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jueves, 12 de noviembre de 2009

El Movimiento Letrista. El Asalto a la Cultura x Steward Home.

isidore isou personaje visible de los letristas.
Virus 2002.

El Movimiento Letrista fue puesto en marcha por el romano Isidore Isou (nacido Jean-Isidore Goldstein, 1925) y por el francés Gabriel Pomerand (París, 1926). La controversia le fue connatural desde sus comienzos. Con motivo de la primera presentación pública del Letrismo (8 de enero de 1946), el poeta ruso Iliazd organizó un acto alternativo en el que demostraba que existían numerosos precedentes de lo que Isou denominaba Letrismo. En el mismo año, Isou interrumpió una conferencia sobre Dadá que estaba siendo pronunciada por Michel Leiris en el Teatro Vieux-Colombier,[l] con el propósito de leer su propia poesía y el primer (y único) número de La dictadura letrista.



En 1947, la prestigiosa editorial Gallimard publicó el manifiesto letrista de Isou: Introduction a une Nouvelle Poésie et a une Nouvelle Musique. Lo único que salva este túrgido tomo de una total ilegibilidad es la megalomanía de Isou. Buen ejemplo de su pretenciosidad son encabezamientos tales como "De Charles Baudelaire a Isidore Isou" y "De Claude Debussy a Isidore Isou". Una nota al pie informa al lector de que Isou pretende jugar en el campo de la poesía el papel "jugado por Jesús en el Judaísmo, es decir, que Isou pretende romper una rama y hacer un árbol de ella". Además de ser un medio de autopropaganda, en este volumen Isou proclamaba su creencia en que el desarrollo de la poesía se fundaba en la deconstrucción de las palabras en sus partes constituyentes. Las palabras, tal como existían en el tiempo, debían ser totalmente abolidas y la poesía debía fundirse con la música. El resultado sería un "arte único", sin huella alguna de "diferencia original".



Isou proclamaba también que la evolución de todo arte constaba de dos fases: la fase "expansiva" y la fase de "desbastado". La fase "expansiva" es un periodo de crecimiento, que es seguido por una fase de "desbastado", en la que se refinan y finalmente se destruyen los logros del primer periodo. La fase "expansiva" duraría en poesía hasta 1857, en que Baudelaire iniciaría la fase de desbastado al reducir lo narrativo al ámbito de lo anecdótico. Rimbaud abandonaría la anécdota por la rima y las palabras, y las palabras serían reducidas a espacio y sonido por Mallarmé. Finalmente los dadaístas destruirían definitivamente las palabras. Isou quería completar la fase de desbastado y, a partir de sus descubrimientos "letristas", iniciar una nueva fase "expansiva".



Aunque las teorías de Isou no carecen totalmente de mérito, el punto más interesante de su libro es la afirmación de que "el Surrealismo está muerto". Isou y el Movimiento Letrista iban a ser el primer grupo en llevar a término esta importante ruptura; e iba a ser a través de esta brecha como el resto de las herejías de vanguardia romperían finalmente con la influencia maligna y dictatorial de Breton.



Aunque inicialmente la actividad letrista se centraba en la poesía sonora, se iba a reorientar en seguida hacia la producción visual. Aquí, las letras se concebían como la unidad básica a partir de la cual se deberían construir las obras. Las formas resultantes, que se asemejan a la poesía concreta, ilustran el empeño literario de los letristas. De éstas surgió un modo de "pintura" letrista, en que el objeto central de contemplación estética seguía siendo la letra. Los primeros pintores letristas fueron Pomerand, Guy Vallot (cuyo nombre real era Rodica Valeanu) y Roberdhay. A Isou nunca le satisficieron demasiado los resultados conseguidos por éstos y, eventualmente, adoptaría él mismo la pintura con el fin de materializar sus teorías para la disciplina.



El Movimiento Letrista extendió el ámbito de sus actividades después de que en 1950 se unieran al grupo ]ean-Louis Brau (Saint Owen, 1930), Gil. Wolman (París, 1929) y Maurice Lemaitre (París, 1931). Guy-Ernest Debord (París, 1931) fue reclutado al año siguiente. Lemaitre estaba destinado a ser el miembro más duradero y, tras Isou, el más conocido del movimiento. Brau, Wolman y Debord habían roto ya con Isou a finales de 1953. Sin embargo, los años 1951-52, previos a la ruptura, iban a ser vitales para el desarrollo del "cine letrista".



Jean Cocteau concedió el premio de la vanguardia del Festival de Cannes a la primera "película desbastadora" de Isou: El tratado de la bobada y la eternidad (1951). La banda sonora de esta película no tenía relación ninguna, ni directa ni indirecta, con la imagen y podía considerarse como un "producto en sí mismo". Visualmente contenía imágenes deliberadamente aburridas, como fotos fijas que habían sido rayadas y rasgadas previamente. En 1951 se produjo también la película de Lemaitre ¿Ha empezado ya la película? , en que desarrollaba el concepto de desbastado de Isou mediante la inscripción directa de letras, números y otros signos sobre la cinta. Durante la proyección del film, la pantalla estaba cubierta de objetos que eran manipulados durante la sesión, a la vez que se introducían los movimientos y los pensamientos de los espectadores en la banda sonora.



En 1952 se realizaron L'Anti-Concept de Wolman, Los tambores del Juicio Final de Dufrene, El barco de la vida corriente de Brau, El Debate sobre cine de Isou (en que el debate sobre la película era la película misma) y Gritos a favor de Sade de Debord. Esta última no contenía ninguna imagen y consistía principalmente en la proyección de la cinta oscurecida, sin más banda sonora que el click del proyector. Para aliviar esta monotonía aparecían ocasionalmente fogonazos de luz blanca acompañados de un arbitrario diálogo. Los últimos veinticuatro minutos son totalmente en silencio.



Isou utilizó a menudo sus teorías políticas y económicas, desarrolladas desde 1948, como tema de sus películas. Según opinión de Maurice Lemaitre, en Les idees politiques du Mouvement Lettriste: L'union de la jeuneusse dans l'enseignement, la banque et la planification (publicado por primera vez en Combat, 119167), toda la política económica anterior a Isou se había concentrado en la población trabajadora:



::Sin embargo, Isidore Isou ha descubierto que una gran parte de la otra mitad de la población de cada país -y sobre todo los millones que constituyen la población juvenil- está en una posición muy diferente, ya que se sitúa fuera del mercado, fuera de las relaciones y definiciones que toman en cuenta todos los teóricos de la ciencia de los bienes y enseres.



::En consecuencia, denominamos internos, adheridos o adaptados a aquellos individuos que aceptan su función en el sistema, a aquellos que se ajustan a su posición de productores y asumen los problemas de su "clase". Mientras que aquellas decenas de millones de individuos que no aceptan su función, que rechazan su posición en el sistema, que gastan su energía en subir la escala social con el fin de "llegar", son denominados externos o inadaptados.



::[...] los externos y, sobre todo, los jóvenes son esclavos y están sobreexplotados desde el punto de vista económico.



Isou utilizaría la analogía de la física nuclear para explicar esta división social. Los internos serían los individuos maduros, los átomos viejos o su aglomeración molecular, en tanto que los externos serían los electrones que aún no se han establecido... Los externos, alejados de la producción de bienes de consumo y sin posición alguna en la sociedad, utilizarían sus energías en minar los fundamentos económicos y políticos del sistema existente. En un panfleto letrista editado cuando Lemaitre se presentó como candidato en las elecciones francesas de 1967, la plataforma de los así autodenominados "economistas nucleares" se presentaba en los siguientes términos:



::No seremos capaces de alcanzar estas formas nuevas de organización sin una educación creativa basada en la distinción entre los innovadores y los insignificantes imitadores.



::El sistema crediticio de bienes de consumo, ya esté calculado en términos monetarios o no, debe serle arrebatado a los internos sedentarios, a los burócratas directores de banco.



::Toda la riqueza de la esfera económica sólo puede ser producida y distribuida por medio de un permanente intercambio creativo ya través de un planteamiento nuclear (promovido por nuestro movimiento).



::Debemos añadir a la nobleza tradicional del trabajo derivada de la permanente y multiplicadora creación de riqueza una rotación del poder y de las posiciones de control.



::No es nuestro propósito crear una sociedad socialista o comunista al uso, en que los hombres trabajen a cambio de recompensas abundantes y estáticas. Sino que propugnamos avanzar hacia una sociedad ideal en que los hombres vivan mucho más, al reducir la maldición del trabajo al mínimo, y aspiren a un gozo pleno ya un éxtasis progresivo.



Se puede deducir de los textos políticos de Isou y Lemaitre que el Movimiento Letrista se ajusta tanto a la tradición utopista como a la vanguardia del siglo XX. De hecho, el deseo de teorizar acerca de todos los aspectos de la vida es típico tanto de la tradición utopista, en general, como de la vanguardia del siglo XX, en particular. Aparte de los aspectos tratados aquí, también existió un teatro, una psicoterapia y una educación letristas (en 1980 el Movimiento Letrista fundó la Universidad Leonardo da Vinci).



A pesar de las pretensiones de Isou, su grupo no ejercía una crítica materialista de la sociedad dominante. A diferencia de otros movimientos utópicos de la posguerra, el Letrismo no se oponía a la cultura seria o alta cultura.[2] Es más, las notas de programa de la obra de Lemaitre L'Ascension du Phenix apuntan lo siguiente al respecto de tal oposición: "Sólo los fanáticos tullidos, carentes de alguna dimensión física pueden rechazar totalmente un ámbito que es necesario para el espíritu".



Los letristas de Isou nunca entendieron que el arte, a diferencia de la expresión, es una construcción burguesa. Se enorgullecían de haber expulsado a los surrealistas de su trono, pero no fueron capaces de construir nada a partir de los descubrimientos del Dadá berlinés. De hecho, Isou odiaba activamente dichos elementos progresistas, mientras que su crítica a los surrealistas no iba más allá de afirmar que éstos ya habían hecho su contribución a la cultura y que no tenían nada más que ofrecer al mundo. Afortunadamente, fuera del limitado ámbito de los círculos letristas no fueron tomadas en serio las ideas lanzadas por Isou, respecto a que la creatividad es la tendencia esencial del ser humano y de que él mismo había resistematizado todas las ciencias del lenguaje y del signo en una nueva disciplina que había denominado "hipergrafología".



