación e inicio del fenómeno llamado punk , que ha representado el alma más profunda de las culturas juveniles de los años ochenta y noventa. El punk no fue, en realidad, un puro y simple gesto inmediato de revuelta, aunque le encantase presentarse como tal. El punk fue el despertar de la consciencia tardomoderna frente al efecto irreversible de devastación producido por todo aquéllos que los movimientos revolucionarios no supieron cambiar, eliminar, destruir.

El punk fue una especie de desesperada y lúcida consciencia de un después sin salvación.

No future , declaró la cultura punk, contemporánea de la insurrección creativa de Bolonia y de Roma: «No hay ningún futuro». Aún estamos en ese punto, mientras la guerra más demencial que la humanidad haya conocido destruye las consciencias y las esperanzas de una vida vivible. Estamos aún allí, en el punto en el que nos dejó el congreso de septiembre de 1977.

No future sigue siendo, hoy como entonces, el análisis más agudo y el diagnóstico más acertado.

Y la desesperación el sentimiento más humano.

(1) Capítulo de Franco Berardi (Bifo) y Verónica Bridi (a cargo de), 1977 l’anno in cui il futuro incominciò , Roma, Fandango 2002. Traducción de Patricia Amigot y Manuel Aguilar.

(2) Interfaz amistoso con el usuario, el interfaz de usuario de los ordenadores basado en metáforas gráficas (carpetas, ventanas, escritorio) y en el uso del ratón (nota de los traductores)

(3) Simon Nora y Alain Minc, La informatización de la sociedad , Madrid, Fondo de Cultura Económica 1982

(4) Por Deng Xiaoping, dirigente comunista chino. Vinculado desde los años cincuenta al ala moderada o conservadora del PCCh, fue destituido durante la Revolución Cultural Proletaria en 1967–69. Regresó al poder de la mano de Zhou Enlai en 1973. Tras la muerte de Zhou y Mao en 1976, se enfrentó con la llamada banda de los cuatro a la que desalojó del poder. Entre 1977 y 1987, Deng fue el inspirador de la reforma de la sociedad china hacia una economía capitalista bajo la dirección del partido comunista. (N. de T.)

(5) «Ya es hora, ya es hora, trabaja sólo una hora»

(6) «Trabajo cero, sueldo entero/toda la producción a la automatización»

(7) «Ya es hora, ya es hora, el poder a quien trabaja»

(8) El PCI llamó compromiso histórico a su propuesta de acuerdo con la Democracia Cristiana para conjuntamente reformar la sociedad italiana. Se presentó como una línea contraria a la tradicional de promover un gobierno de izquierda alternativo a la DC, que Berlinguer, secretario general del PCI consideraba condenada al fracaso tras los sucesos de Chile en 1973. En la práctica se tradujo en una colaboración subalterna del PCI con la DC durante los años de la emergencia o años de plomo, en la represión contra el movimiento social, contra Autonomia Operaia y contra las Brigate Rosse. N. de T.

(9) 7 de abril, 21 de diciembre: detenciones en masa de intelectuales ligados a la Autonomia, muchos de los cuales fueron declarados inocentes después de cumplir cinco años de cárcel sin pruebas.

(10) «La revolución ha terminado hemos vencido»

(11) Daniel Bell, El advenimiento de la sociedad postindustrial: un intento de prognosis social , Madrid, Alianza 1976; Jean–François Lyotard, La condición postmoderna: informe sobre el saber , Madrid, Cátedra 1984; y Jean Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte , Caracas, Monte Ávila 1993.

(12) Empezando por la ruptura de la Primera Internacional, siguiendo con el cisma bolchevique, el conflicto entre la Tercera Internacional y el Linkskommunismus , la guerra entre estalinismo y trostkismo en los años 30, y acabando en la ruptura chino–soviética y la guerra entre revolucionarios y reformistas en los 60.

(13) Gilles Deleuze y Félix Guattari, El anti–Edipo: Capitalismo y esquizofrenia , Barcelona, Paidós 1985.

(14) Año de la caída del muro de Berlín. N. de T.

(15) Palmiro Togliatti, dirigente de la Internacional Comunista y máximo dirigente del PCI desde 1926 hasta su muerte en 1964 en Yalta (Crimea, URSS), dejó formuladas en su testamento político (el llamado Memorial de Yalta) las líneas maestras de su concepción del policentrismo del movimiento comunista internacional (por oposición al liderazgo de la URSS) y de la vía italiana al socialismo por medio de una acción pacífica, de masas, electoral de reformas en el marco de las instituciones de la república italiana. N. de T.

(16) El gran patrón de la Fiat. N. de T.

(17) Nombre con el que se llamaba en las épocas de peste, a personas a las que se acusaba de contagiar la peste untando las puertas. En sentido figurado, pobre diablo. N. de T.

(18) Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica , México, Fondo de Cultura Económica 1997; Roland Barthes y Eduardo Molina, Fragmentos de un discurso amoroso , Madrid–México, Siglo XXI 1999

(19) El DAMS ( Discipline delle Arti, della Musica e dello Spettacolo ) nació en 1971 en la Universidad de Bolonia como curso de licenciatura en al Facultad de Filosofía y Letras con el fin de desarrollar una política de sinergias entre lenguajes expresivos no verbales. (http://www2.unibo.it/dams/).