Notas:



1. Las diferentes fuentes dan un relato ligeramente diferente de este acontecimiento. En su conferencia Las creaciones del letrismo en la poesía y la música, pronunciada en el Lewis & Clark College de Portland, Oregón, el 24/5/76, Maurice Lemaitre contaba que:



''En 1946, en el transcurso de la primera representación de posguerra de La Fuite [La huida] de Tristan Tzara, líder incontestado (sic) del movimiento Dadá, un grupo de jóvenes desconocidos saltaron al escenario del teatro Vieux-Colombier gritando «¡Ya nos sabemos eso, basta de antiguallas! ¡Queremos algo nuevo, oigamos algo del Letrismo!» Y uno de ellos, con acento rumano, comenzó a recitar unos poemas extraños e ininteligibles, que sonaban como cantos africanos. El escándalo fue enorme, puesto que se desató en medio de aquellos que representaban el escándalo mismo en poesía: los mismos dadaístas y surrealistas. Al día siguiente, por supuesto, los letristas estaban en todos los periódicos. Así nació el movimiento letrista, el primer grupo de literatura vanguardista que había conocido Francia desde la Segunda Guerra Mundial.''



2. Este término fue acuñado por Henry Flynt a comienzo de los años 60.





La Internacional Letrista (1952-1957)



La Internacional Letrista (IL) fue el primer grupo escindido del Movimiento letrista (ML) de Isou. A ellos les seguirían los Ultraletristas. La IL se formó después de que el ala izquierda del Movimiento letrista irrumpiera en una conferencia de prensa de Charles Chaplin para Limelight en el Hotel Ritz de París, en octubre de 1952.



Isou denunció inmediatamente a la prensa a los responsables, criticando el panfleto que habían distribuido y proclamando que la creatividad de Chaplin le hacía intocable. Los jóvenes letristas que habían ideado la intervención respondieron a su vez con una carta abierta publicada en la revista Combat (2/11/52) :



::Creemos que el ejercicio de libertad más urgente es la destrucción de los ídolos, especialmente cuando se presentan a sí mismos en nombre de la libertad. El tono provocador de nuestro panfleto era un ataque contra el entusiasmo unánime y servil. La desaprobación por ciertos letristas, incluido el mismo Isou, revela tan sólo la incomprensión que se genera constantemente entre los extremistas y aquellos que ya no lo son.



Esta carta anunciaba también la formación de la Internacional Letrista. El número de los pertenecientes a este grupo disidente era en extremo inestable -doce de sus miembros fueron excluidos en los dos primeros años-, pero su centro estaba constituido por Michele Bernstein y el que sería su marido Guy Debord, Gil J. Wolman, Mohamed Dahou, Andre-Frank Conord y Jacques Fillon.



Allí donde el Movimiento Letrista (ML) había producido artefactos culturales, la Internacional Letrista (IL) pretendía "vivir" la revolución cultural. Las actividades de la IL habían de ser siempre provisionales y sujetas a la experimentación y al cambio. Así, se abandonó el empeño literario del ML, pero la IL se dispuso a trabajar en las teorías arquitectónicas que habían alcanzado una formulación embrionaria en el ML. En su manifiesto Isou decía que, en vez de construir «palacios para reyes, iglesias para dioses y arcos triunfales para los héroes, debemos construir palacios para albergar a los vagabundos y a los condenados a cadena perpetua, convertir las iglesias en urinarios, los arcos triunfales en bares [ ...] debemos construir como por azar, como deseemos y con los materiales que queramos».



El texto más importante sobre arquitectura y urbanismo de la IL fue "Fórmula para una nueva ciudad" de Ivan Chtcheglov. Escrito en 1953, este ensayo permaneció inédito hasta 1958, en que apareció en el primer número de Internationale Situationiste. Chtcheglov, de diecinueve años, bajo el pseudónimo de Gilles Ivain, veía las ciudades como el lugar de una "nueva visión del tiempo y del espacio". La naturaleza precisa de tal nueva visión debía establecerse experimentado nuevos modos de comportamiento en el entorno urbano. La arquitectura iba a ser un modo de transformar la vida. Tal transformación era necesaria puesto que:



::Una enfermedad mental ha harrido el planeta: la banalización. Todo el mundo está hipnotizado por la producción y los servicios: la red hidráulica, los ascensores, los baños, la lavadora.



::Este estado de cosas, resultado de la lucha contra la pobreza, ha acabado traicionando su fin último: la liberación del hombre de sus preocupaciones materiales, y se ha convertido en una imagen obsesiva que pende sobre el presente [...] Se ha vuelto esencial provocar una completa transformación espiritual, devolviendo a la luz los deseos olvidados y llevando a cabo una propaganda intensiva de los mismos.



Una vez que se hubiera construido la «hacienda» -la nueva ciudad experimental-, todos deberían vivir en su propia "catedral". En la ciudad habría distintos barrios que se corresponderían con los "diversos sentimientos que uno experimenta por azar en la vida cotidiana". La actividad principal de sus habitantes sería permanecer en "una deriva continua". Es decir, discurriendo por el entorno urbano siguiendo los estímulos de la arquitectura y de los propios deseos.[1]



Durante el periodo que siguió a la redacción de este texto, las relaciones entre Chtcheglov y la IL no fueron en absoluto cordiales. En el segundo número del boletín informativo Potlatch (29/6/54) se describe a Chtcheglov como perteneciente a la banda de "viejas", cuya eliminación había perseguido la Internacional Letrista desde noviembre de 1952. El resto de esta banda incluía a Isou, Lemaitre, Pomerand, Berna y Brau. Más concretamente, Chtcheglov era descrito como un "mitómano" cuyo alocada teorización carecía de "conciencia revolucionaria". Casi una década más tarde, y después de que Chtcheglov hubiera pasado cinco años en un manicomio, se restablecieron las relaciones entre él, Bernstein y Debord. Se publicaron algunos extractos de las cartas que Chtcheglov envió a la pareja en Internationale Situationiste 9.



La IL desarrolló su teoría del "urbanismo unitario" a partir de Chtcheglov y de un "analfabeto de la Kabila" que, en verano de 1953, propuso el término general "psicogeografía".. para designar la investigación de fenómenos en flujo. Según Debord, en su "Introducción a una crítica de la geografía urbana".. (publicada en la revista surrealista belga Les Levres Nues, n.o 6, septiembre 1955):



::La psicogeografía podría tomar para sí el estudio de las leyes precisas y los efectos específicos del entorno geográfico, esté conscientemente organizado o no, en las emociones y el comportamiento de los individuos. El adjetivo psicogeográfico, debido a su placentera vaguedad, puede aplicarse a los descubrimientos realizados por este tipo de investigaciones, a su influencia en los sentimientos humanos y, más generalmente incluso, a cualquier situación o conducta que parezca reflejar el mismo espíritu de descubrimiento.



Las teorías y resultados de la IL, incluida la muy vanagloriada «construcción de situaciones», nunca fue más allá de la propuesta elaborada por Chtcheglov en "Fórmula para una nueva ciudad". En su "Introducción para una crítica de la geografía urbana". Debord escribe a un amigo que "vagaba por la región de Harz en Alemania siguiendo las pautas de un mapa de Londres". De un modo parecido, los diversos «juegos psicogeográficos» y «ejercicios», aunque no carentes de humor, no produjeron unos datos a partir de los que se pudiera avanzar en una investigación científica seria, a pesar del bombo que la IL dio a sus resultados experimentales. Entre éstos estaba la "cita posible", que consistía en pedirle a un individuo que se presentara solo en un momento y un lugar precisos sin que hubiera nadie allí con quien encontrarse. Otras variaciones incluían el organizar un encuentro con un desconocido. También se proponían actividades tales como caminar sin descanso ni rumbo cierto, hacer auto-stop en París durante una huelga de transporte público, o pasear por las catacumbas durante el periodo en que estaban cerradas al público. Estos ejemplos ilustran el interés que la IL mostraba por la realización de juegos en el espacio urbano, y demuestran hasta qué punto su concepto del urbanismo era psicológico y fisiológico más que puramente geográfico. Sin embargo, la IL no introdujo innovación alguna en el urbanismo. Su idea de introducir estructuras móviles y transformables ya había sido propuesta por Chtcheglov, así como la existencia nómada implícita en ella.[2] En su "Plan para mejorar la racionalidad de la ciudad de París" (publicado en Potlatch, n.O 23, 13/10/55) la IL hace, entre otras, las siguientes propuestas: abrir el metro por la noche, abrir los tejados de París como zonas de tránsito mediante escaleras que les den acceso, abrir los parques públicos por la noche; colocar interruptores en el alumbrado público de modo que la gente pueda decidir el grado de luz que desea; la transformación o demolición de las iglesias, eliminando toda huella de religión; la supresión de los cementerios, con la destrucción total de los cuerpos; la abolición de los museos, trasladando el arte a los bares; la libre admisión en las cárceles, con la posibilidad de visitas turísticas; y el que las calles no tuvieran nombres de santos ni de personajes ilustres. Éstas, y las otras fórmulas urbanísticas de la IL, eran ya un lugar común desde los lejanos tiempos del Futurismo. Sin embargo, podía considerarse una novedad el lugar central que ocupaban en el programa de la IL.



No es de extrañar que la IL tuviera pocas -si es que tenía alguna- ideas originales, si tenemos en cuenta que, aparte del urbanismo unitario, su interés principal estaba en la «desviación. Ésta consistía en el plagio de elementos estéticos preexistentes y su integración dentro de una construcción superior. Según Debord y Wolman, en "Métodos de desviación" (publicado en Les Levres Nues, n.o 8, mayo 1956):



:: El patrimonio literario y artístico de la humanidad debería ser utilizado como medio de propaganda revolucionaria [...] De hecho, es necesario desterrar toda noción de propiedad personal en este ámbito. La aparición de necesidades nuevas deja caducas ciertas obras "inspiradas" del pasado que se convierten en obstáculos y hábitos peligrosos. La cuestión no es si nos gustan o no. Debemos ir más allá de ellas.



::Cualquier elemento, no importa de dónde proceda, puede servir para rea/izar combinaciones nuevas [...] No es necesario decir que [...] se puede [...] alterar el significado de [...] los fragmentos del modo en que convenga, dejando a los imbéciles el respeto servil por las "citas".



Lo que Debord y Wolman llaman "desviaciones" es, a mayor escala, el sistema por el que se desarrolla la mayoría de la tecnología y el pensamiento humanos. Las innovaciones suelen ser generalmente una síntesis de elementos ya conocidos. Los pasos de gigante hacia lo desconocido sólo ocurren por accidente y no pueden ser evaluados del mismo modo que el resto de los avances humanos.



Durante su existencia, las actividades de la IL eran casi desconocidas. A pesar de la presencia de algunos argelinos entre sus filas (y del escritor escocés Alexander Trocchi tras los sucesos de octubre de 1955), la IL fue ante todo un fenómeno parisino. Su boletín Potlatch (el título hace referencia a las sociedades precomerciales que funcionan según el principio del "regalo" en vez del principio del intercambio económico) era gratuito. La primera edición, fechada el 22/6/54, constaba de 50 ejemplares. Al final de la primera serie (el último número fue sacado por la Internacional Situacionista en vez de por la IL el 5/11/57) se llegaron a producir 400 o 500 ejemplares. Sólo se publicó un número de la segunda serie.



La IL se unió con el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginativa, el 28 de julio de 1957, para formar la Internacional Situacionista (IS). Aunque no fuera obvio de entrada, muchos de los defectos de la IL se repetirían más tarde en esta organización, en particular su actitud aristocrática. Los escritos teóricos de la IL están sazonados de esnobismo. Por ejemplo, en la "Crítica de la geografía urbana", Debord describe el turismo como una "droga popular tan repugnante como lo puedan ser los deportes o las compras a crédito". A menudo, la IL hacía referencia a sus actividades como "presituacionistas", pero la formación de la IS no ocasionó ningún avance respecto al Letrismo, ni en el ámbito de la teoría ni en el de la práctica o la organización.



Notas:



1. Parece que Chtcheglov extrae sus ideas del legado de los románticos. Baudelaire viene inmediatamente a la mente como ejemplo de visión romántica de la ciudad muy cercana a la de Chtcheglov. Una cita del libro de Walter Benjamin Charles Baudelaire: A Lyric Poet In The Era of High Capitaltsm (N LB, Londres, 1973) ilustrará esto. El apartado empieza con una cita de Las flores del mal de Baudelaire:



"A través del viejo arrabal, donde las persianas colgaban de las ventanas de casas ruinosas, ocultando placeres .furtivos; cuando el sol cruel se abre paso golpe tras golpe en la ciudad y en los trigales, yo me pongo a practicar mi fantástico ejercicio de esgrima en solitario, olfateando una rima fortuita en cada esquina, tropezando con palabras como si fueran adoquines, a veces ideando versos hacía tiempo soñados".



Una de las intenciones perseguidas por Baudelaire en su Spleen de París era trasladar de manera adecuada sus experiencias a prosa, su poesía a prosa. En su dedicatoria de esta colección a Arsene Houssage, el editor jefe de La Presse, Baudelaire expone, además de esta intención, lo que en realidad constituía la base de estas experiencias: "Quién entre nosotros no ha soñado nunca, en momentos de ambición, con el milagro de una prosa poética, musical sin ritmo y sin rima, flexíble y con suficiente staccato como para adaptar las agitaciones líricas del alma, las pulsaciones de los sueños y los Súbitos saltos de la conciencia. Este idea/obsesivo es sobre todo hijo de la experiencia de ciudades gigantes, de la intersección de su miriada de relaciones". [...] Las reveladoras presentaciones de la gran ciudad [...] son el producto de quienes han atravesado la ciudad ausentes, como si estuvieran perdidos en sus pensamientos o preocupaciones. La imagen del fantasque escrine les hace justicia; Baudelaire tiene en mente su condición, que no es otra que la de/observador: En su libro sobre Dickens, Chesterton ha capturado magistralmente el hombre que recorre la gran ciudad perdido en pensamientos. Las peregrinaciones asiduas de Charles Dickens comenzaron durante su niñez. "Dondequiera que le tocara dar el callo, no tuvo más remedio que caminar de un lado a otro, y así recorrió medio Londres. Fue un muchacho soñador; siempre pensando en sus tristes perspectivas [...] Caminó en la oscuridad bajo las lámparas de Holborn y fue crucificado en Charing X [...] Él no acudió allí para la "observación", un hábito pedante; el no se puso a contemplar Charing X para cultivar su mente o contar las farolas en Holborn, para practicar su aritmética [...] Dickens no estampó estos lugares en su mente, sino que estampó su mente en estos lugares".



2. Aunque la IL, y más tarde los situacionistas, planeaban una transformación total del entorno urbano, nunca propusieron un programa viable respecto al modo de mantener el sentido de la comunidad humana durante y después de esta transformación. Sin tal programa, los sueños utópicos de la IL -si hubieran sido puestos en práctica- se hubieran convertido en una pesadilla como ocurría en las nuevas ciudades que se estaban construyendo por entonces. Aunque la IL y la Internacional Situacionista dedicaban mucho tiempo a hablar sobre comunidad y comunicación, sus tendencias sectarias demuestran que no existía un entendimiento real de tales conceptos.

miércoles, 22 de julio de 2009

Las armas de la provocación. De yippies, motherfuckers, provos y demás sin-vergüenzas.

NOTA DE EL HEDONISTA: EL DE ACA ALADO ES EL GRAN ABBIE HOFFMAN.


Antón F. Irimia.

Coruña, octubre de 2005.

“Estamos dispersando los mitos de América. Una vez que el mito es expuesto, la estructura detrás de ellos se desmorona como la arena. Resulta el caos. La gente debe crear nuevas realidades. En el proceso creamos nuevos mitos, y estos mitos predicen el futuro.”
Manifiesto Yippie

[Mas:]

Extasiado de alcohol y LSD, Abbie Hoffman rodaba por el suelo y gritaba “¡Yippie!, ¡Yippie! ¡Yippie!” El nuevo movimiento tenía al fin un nombre. El Youth International Party (Partido/Fiesta Internacional de la Juventud) iniciaba su andadura. Los yippies se ponían a la carga.
En las luchas contraculturales de los sesentas, Margolies creyó ver una “polarización wheelie feelie” entre los revolucionarios. Los wheelies serían los partícipes de la vieja izquierda; los políticos que piensan en términos de transformación de las instituciones. Los feelies, como diría Melville, serían los “artistas, los psicólogos y los chamanes del movimiento, avocados a la tarea privada de expandir la conciencia y hacerse más suaves, sensitivos y expresivos.” Pero esto era una exageración, la mayoría de los activistas se encontraban en términos intermedios. Una de las muchas formas intermedias fueron las de los yippies. Según Jerry Rubin, autor del Manifiesto Yippi, “los yippies creen que no puede haber una revolución social sin una revolución de las cabezas ni una revolución de las cabezas sin una revolución social.” Partícipes de esta visión de relación recíproca entre revolución social y revolución personal, y de la necesidad de combinar ambas de forma unitaria, son los grupos o movimientos contraculturales aquí mentados, si bien con sus propias peculiaridades. Ellos son los provos, los motherfuckers, la Weathermen Underground, la Comuna 1, y, como no, los yippies. El presente escrito pretende ser un recordatorio y un pequeño homenaje.

La polarización “wheelie feelie”.

Para los feelies la revolución era una revolución interior o no era nada; más aún, es a través de la revolución personal de los valores como se materializa la transformación social de las instituciones. Para los wheelies, en cambio, es necesario cambiar las estructuras sociales que condicionan las relaciones sociales y la misma esencia social e individual. Los feelies partían de la concepción hipppie que ve en el hombre de organización, el viejo izquierdista, una persona que no está realmente sino engarzado en un “viaje de poder”, un camino hacia la instauración de unas nuevas formas de dominación. La misma lógica burocrática –de partido o sindicato- conlleva la reproducción de los valores, pautas y premisas del sistema que se intenta derrocar. Por otra parte, el problema de los feelies para los wheelies no deja de ser menos obvio: todo movimiento apolítico y meramente personalista está fuertemente inclinado a la falta de responsabilidad y su fácil asimilación por los aparatos ideológicos del estado. Unos y otros tenían razón.

Los yippies intentaron combinar la faceta personalista y anti-burocrática con la de lucha social.

Para Abbie Hoffman, el yippie más conocido, la política no era tanto el voto electoral, las manifestaciones o las ideas filosóficas, como “el modo de vivir de cada uno de nosotros”, una idea muy feelie también muy presente en Rubin. Ahora bien, el yippie no se limitaba a esta revolución interior; quería también una interacción social combativa a través de la guerrilla simbólica. La importancia para la revolución personal/social del happening, en cuanto forma de confrontación espectacular con la realidad silenciada o adormecida, es expresada en el Manifiesto Yippie de forma exhortativa:

Haz que América vea su vampírica cara en un espejo. Destruye la barrera entre el habla pública y el comportamiento privado. Solo cuando la gente ve qué está pasando podrán ellos escuchar nuestros gritos, y sentir nuestra pasión. La guerra de Vietnam es una enseñanza para América.

Los yippies fueron una clara una mezcla de los estilos wheelie feelie, si bien no eran una superación de ninguno. Lo cierto es que los problemas que causaron esas drogas, que tanto promovían, en los movimientos sociales se hicieron más que evidentes al poco tiempo: la drogoadicción se mostró como un arma mucho más efectiva que las porras, balas de goma y botes de humo de la policía. Al poco de desintegrarse los yippies el gobierno yanqui, consciente del potencial de las drogas, indundó los guettos negros con crack, procedente de Vietnam, para acabar con el movimiento del Black Power. La droga fue una de las principales estrategias de guerra sucio del gobierno de EEUU para acabar con los Black Panthers.

Otro problema grave de la solución yippie era su falta de capacidad para crear redes organizativas sólidas, con capacidad para crear lazos indentitarios y proporcionar en el largo plazo la satisfacción mediante la autoorganización de los deseos de los revolucionarios. De hecho, la falta de un proyecto revolucionario/vital consecuentemente organizado y el extremo rechazo a nada que se pareciese a una mínima organización, se mostró como un error casi infantil.

Aún los yippies, que fueron representativos de toda una corriente de entender la Revolución Cultural, nos dejan un legado no exento de enseñanzas. Aquella rama revolucionaria en la que se ubican, suplantó la visión de inspiración cristiana de la revolución como un acto de sacrificio con su respectivo santoral, por una suerte de Festival de la Vida de prodigalidad e inmediatismo a la manera pregonada por el poeta Allen Ginsberg. Daniel Cohn-Bendit, líder estudiantil del mayo francés, expresaba simultáneamente esta premisa en su célebre máxima “¡Qué la revolución sea la mejor manera de vivir!”. La Internacional Situacionista, un grupo influyente en la ruptura con los viejos cánones izquierdistas, unos años antes había manifestado en este mismo sentido su concepción del proceso revolucionario. Las revoluciones, decían los situacionistas “serán festivales o no serán, pues la propia vida que ellas anuncian será creada con ánimo festivo. El juego es la última razón de este festival. El vivir sin tedio, el gozar sin límites son las únicas reglas que aceptaremos.”

La Revolución del Placer contra el mundo construido para el Capital/Trabajo desde los sesenta ya no puede ser por más tiempo un objetivo secundario, ni nada que los revolucionarios permitan que pueda ser como en el capitalismo, constantemente postergado; ni siquiera postergado en alguna medida. La máxima que anuncia la revolución como una fiesta es todo un acto de provocación contra los carcas capitalistas, y los carcas de la hoz y el martillo. ¿Se trataba todo esto de una mera frivolización? No. Se trataba de una liberación por parte de los revolucionarios de las cadenas de aburrimiento y de la abnegación de la Izquierda. Se trataba de acabar con la herencia cristiana negadora de la vida en la que se había forjado el izquierdismo. Era una intención de materializar el paraíso microcósmico en las entrañas del infierno presente, que oculta las propias posibilidades de realizar el Cielo ahora ya; se trata de reubicar el prometido más allá en el más inmediato aquí y ahora.

Un claro ejemplo literario de la combinación discursiva de esta intención inmediatista con el arte de la provocación, tan cultivado por el Youth International Party, fue el Manifiesto yippie escrito por Rubin. Entre otras cosas nos dice: “Nosotros ofrecemos: sexo, drogas, rebelión, heroísmo, hermandad. Ellos ofrecen: responsabilidad, miedo, puritanismo, represión.” Las reglas, aúlla, están hechas para ser rotas, y lo políticamente correcto ya no tiene cabida:

No hay NINGUNA PALABRA que el hombre deba limpiar de su boca, ninguna palabra que dé miedo. “¡Ellos quieren la ANARQUÍA!” ¡Joder, es cierto, nosotros estamos por la anarquía! De todas maneras este país está podridamente sobreorganizado. “¡No hagas esto! ¡No hagas lo otro, no hagas! Crecer en América es aprender que NO hacer. Nosotros decimos: “¡Hazlo, hazlo. Haz todo aquello que quieras hacer!”

La utopía yippie vuelve a escapar de la seriedad para abrazar lo provocativo:

En las asambleas comunitarias de todo el país, Bob Dylan reemplazará el himno nacional.
Ya no habrá cárceles, tribunales ni policías.
La Casa Blanca se convertirá en un crash pad [casas donde los hippies “aterrizan” de pasada] para toda persona que no tenga donde dormir en Washington.
El mundo se transformará en una gran comuna, con comida y vivienda gratuita, todo compartido.
Se destruirán todos los relojes.
Los peluqueros serán internados en campos de rehabilitación, donde el cabello les crecerá muy largo.
No existirá el crimen de “hurto”, porque todo será gratis.
El Pentágono será reemplazado por una granja experimental de LSD.
No habrá más escuelas ni iglesias, porque el planeta entero se habrá convertido en una iglesia-escuela.
La gente cultivará los huertos por la mañana, hará música por la tarde y follará cuando le venga en gana.

El Amor Armado.

Estas reivindicaciones de la contracultura no eran incompatibles con las acciones más comprometidas y arriesgadas, en ciertos casos. Por ejemplo, el grupo de activistas hippies Against The Wall Motherfuckers! (¡Contra la pared, hijos de puta!), nombre que hace mención a las detenciones policiales, que era una radicalización del grupo dada Black Mask, que rechazaban el viejo izquierdismo, realizaron una campaña de colocación de bombas contra bancos y otros objetivos simbólicos bajo el provocador nombre de Armed Love (amor armado). Eran los tiempos en los que las Universidades Libres impartían seminarios de masajes para romper la separación física, volverse suaves y hacer la comunicación más íntima, al tiempo que también impartían cursillos para usar armas o preparar cócteles incendiarios. La intención: socializar todo conocimiento que se considerase útil para la liberación personal y social.
Una escisión de la Students for a Democratic Society, la Weathermen Underground Organization (Organización del Hombre del Tiempo Underground) anunciaron en el 1970 “una nueva mañana, un cambio de clima”. Efectivamente, unos meses antes el clima estaba cambiando. La Wethermen, bajo el explícito slogan “Traer la guerra a casa” en relación a la guerra de Vietnam, convocaron en la ciudad de Chicago unos “Días de Furia” en forma de protesta contra la Convención Nacional Demócrata que en dicha ciudad tenía lugar. Los hombres y mujeres del tiempo underground habían pronosticado un aumento de las temperaturas en la ciudad de Chicago, y así fue. Para ello realizaron una gran hoguera de rabia. Varios cientos de activistas cruzarán Chicago destrozando con piedras y cócteles molotov las instituciones representativas del capitalismo, tales como bancos, comisarías de policía, restaurantes y hoteles de lujo, etc. A raíz de los disturbios 287 activistas fueron detenidos. Después de esto la Weathermen se convertiría en varios grupos de hippies, partidarios del amor libre, las orgías psicodélicas, y la revolución interior, pero también dedicados a la colocación de bombas en diversos lugares: las oficinas de la ITT de Nueva York en protesta contra el apoyo al sangriento golpe militar de Pinochet, o contra diversas comisarías de policía. Incluso llegaron a explosionar una bomba en el mismísimo Capitolio en el 1971. Un Weatherman, John Jacobs, justificaría estas acciones de forma irónica: “Weathermen está en contra de todo aquello que para Norteamérica significa decencia y bondad. Weathermen quiere quemar y destruir los Estados Unidos de América”.

La violencia fue un tema recurrente para ciertas facciones del movimiento contracultural, ya se tratase esta violencia de violencia real o no. Al contrario que los Weatherman (que debemos matizar que jamás mataron a nadie y todas sus acciones eran realizadas con cuidado de que esto fuese así), otros decidieron utilizar no la violencia física, sino el tabú en torno a la violencia política, explotando en vez de bombas palabras. Un ejemplo de ello es la Comuna 1 berlinesa, creada en el 1967, o como gustaban llamarla los medios de información burguesa: la “comuna del horror”.

En ese año, a raíz de un incendio que había sido fortuito en unos grandes almacenes belgas, donde murieron incineradas unas 300 personas, la Comuna del Horror difundió una serie de octavillas falsificando lo ocurrido y politizando la tragedia. La última de estas octavillas se titulaba “¿Cuándo arderán los grandes almacenes de Berlín?” y decía:
Nuestros amigos belgas han comprendido finalmente cómo pueden hacer entender al público el alcance de lo que está pasando en Vietnam. Han incendiado unos grandes almacenes, a 300 ciudadanos saciados, a sus vidas fascinantes y han convertido Bruselas en Hanoi. Ya nadie que esté leyendo su periódico, ante un opulento desayuno, tiene por qué soltar lagrimitas por la pobre gente de Vietnam; hoy no tiene más que acercarse al departamento de moda de KaDeWe, Hertie, Woolworths, Bika o Neckermann y encender discretamente un cigarrillo.
Aunque los comunicados eran falsos, la prensa burguesa montó en cólera, la población se indigno, y la comuna cobró popularidad… y debió pagar un cierto tiempo entre rejas, al considerar las autoridades que estos comunicados hacían apología del terrorismo. La provocación, no obstante, no quedó aquí: prosiguió en el juicio. La Comuna 1 aprovechaba cualquier momento para poner en tela de juicio los valores represivos del sistema. Cuando Teufel, destacado miembro de la comuna, se encontraba ante el tribunal decidió impartir a todo el mundo una lección sobre el absurdo del autoritarismo y sus rituales. Al recibir la orden del tribunal de ponerse en pie, Teufel aceptó de buena gana: “Bueno, si eso ayuda a encontrar la verdad…” Una respuesta que no puede sino traer a evocación al mitificado y célebre Diógenes el Cínico. Nos dice Diógenes Laercio que encontrándose Diógenes el Cínico tranquilamente sentado en el suelo, se presentó ante él el célebre conquistador Alejandro Magno. Cuando el imperialista, que admiraba al filósofo perruno, le ofreció sus favores y le dijo a Diógenes “pídeme lo que quieras”, éste alzó la vista al sublime Alejandro Magno y le dijo “Apartarte: no me tapes el sol”.

Los chamanes holandeses y sus planes conspirativos.

Otro movimiento especialmente inspirado en lo referente a la acción/provocación contracultural fueron los Provos holandeses. Se trataban de un grupo pacifista que, no obstante, también recurrió una vez al uso de la explotación del tabú entorno a la violencia política para hacer llegar sus mensajes.

En el primer número de su publicación los probos reprodujeron un diagrama tomado de El anarquista práctico que enseñaba al lector a producir explosivos. A partir de este escándalo, y después de diversas actuaciones, la publicación pasó de tener una tirada de 500 ejemplares a 20.000. La técnica para elaborar estos explosivos, sin embargo, era inútil; no servía realmente para producir nada.

Los provos fueron, junto a los yippies, los reyes de la provocación activista. Provo era una persona que rechaza la ansia monetaria del capitalismo que “educa para el tener, menospreciando el ser”. Provo estaba contra la gris política burocrática que impide la espontaneidad. Provo era beligerantemente disidente: “sus miembros –decía la revista Provo- solo pueden ser gente creativa e individual mediante conductas antisociales”. Provo era antimilitarista y condenaba la neurosis de una desquiciada carrera de armas. Su grito era el “Provo never ruled” (Provo nunca mandó). Por último, provo vestía de blanco; así se reconocían los unos a los otros.

Los provos eran una suerte de chamanes anarquistoides y hippies. Su arma preferida, como indica su nombre, era la provocación mediante transgresiones en los discursos del status quo y las prácticas sociales que en el día a día contradecían los valores reinantes del capitalismo burgués. Desde 1964 actuaron en Ámsterdam, ciudad que consideraban un “centro mágico”, a través de happenings, sabotajes y lo que ellos llamaban planes blancos, destinados a solucionar los problemas sociales y ecológicos.

Los “planes blancos” de los provos merecen especial consideración. El primero de ellos era el “Witte fietsen plan”, destinado a la grandilocuente tarea de socializar los medios de transporte todos. La idea era disponer por toda la ciudad de bicicletas pintadas de blanco, sin candado, socializadas. El folleto que anunciaba el plan definía la bici blanca como el “transporte comunitario gratuito”. Estas bicicletas podían ser usadas por quién quisiese; al dejar de utilizarlas quedaban en la calle a la espera de otro improvisado ciclista. La intención que perseguían era acabar de una vez por todas con el “coche monstruo” que fagocita la naturaleza y privatiza el espacio a costa de la convivencia. Como provocación contra el capitalismo y en defensa de la ecología (los provos estaban especialmente preocupados por este problema) el plan fue un éxito; sin embargo, su aplicación práctica resultó ser un fracaso. No porque como podría pensarse la gente acabó robando las bicis, sino porque, aquellos que en teoría protegen contra el hurto, la policía, acabó incautando (robando) toda bicicleta que se encontraba en la calle sin candado, y ya en la Presentación de la Primera Bicicleta Blanca cargó con contundencia contra los reunidos.

Hubo también “planes blancos” para el sexo, la mujer (aborto gratuito), incluso para la policía. La consigna de este último plan era “Pórtate bien con la policía”. El yippie Jerry Rubin en su manifiesto dejaría años más tarde, expresaba en una sola frase la interpretación que los contraculturales daban entorno al tema policial; quedaba claro con rotundidad en su consigna “estas con el ser humano o estás con la policía”. La célebre pintada parisina lo expresaba de una manera más íntima: “mata al policía que hay en ti” –en mención a las retrógradas teorías del psicólogo conductivista Eysenk, que consideraba dentro de nosotros existe un agente represor y que, además, esto debiera ser así. Los provos, en cambio, optaron por una táctica más sutil: su plan blanco proponía que el colega policía (que debía ir vestido de blanco al efecto) realizase su labor de protección social repartiendo condones a los menores, y sirviesen a la sociedad repartiendo muslos de pollo a los transeúntes y cerillas a los fumadores de porros necesitados.
El movimiento provo prefería la provocación al enfrentamiento y lo lúdico a lo militante (militar). Aunados con los anarco-pacifistas su mensaje libertario y sus tácticas de guerrilla simbólica calaron entre cada vez más jóvenes. Su popularidad llegó a su apogeo en el 1967: en ese año tenía lugar un evento público nupcial con motivo de la boda del príncipe Claus von Arsberg (que había sido miembro del ejército nazi). El evento era retransmitido en directo por la televisión. Los provos llenaron la atmósfera de humo naranja en honor al color de la familia real. La policía cargo de forma brutal, pero el mensaje antimonárquico ya había sido lanzado. Tras los disturbios, podía leerse en las paredes grafiteado: “Qué me devuelvan la bicicleta”.

En ese mismo año Provo se acabaría de disolver en una reunión realizada en el parque Vondelpark. Un año antes las disensiones entre los provos ya se habían hecho notorias. Provo se decidió a presentar a las elecciones, algunos entendieron esto como venderse al sistema, según Stewar Home las actividades de los provos estaban ya siendo asimiladas por éste. Fuese como fuese, los neoanarquistas Provo, como los considera Teodori, consiguieron en 1966 un total de 13.000 votos (1 concejal), y tres años más tarde, los Kabouters (los duendes) que sucedieron a Provo obtuvieron 38.000 (5 concejales).
Al final, algunos provos se decidieron por la reforma política a través de partidos verdes, otros siguen en el activismo, otros se dedicaron a la literatura, y también hubo quien se reciclaró en el mundo de los negocios. Al final, nos dice A.F.R.I.C.A. en su Manual de la Guerrilla de la Comunicación, lo que ha quedado es que “desde los tiempos de los provos se ha tornado difícil hacer política seria en Holanda. Por lo menos por parte de la izquierda. Demasiada gente ha comprendido que existen otras cosas más importantes y menos aburridas.”

Una historia groucho-marxista.

Los yippies fueron otro destacado grupo en el arte de la provocación. El Youth International Party, por supuesto, no se trataba de un partido político ni mucho menos. La respuesta tradicional al problema revolucionario era crear un partido o sindicato de masas para tomar el poder e iniciar así los cambios. Pero los yippies condenaban todo “viaje de poder”. El poder corrompe, decía Bakunin, y ellos se lo tomaban al pie de la letra. No se puede hacer la revolución en los términos del establishment, decían, por eso de nada sirven partidos ni sindicatos. La visión de los yippies, compartida por tantos otros postizquierdistas, queda patente en las opiniones de Chester Anderson:

En lugar del Partido Revolucionario Americano, yo propongo una asociación informal de pandillas revolucionarias, que no se preocuparán por coordinar sus respectivas acciones ni se inhibirán mutuamente en ningún sentido. Que sólo se preocuparán por mantener una buena comunicación entre sí.

A la mierda los líderes, los uniformes y las causas santas más importantes que la gente. Una pandilla que corrompa juguetonamente al hijo del alcalde producirá cambios más importantes y perdurables que la escuadrilla asesina, estrictamente disciplinada, severa y aburrida, preocupada por borrar del mapa a su padre.

La idea de “corromper al hijo del alcalde” no es mear fuera del trasto. Pocos años después de escribir esto Anderson, en el 1973 la Symbionese Liberation Army (Ejército de Liberación Simbiótica), de corte marxista-leninista, raptó a la hija del multimillonario Randolph Hearst, Patty. Gracias a este secuestro la SLA consiguió convertir a los medios de comunicación burgueses en una catapulta para sus comunicados anticapitalistas. También consiguieron sacarle un millón de dólares al capitalista, que le obligaron a dar como comida a los pobres. Lo gracioso del asunto es que Patty no estaba secuestrada, sino “corrompida” por las ideas anticapitalistas: había fingido su propio secuestro. Era una activista del SLA y había participado en atracos de bancos para subvencionar la causa revolucionaria. (El final de la SLA, todo sea dicho de paso, fue dramático: varios encarcelados, y 6 de ellos fueron asediados en su casa y asesinados por la policía mientras se retransmitía por la televisión).
El estilo informal de organización comunitaria, a pequeña escala, tribal, así como las proclamas contra el aburrimiento y la disciplina marcial de la vieja izquierda es una constante en los grupos contraculturales revolucionarios. La revista Fifth Estate de Detroit, por ejemplo, llenaba sus páginas con contenidos similares a estos e incluso, aún en su momento de mayor esplendor en el inicio de los 70, cuando distribuía unos 20.000 ejemplares, en su buzón de correos podía leerse la siguiente etiqueta: “The Fifth Estate: un grupo de amigos”.

Los yippies era un grupo de amigos más. Y este amplio grupo de amigos estuvo tercamente interesado en liarla.

Los alrededor de 1.200 amigos que se concentraron en Washington tenían no pequeñas pretensiones. En protesta contra la guerra de Vietnam se les ocurrió que no había mejor cosa que dirigirse al Pentágono para practicar un “Ritual Sagrado de Exorcismo”, de carácter público y comunitario. El exorcismo era necesario, decían, porque se encontraba adentro del edificio militar el mismísimo Diablo. Tal ocurrencia fue expuesta en una rueda de prensa, y así fue hecho. Los chamanes se reunieron entorno al Pentágono formando una cadena humana, con la intención de hacer levitar el edificio 300 pies por encima del suelo, altura a la que debería ponerse naranja y quedarían expulsadas las fuerzas maléficas. Este fue el inicio de lo que lo que se conocería como los Yippies, unos locos que decían querer “tomar el Pentágono para convertirlo en factoría de LSD”. Jerry Rubin amenaza a la sociedad americana: “llevaremos una comunidad de amistad a un lugar donde sólo se ejerce muerte. El siguiente paso será el hundimiento de todas las instituciones importantes de la sociedad americana.”. El yippie Abbie Hoffman daba la razón a los media: “el movimiento pacifista se ha vuelto loco, ¡ya era hora!”.
Los yippies fueron un producto de la Bay Area de San Francisco, una meca hippie fuertemente influenciada por las ideas anarquistas, donde el dada, los beatniks y las drogas tenían lugar. Los yippies se declararon profundamente marxistas: Rubin decía, “estamos en la tradición revolucionaria de Groucho, Chico, Harpo y Kart”. Ellos eran “groucho-marxistas” o, mejor aún, “marxisto-lenonistas”, en relación al célebre Beattle.

Las acciones de estos “marxisto-lenonistas” tuvieron un gran eco mediático, y llegaron a influenciar en gran medida al movimiento contracultural (entre otros, por ejemplo, a la mencionada Fifth Estate desde la que escribía el comprometido manager de los MC5 John Sinclair). Los yippies consiguieron ser considerados por el gobierno como el enemigo número 1 en cuanto a lo que grupos contraculturales se refiere, a pesar de ser pacifistas y no usar jamás la violencia. Por ello, al fin, la represión calló sobre ellos tras los disturbios en Chicago en el 1968, tras presentar públicamente en la calle a un cerdo llamado Pigasus como el candidato del Youth International Party a la presidencia norteamericana, en el “Festival de la Vida” que contraponían a la Convención Nacional. El caso, conocido como la “Conspiración de Chicago”, llevó a 8 personas a la cárcel tras un juicio muy parcial; Hoffman y Rubin estaban entre éstas. La brutal represión del estado fue minando el ánimo de los yippies hasta su desaparición. Según Stewart Home la cualidad represiva del sistema era mayor de lo que los propios yippies habían pensado: “el movimiento yippie fue desintegrándose lentamente a medida que sus seguidores comprobaron que el sistema capitalista era en verdad tan malvado como ellos afirmaban en sus más retóricas declaraciones.”

Los yippies jugaron con la provocación y con la explosión de los sentimientos. Los sentimientos liberados podían ser una arma política tan fuerte como cualquiera otra. Es célebre la acción de exaltación de estos sentimientos realizada por ellos en New York: se colaron en la bolsa de Wall Street y lanzaron billetes al aire. Los agentes de bolsa olvidaron su trabajo y los intereses de sus jefes, y se arrojaron a un frenesí ávido de recolectar este dinero gratis, dándose condazos los unos a los otros. Rubin, quien por paradojas de la vida terminaría volviéndose yuppie, se reía de ellos en su manifiesto: “Míralos: animales salvajes persiguiéndose y peleándose por billetes de dólar arrojados por los hippies.”

En otra ocasión decidieron convertir la represión en un teatro. En las manifestaciones contra la guerra no era extraño que la policía decidiese cargar con contundencia. Los yippies se prepararon. En el momento que comenzó la carga policial y con ella las carreras y los gritos, empezaron a hacer sonar ruidos de disparos de metralleta y de sirenas de policía, y se explotaron bolsas de líquido que imitaba sangre sobre sus cuerpos. El espectáculo era dantesco: todo el mundo ensangrentado corriendo y dando alaridos. El caos fue total. Tal vez se pueda pensar que esta acción es en sí contraproducente, pues trivializa una represión que ya era real, y conlleva el problema de Pedro y el lobo. Hoffman pensaba que este impacto visual diría más de la guerra que cualquier slogan en una pancarta.

En este mismo sentido de propaganda por la liberación del sentimiento, los yippies realizaron otro acto en New York, esta vez contra la guerra de Vietnam. Cientos de yippies se lanzaron a la calle gritando exaltados, desbordados de alegría: “¡La guerra ha terminado! ¡La guerra ha terminado!” El resultado fue una conmoción total; la gente no daba crédito. Al fin acabaron todos abrazándose, contagiados por el entusiasmo de tal noticia y situación. Incluso la policía acabó abrazada de los melenudos festejando el fin de la guerra. El gobierno tuvo que desmentir la historia en la televisión.

La táctica yippie era el “terrorismo psíquico” y la “guerrilla de la comunicación” a través del happening teatral. Una especie de Teatro de la Crueldad, para utilizar el término acuñado por Artaud, que convierte al espectador en actor; que obliga a posicionarse y vuelve a la vida lo que en apariencia es una simulación.

Papa Noel se queda desnudo.

En este sentido querría comentar una última acción, esta vez llevada a cabo por los Motherfuckers. Como tantas otros happenings de los sesenta, éste ha sido reproducido, plagiado y reinventado en posteriores situaciones.

Varios Motherfuckers querían denunciar la miseria tras la navidad en el sistema capitalista: a los niños se les llena con esperanzas de un mundo gratis y de amor, sin intereses enfrentados, un mundo de regalos. Estos niños antes o después tendrán que despertar de su burbuja y darse cuenta de que todo eso era mentira: no hay Papa Noel que regale nada, la mayoría ha de ganar con el sudor de tu frente, y en el mundo de las mercancías hay de todo menos comunidad, amistad y compartir: todo se paga, y los consumidores y productores, los trabajadores y capitalistas, suelen tener intereses antagónicos. La simulación de una vida distinta que significa la navidad, con el Papa Noel y sus renos, o con los reyes y sus dromedarios, es también un Teatro de la Crueldad: una representación mítica, con la fuerza que el mito y el ritual tienen, pero no para la libertad sino para todo lo contrario: para la dominación. Festejan una realidad que se anhela, de comunión y gratuidad, y que no existe. El capitalismo es, exactamente, todo lo contrario a estos valores, y todo lo que en esta sociedad se expresa en estos anhelados términos se da con exclusividad en las situaciones y reinos donde no opera el capital (en el amor, en la amistad de verdad).

Los Motherfuckers entendieron qué es lo que debía hacerse: se disfrazaron de Papa Noel, ¡Jo, jo, jo!, y se pusieron a regalar los juguetes que los capitalistas de los grandes almacenes retenían en las estanterías. Los niños con naturalidad recibían los regalos, hasta que el simpático Papa Noel fue reducido, detenido por la policía, tirado al suelo y esposado. Su delito era evidente: regalar regalos en navidad. Papa Noel no es la gente de a pie, has de creerte que quien regala algo son los empresarios, aunque sólo sea trabajo.

El mito reproduce la dominación y explotación, pero redirigido, como dirían los yippies, “el mito hace la revolución”.

Bibliografía:• Grupo A.F.R.I.C.A., Manual de guerrilla de la comunicación. Virus. Barcelona, 2000.
• Home, Stewart. El asalto a la cultura. Virus. Barcelona, 1998.
• Melville, Keith. Las comunas en la contracultura. Kairós. Barcelona, 1975.
• Rocha, Servando. Los días de furia. Contracultura y lucha armada en los Estados Unidos. La Felguera. Madrid, 2004
• Rubin, Jerry. Manifiesto Yippie.
• Teodori, Maximo. Las nuevas izquierdas europeas (1956-1976). Volumen I y II. Blume. Barcelona, 1978.

martes, 7 de julio de 2009

Filosofía cirenaica


NOTA DEL HEDONISTA: TAL COMO EL EPICUREISMO FUE CENSURADO POR LOS CRISTIANOS Y POSTERIORES MORALISTAS, SUS COLEGAS HEDONISTAS LOS CIRENAICOS TAMBIEN LO FUERON Y EN TANTO AKI ESTA EL HEDONISTA PARA DIFUNDIR ESTAS COSAS. AKI PUES ENCONTRAMOS UNOS BUENOS ANTECESORES DEL PENSAMIENTO Y FORMA DE VIDA QUE PROMUEVE EN ESTE "HUMILDE" BLOG EL HEDONISTA. EL QUE ESTA ACA ALADO SUPUESTAMENTE ES ARISTIPO DE CIRENE, EL PRINCIPAL FILOSOFO CIRENAICO. encontrado en http://proyectotelemaco.wikispaces.com/filosofia.helenistica.cirenaica

La escuela cirenaica fue fundada por Aristipo de Cirene, que fue discipulo de Socrates. Esta escuela se baso fundamentalmente en la ética, y dicen que el bien se identifica con el placer, aunque este debe entenderse como el pacer espiritual. La felicidad segun Aristipo consistes en librarse de toda inquietud, siendo esta la vida para lograr la autarquia.
En cuanto a la teoria del conocimientos, los cirenaicos defendieron y subjetivista.
Esta educacion se prolongo hasta el periodo helenistico.
Ahora incluimos el señor I.B.S. Y R.A.Y. la vida y obra del fundador de esta escuela, Aristipo de Cirene.

Aristipo nació en Cirene en el año 435 a.C. y murió en el 350. Estudió las obras de los sofistas y luego se trasladó a Allí se Atenas transformó en discípulo de Socrates
Luego de la muerte de Sócrates, fundó una escuela de Filosofía en su ciudad natal. A diferencia de su maestro, Aristipo cobraba sumas considerables por sus enseñanzas.
Al igual que Platon —pero con mejor suerte— visitó a Dionisio, tirano de Siracusa . Éste lo distinguió brindándole una vida lujosa e importantes retribuciones económicas. Sin embargo, Aristipo no pretendió intervenir allí en cuestiones de estado. Siempre mantuvo distancia de la actividad política, incluso en su ciudad natal. Decía que se consideraba un extranjero hasta en su propia tierra.
De los sofistas heredó una gnoseología escéptica: «Sólo podemos estar seguros de las sensaciones.» Consideraba incognoscibles a las cosas tal como son en sí mismas. Por ello no podía sostener como ideal de vida la racionalidad y la Ciencia. Por el contrario, era partidario de basar la vida en las impresiones, único dato seguro. Si nos atenemos a lo que éstas nos dicen, encontraremos que el bien es el placer y que sólo él puede servir como medida para juzgar los demás valores. El placer es un "movimiento suave", a diferencia del dolor que es un "movimiento áspero". Para conseguir el placer hace falta sabiduría y prudencia. Ellas señalan al hombre lo que le conviene, enseñándole a evitar no sólo el dolor sino también aquellos placeres que son causa de dolor. No hay entonces peor mal que la ignorancia.
Sin embargo, si el placer es individual, ¿por qué los hombres se reúnen y viven en sociedad? A este fenómeno Aristipo lo explica por el placer que le genera al individuo el relacionarse con el prójimo.
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La Escuela Cirenaica de Filosofía, denominada así a causa de la ciudad de Cirene, en la que se fundó, se desarrolló aproximadamente desde el 400 hasta el 300 a.C., y tenía como principio más distintivo el hedonismo, o la doctrina de que el placer es el bien mayor. Se dice generalmente que la escuela deriva sus doctrinas de Sócrates por un lado, y del sofista Protágoras por el otro. De Sócrates, por una tergiversación de la doctrina de que la felicidad es el sumo bien, derivó la doctrina de la supremacía del placer, mientras que de Protágoras adoptó su teoría relativista del conocimiento. Aristipo (floreciendo c. 400 a.C.) fue el fundador de la escuela, y contó entre sus seguidores a su hija Areta y a su nieto Aristipo el Joven. Los cirenaicos comenzaron su indagación filosófica coincidiendo con Protágoras en que todo conocimiento es relativo. Es verdadero, decían, aquello que aparenta ser verdadero; de las cosas en sí nada podemos conocer. A partir de esto, se vieron llevados a sostener que podemos conocer únicamente nuestros sentimientos, o la impresión que las cosas producen en nosotros. Al transferir esta teoría del conocimiento a la discusión del problema de la conducta, y asumir, según se ha dicho, la doctrina socrática de que el fin principal de la conducta es la felicidad, concluían que la felicidad debe obtenerse generando sentimientos placenteros y evitando los dolorosos. El placer es, entonces, el objetivo capital en la vida. El hombre bueno es aquel que obtiene o se empeña en obtener el máximo de placer y el mínimo de dolor. La virtud no es un bien en sí misma; es un bien solo como medio para obtener el placer. Este último punto suscita la pregunta: ¿qué entendían por placer los cirenaicos? Eran sin duda sensualistas, pero no es del todo exacto que por placer significaran únicamente el placer sensible. Hacían referencia a una jerarquía de placeres en la que los placeres corporales están subordinados a la virtud, conocimiento, goce estético, que pertenecen a la naturaleza superior del hombre. Algunos de los cirenaicos posteriores redujeron el placer a un estado meramente negativo, sin sufrimiento; y otros, aún más tardíos, reemplazaban el placer por "jovialidad e indiferencia". La verdad parece radicar en que en este, como en muchos otros casos, el sensualismo se satisfacía con un sistema superficial y laxo. No había consistencia en la teoría cirenaica de la conducta; probablemente no se buscaba ninguna. En verdad, a pesar del ejemplo de los fundadores de la escuela, los cirenaicos posteriores cayeron muy por debajo de lo que se esperaba de los filósofos, incluso en Grecia, y su doctrina devino un mero conjunto de máximas para justificar el modo de vida indolente de hombres cuyo fin supremo en la vida era un pasar placentero. En el mejor de los casos, la filosofía cirenaica apenas puede ser considerada un sistema ético. Sustituían el bien y el mal por el placer y el dolor, sin referencia, directa o indirecta, a la obligación o el deber. En algunos puntos de su doctrina, la escuela desciende a los lugares comunes, como cuando justifica la obediencia de la ley reparando en que la observancia de la ley del territorio evita el castigo, y que uno debe actuar honestamente porque así incrementa la cantidad de placer. Los cirenaicos posteriores hicieron causa común con los epicúreos. De hecho, la diferencia entre estas dos escuelas era cuestión de detalles, no de principios fundamentales.

La Escuela Cirenaica, una de las "escuelas socráticas menores" que se desarrolló durante el siglo IV a.C., fue fundada por Aristipo de Cirene, aunque la sistematización de sus afirmaciones se la debemos a su nieto, Aristipo "El Joven". Al igual que sus pares de las Escuela Cínica y de la Escuela Megárica, los cirenaicos sostenían que la felicidad es la tranquilidad que se obtiene por el autodominio. Por "bien" entendían placer inmediato y, en este sentido, se los considera hedonistas. Su hedonismo no parte del deseo de llevar una vida voluptuosa sino de la indagación en los fundamentos del valor. Influidos por el relativismo de Protágoras, entendían el conocimiento desde una óptica sensista y subjetivista. A las ideas y a los conceptos los tenían por inseguros y dudosos. Por eso no compartían el punto de vista de quienes pretendían fundamentar el valor en meras especulaciones. Por el contrario, encontraban en el placer —que se percibe inmediatamente en la experiencia sensible— la garantía del valor, su evidencia. Hirschberger dice que el hedonismo de la escuela de Cirene “tiene una base epistemológica sensista”. La hija de Aristipo de Cirene, Areta, fue fiel discípula de su padre. Ella formó en las doctrinas cirenaicas a su hijo Aristipo "El Joven". El principal discípulo de Aristipo "El Joven" fue Teodoro "El Ateo", influido también por el cinismo, quien refutó las creencias griegas sobre los dioses. Un miembro de la escuela, Hegesías, derivó desde el hedonismo hacia un pesimismo extremo (cosa que Kierkegaard entendería como previsible y lógica). A Hegesías lo llamaban "El Predicador de la Muerte". Exhortaba a los hombres al suicidio y fue por eso encerrado en la cárcel por Ptolomeo Lago. Escribió Sobre el suicidio por el ayuno. Aníceris (que según algunos fue quien compró y liberó a Platón cuando había sido vendido como esclavo luego de su primer viaje a Sicilia) no se plegó al pesimismo de Hegesías, sosteniendo que si no se podía alcanzar el placer —como él afirmaba— al menos se podían alcanzar otros valores como la amistad y el patriotismo. Las distintas corrientes que se originaron en la Escuela de Cirene llevaron a algunos a distinguir entre cireneos (seguidores de Aristipo), hegesíacos (seguidores de Hegesías), anicerios (seguidores de Aníceris) y teodorios (seguidores de Teodoro).
Los cirenaicos pueden considerarse antecesores de los epicúreos, pero se diferencian de éstos porque su concepción del placer es dinámica, en cuanto búsqueda del goce corporal y sensible. El autodominio, ideal compartido por todas las escuelas socráticas, era entendido por ellos como la administración de los placeres (utilizar las circunstancias para conseguir el placer, sin dejarse dominar por el deseo de obtenerlo). La escuela cirenaica también mantuvo relación con algunos discípulos de Fedón, los llamados eretrienses.A pesar de los esfuerzos de los fundadores por no caer en posturas fáciles, los cirenaicos posteriores transformaron las doctrinas de la escuela en meras justificaciones de la vida indolente de los que sólo buscan su propio placer.

viernes, 8 de mayo de 2009

"Nihilismo" x Pedro Kropotkin

(el gran Kropotkin describe al movimiento ruso del nihilismo)

Un movimiento formidable se iba desarrollando al mismo tiempo entre la parte más ilustrada de la juventud rusa. La servidumbre estaba abolida; pero una extensa red de hábitos y costumbres de esclavitud doméstica, de completo desprecio de la individualidad humana, de despotismo por parte de los padres y de sumisión hipócrita por el de las esposas, hijos e hijas, se había desarrollado durante los doscientos cincuenta años que duró. En toda Europa, al principio del siglo XIX, dominaba un gran despotismo doméstico; de ello dan buen testimonio las obras de Thackeray y Dickens; pero en ninguna otra parte alcanzó tan extraordinario desarrollo como en Rusia. Toda la vida rusa, en la familia, en las relaciones entre jefes y subordinados, oficiales y soldados, y patronos y obreros, lleva impreso su sello. Todo un mundo de costumbres y modos de pensar, de preocupaciones y falta de valor moral y de hábitos creados al calor de una lánguida existencia, había tomado cuerpo a su sombra. Hasta los hombres mejores de la época pagaban un gran tributo a estos productos del periodo de servidumbre.

A la ley no le era dado intervenir en tales cosas. Sólo un vigoroso movimiento social que atacara las raíces mismas del mal hubiera podido reformar los hábitos y costumbres de la vida corriente, y en Rusia esta acción, esta rebeldía del individuo, tomó un carácter más enérgico, y se hizo más radical en sus aspiraciones que en ninguna otra parte de Europa o América. Nihilismo fue el nombre que Turguéniev le dio en su novela, que hará época en la Historia, titulada Padres e Hijos.

Este movimiento ha sido mal comprendido en la Europa occidental; la prensa, por ejemplo, lo confunde continuamente con el terrorismo. La agitación revolucionaria que estalló en Rusia hacia el fin del reinado de Alejandro II, y que terminó en su trágica muerte, es descrita constantemente como nihilismo, lo cual es, sin embargo, una equivocación. Confundir nihilismo con terrorismo, es tan erróneo como tomar un movimiento filosófico, como el estoico o el positivista, por uno político, como, por ejemplo, el republicano. El terrorismo vino a la existencia traído por ciertas condiciones especiales de la lucha política, en un momento histórico determinado; ha vivido y ha muerto; puede renacer y volver a morir. Pero el nihilismo ha marcado su huella en la vida entera de la parte más inteligente de la sociedad rusa, y no es posible que ésta se borre en muchos años. Es el nihilismo, desprovisto de su aspecto más violento -cosa imposible de evitar en todo nuevo movimiento de esta índole, lo que da ahora a la vida de una gran parte de la clase más ilustrada de Rusia, un cierto carácter peculiar que nosotros, los rusos, sentimos no encontrar en la de igual índole que habita el occidente europeo; él es también, en sus varias manifestaciones, lo que da a muchos de nuestros escritores esa notable sinceridad y esa costumbre de pensar en alta voz que sorprende a los lectores de aquella parte de nuestro continente.

Ante todo, el nihilista declaró la guerra a lo que puede considerarse como las mentiras convencionales de la humanidad civilizada. Una sinceridad absoluta era su rasgo distintivo, y en nombre de ella, renunciaba, y pedía a los demás que lo hicieran también, a esas supersticiones, prejuicios, hábitos y costumbres que su criterio no lograra justificar. El se negaba a inclinarse ante toda autoridad que no fuera la de la razón, y en el análisis de cada institución o hábito social, se rebelaba contra toda clase de sofismas, más o menos enmascarados.

El nihilista rompió, como es natural, con las supersticiones de sus padres, siendo en concepciones filosóficas un positivista, un ateo, un evolucionista spenceriano del materialismo científico; y aun cuando jamás atacaba la sencilla y sincera creencia religiosa, que es una necesidad psicológica de sentir, luchó abiertamente contra la hipocresía, que conduce a las gentes a cubrirse con la máscara de una religión de la que repetidamente se desprenden como de un lastre inútil.

La vida de la sociedad civilizada está llena de pequeñas mentiras convencionales. Personas que se odian mutuamente, al encontrarse en la calle cambian una falsa sonrisa, en tanto que el nihilista sólo demuestra su satisfacción al encontrar a alguien digno de aprecio. Todas estas formas de cumplidos superficiales, que no son más que mera hipocresía, le eran igualmente repulsivas, mostrando cierta aspereza exterior como protesta contra la exagerada cortesía de sus mayores. Los había visto hablar apasionadamente como idealistas sentimentales, y al mismo tiempo conducirse como verdaderos bárbaros con sus esposas, sus hijos y sus siervos; y se declaró en rebeldía contra esa clase de sensiblería que, después de todo, se acomodaba tan fácilmente a las condiciones puramente ideales de la vida rusa. El arte se hallaba envuelto en la misma negación niveladora. Un hablar continuo sobre la hermosura, lo ideal, el arte por el arte, estética y otras cosas por el estilo, de que tanto se hacia gala -mientras que todo objeto artístico se compraba con dinero extraído de los hambrientos agricultores o de los esquilmados obreros, y el llamado culto a la belleza no era sino un antifaz para encubrir la más vulgar disolución-, le inspiraban un gran desprecio, y la critica del arte que Tolstoi, uno de los más grandes artistas del siglo, ha formulado ahora con tanta energía, el nihilista la expresaba en esta terminante afirmación: Un par de botas tiene más importancia que todas vuestras madonnas y todas vuestras disquisiciones sobre Shakespeare. El matrimonio sin amor, la familiaridad sin el afecto, eran igualmente repudiados. La joven nihilista, obligada por sus padres a ser un autómata en una casa de muñecas, y a contraer un enlace de conveniencia, prefería abandonar su hogar y sus trajes de seda, ponerse un vestido de lana negro de la clase más inferior, cortarse el cabello e ir a un instituto, dispuesta a ganar allí su independencia personal. La mujer que había visto que su casamiento no tenía ya el carácter de tal, que ni el amor ni la amistad servían de vinculo a los que legalmente eran considerados como esposos, optaba por romper un lazo que no conservaba ninguno de sus rasgos esenciales. De acuerdo, pues, con estas ideas, se iba frecuentemente con sus hijos a arrostrar la miseria, prefiriendo la pobreza y la soledad a una vida que, bajo condiciones convencionales, hubiera sido una negación completa de sí misma.

El nihilista llevaba su amor a la sinceridad hasta los detalles más minuciosos de la vida corriente, descartando las formas convencionales del lenguaje de sociedad y expresando sus opiniones de un modo claro y preciso, no desprovisto de cierta determinada afectación de rudeza externa.

En lrkutsk acostumbrábamos a frecuentar los bailes semanales que se daban en uno de los casinos. Durante algún tiempo fui concurrente a estas soirées; pero después, teniendo que trabajar, me vi obligado a abandonarlas. Una noche, cuando hacía varias semanas que yo no aparecía por allí, una de las señoras preguntó a un joven amigo mío por qué no asistía yo a sus reuniones: Ahora sale a caballo cuando quiere hacer ejercicio, fue la poco atenta contestación que dio aquél. Pero podría venir y pasar un par de horas con nosotras, aunque no bailase, se aventuró a decir otra de ellas. A lo que replicó mi amigo nihilista: ¿Qué había de hacer aquí, hablar con vosotras de modas y adornos? Ya está cansado de tales simplezas. Pero él va a ver algunas veces a Fulanita, observó tímidamente una de las jóvenes presentes. Si, pero es una muchacha estudiosa -respondió bruscamente él-, y le ayuda a repasar el alemán. Debo agregar que esta manera, indudablemente poco cortés, de conducirse, dio su resultado, porque muchas de las jóvenes de Irkutsk empezaron a acosarnos a mi hermano, a mi amigo y a mi, con preguntas respecto de lo que les aconsejaríamos nosotros que leyeran o estudiaran.

Con la misma franqueza hablaba el nihilista a sus relaciones, diciéndoles que toda su charla compasiva respecto a los pobres, era pura hipocresía, viviendo ellos, como lo hacían, del mal retribuido trabajo de esa misma gente cuya suero te aparentaban lamentar, sentados amigable y cómodamente en sus dorados y lujosos salones. Y con la misma desenvoltura declaraba al alto funcionario que, endiosado en su pomposo cargo, la situación del pueblo le importaba un pito, y que él, como todos los empleados, no era más que un ladrón; y otras verdades de igual calibre.

Con cierta austeridad, reprendía a la mujer que sólo se ocupaba de cosas frívolas, haciendo gala de sus distinguidas maneras y elegantes vestidos, diciendo, sin rodeos, a una joven hermosa: ¿Cómo no os da vergüenza de hablar tales tonterías y de llevar esa trenza de pelo postizo? En la mujer deseaba encontrar una compañera, una personalidad humana -no una muñeca o una esclava de harem-, negándose en absoluto a tomar parte en esos pequeños actos de cortesía que los hombres tanto prodigan a las que luego se complacen en considerar como el sexo débil. Cuando entraba una señora en una habitación, no saltaba el nihilista de su asiento para ofrecérselo, a menos que no pareciera cansada y no hubiera otro desocupado, tratándola como lo haría con un compañero de su mismo sexo; pero si una dama -aun cuando jamás la hubiera conocido- manifestara deseos de aprender algo que ignoraba y que él sabía, iría todas las noches de un extremo a otro de la más populosa ciudad para servirla. El joven que se negaba a moverse para ofrecer una taza de té a una dama, cedía a menudo a la muchacha que llegaba a Moscú o a Petersburgo con deseos de estudiar la única lección que tenía y que le daba el pan cotidiano, diciendo sencillamente: Para un hombre es mucho más fácil que para una mujer. Mi ofrecimiento no es caballeresco, es motivado simplemente por un sentido de igualdad.

Dos grandes novelistas rusos, Turguéniev y Goncharov, han intentado presentar este nuevo tipo en sus novelas; pero el segundo, en Precipicio, tomando como tal uno, Mark Volojov, que, aunque verdadero, no se hallaba dentro de la generalidad de la clase, hizo una caricatura del nihilista, en tanto que el primero, demasiado buen artista y lleno de admiración por el carácter que se proponía describir, para incurrir en tal defecto, no logró, sin embargo, dejarnos satisfechos con su nihilista Bazarov. Lo encontramos muy poco cariñoso, en particular en sus relaciones con sus ancianos padres, y sobre todo le reprochamos el aparentar el olvido de sus deberes de ciudadano. La juventud rusa no podía quedar satisfecha con la actitud puramente negativa del héroe de Turguéniev. El nihilismo, con su afirmación de los derechos del individuo y su condenación de toda hipocresía, no era más que un primer paso hacia un tipo más elevado de hombres y mujeres que, siendo igualmente libres, viven para hacer progresar una gran causa. Los nihilistas de Chernishévski, según se representan en su novela, menos ideal que las mencionadas, ¿Qué ha de hacerse? se acercaban más a la verdad.

¡Qué amargo es el pan que amasan los esclavos! -había dicho nuestro poeta Nekrasov; y la nueva generación se negaba ahora a comer ese pan y disfrutar de las riquezas que habían sido acumuladas en las casas de sus padres por medio del trabajo servil, ya fueran los trabajadores verdaderos siervos, o esclavos del presente estado industrial.

Toda Rusia leyó con asombro en la acusación presentada ante el tribunal contra Karakozov y sus amigos, que estos jóvenes, dueños de considerables fortunas, solían vivir tres o cuatro en la misma habitación, no gastando más que diez rublos cada uno al mes para atender a todas las necesidades, y dando al mismo tiempo cuanto poseían para la fundación de sociedades cooperativas, talleres cooperativos también (donde ellos mismos trabajaban) y otras obras análogas. Cinco años después, millares y millares de la juventud rusa -la flor de la misma- seguían ese ejemplo. Su lema era: ¡Vnaród! (Vayamos al pueblo, unámonos a él). Durante los años comprendidos entre el 60 y el 65, en casi todas las casas de las familias ricas se sostenía una lucha encarnizada entre los padres, empeñados en mantener las viejas tradiciones, y los hijos e hijas que defendían su derecho a disponer de su existencia según sus ideales. Los jóvenes abandonaban el servicio militar, las casas de comercio, las tiendas, y afluían a las ciudades universitarias; las muchachas, criadas en el seno de las familias más aristocráticas, corrían sin recursos a San Petersburgo, Moscú y Kiev, ávidas de aprender una profesión que las librara del yugo doméstico, y tal vez algún día también del posible de un esposo, lo que muchas de ellas consiguieron después de duros y asiduos trabajos. Procurando ahora hacer participe al pueblo de los conocimientos que las emanciparon, en lugar de utilizarlos sólo en provecho propio.

En cada población rusa, en cada barrio de San Petersburgo, se formaron pequeños grupos para el mejoramiento y educación mutua; las obras de los filósofos, los trabajos de los economistas, las investigaciones históricas de la nueva escuela de la historia rusa, eran leídas detenidamente en aquellos círculos, siendo seguida la lectura de discusiones interminables. El objeto de todo aquel batallar no era otro que el de resolver el gran problema que se levantaba ante su vista. ¿De qué modo podrían ser útiles a las masas? llegando gradualmente a la conclusión de que el único medio de conseguirlo era vivir entre el pueblo y participar de su suerte. Los jóvenes fueron a los pueblos como médicos, practicantes, maestros y memorialistas, y aun como agricultores, herreros, leñadores y otras ocupaciones similares, procurando vivir allí en estrecho contacto con los campesinos; ellas, después de haberse examinado de maestras, aprendían el oficio de matronas y se iban a centenares a los pueblos, dedicándose por completo a la parte más pobre de sus habitantes.

Estos muchachos y muchachas no llevaban en su mente ningún ideal de reconstrucción social ni pensaban en la revolución; sólo se preocupaban de enseñar a la masa de los campesinos a leer, e instruirla sobre otros particulares, prestarle asistencia médica y ayudarla por todos los medios posibles a salir de su obscuridad y miseria, aprendiendo al mismo tiempo cuáles eran los ideales populares respecto de una vida social mejor.
Al volver de Suiza hallé este movimiento en todo su apogeo.

domingo, 19 de abril de 2009

La Internacional Situacionista.

Pequeño Larusse de historias trastornadas: volumen V
La Internacional Situacionista. Guerrillas culturales, provocadores e indios, poetas, culturetas subversivos, fumetas, macarras instruidos y folladores de calle.

Wuming 6

1. LA SOCIEDAD SIN CLASES HA ENCONTRADO A SUS ARTISTAS:

Como bien saben las lectoras de esta serie trastornada, todo se normaliza con el tiempo, la vanguardia se convierten en moda. Bien lo saben todos y todas las que escriben de estas cuestiones e incluyen este razonamiento en su reflexión al comienzo de un artículo como éste. El antepenúltimo manifiesto salvaje es pasto de la pasta y engullido queda por los cerebros (las mejores mentes) de aquellos de esa generación que han sido destruidos por el aullido de la fama y de ese gesto humano tan mujer de Lot que es la retrospectiva. Sal en las heridas cicatrizadas y la decisión de comprar esos saleros de ikea tan de diseño. Y en estas llegamos al situacionismo. Ese movimiento mítico. ¿Agitadores? ¿borrachos? ¿cineastas? ¿Trastornados? ¿Los verdaderos artífices del mayo francés? ¿Situacionistas en los textos de Rotten? ¿Poso situacionista en la exégesis de la globalización? Según el gran Greil Marcus, la explosión punk parece ser el último espolón transgresivo del mundo cultural. Qué mierdas dices, afirmarían los ravers, bloggers y altermundistas interneteros. Sí, sí, pero aquello que el viejo de la montaña afirmó con rotundidad entre vapores tetrahidrocannabinos explotó en la Inglaterra Tacheriana de crisis y paro. Está demostrado. Lean ese magnífico “Rastros de Carmín”. O el nuevo de Servando Rocha de La Felguera.

Pero volvamos a lo moderno como diría Asger Jorn a su mujer cuando ésta quería dedicar su obra pictórica a una lata de mejillones. Los situacionistas: unos tipos que al parecer todos los posmodernos citan. Incluso aparecen en una bibliografía de aquella globalizante feria del dinero, la policía y la economía cultural que fue el Forum de las Culturas de Barcelona. “Pardon?” que diría otra vez Asger Jorn. Sí, hijos míos. La vanguardia parece que sólo es un periódico.
Y los situacionistas: ¿Quiénes fueron, en qué bares bebieron? ¿Qué escribieron? ¿donde paraban? ¿Qué drogas se pasaban? ¿qué películas veían? ¿Debord sólo es un tipo que hacía películas raras? ¿Vaneigem sigue vivo y publicando y siendo reseñado por el filosofo del caballo Savater?

2. EL LETRISMO

No. No se piensen que el letrismo es eso que sufren los mileuristas con sus deudas y su tarjeta de crédito o débito y que en vez de ser arte postal (mail art) es terrorismo del buzón. Porque la muchachada situacionista provenía de otra movida que se podría sintetizar en otra “vanguardia de la vanguardia”. Se resume en: Isidore Isou, rumano con cara de Tony Curtis, aquello de la palabra no significaba nada (después del arreón del dadá) y escenificar un nuevo estadio en la reducción del mundo: los letristas reducirían la palabra a la letra, al puro signo, aparentemente sin significado y, en realidad, interminablemente fecundo. Pronto Gallimard, la famosa editorial, le ofreció un contrato a Isou. Eso sí después de que uno de los seguidores del rumano amenazara con quemar las oficinas de la editorial. Los letristas serían más conocidos en París por sustituir la cortesía por el ruido, la palabra por la letra. La acción, algarada más bien, que indujo al por entonces muchacho de diecinueve años Guy-Ernest Debord a unirse a los letristas tuvo como decorado el Festival de Cannes.
Tras varios filmes anticine (Hurlements en faveur de Sade, pantallas en blanco y gente hablando) y la ruptura con Isou, El 28 de julio de 1957 en una pequeña ciudad italiana, tiene lugar la fusión de la Internacional Letrista y el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginativa creándose la Internacional Situacionista. la Internacional Situacionista se deja ver por la rive gauche. “Quienes intentan tomar posiciones después del surrealismo descubren una y otra vez cuestiones que lo preceden. Para Vaneigem, ya en el grupo, el papel de la Internacional Situacionista era la de aplicar “ la violencia de los delincuentes en el plano de las ideas”. Estamos en 1957.


3. LA FELICIDAD ES UNA IDA NUEVA EN EUROPA: EL OCIO ES LA VERDADERA CUESTIÓN REVOLUCIONARIA


Acuñada la frase de Saint Just, los situacionistas se dedican a escribir cosas tan hermosas y trastornadas como que el aventurero no es alguien a quien le suceden las aventuras, sino que es alguien que hace que sucedan. ¿Por qué todas las revoluciones se habían basado en la justicia y no en la felicidad? Fundada en 1957, la IS fue considerada una asociación paneuropea de estetas megalómanos y trastornados, despreciados (como no) por la izquierda y taxativamente ignorados por todos los que le rodeaban. Sería la primera revolución basada conscientemente no en una crítica del sufrimiento en la sociedad dominante sino en una “crítica total de su idea de felicidad”, una crítica en forma de actos, una nueva manera de llevar a cabo la vida cotidiana. Todas las revoluciones anteriores se habían basado en la justicia no en la felicidad.

“Lascritura situacionista era a la vez una forma de crítica y de ruido, dirigida con igual fuerza contra “todas las formas de organización social y política del Este y del Oeste” y contra todos aquellos “que intentaban cambiarlas”: dirigentes, burócratas, tecnócratas, líderes sindicales, teóricos del estado del bienestar, urbanistas, leninistas, artistas, profesores, estudiantes, capitalistas, gente del espectáculo, la realeza, castristas, provos, surrealistas, neodadaístas, anarquistas, el gobierno survietnamita, sus amos norteamericános, el gobierno norvietnamita, los arquitectos, los existencialistas, los curas y los situacionistas expulsados.

Y así: de la idea del trabajo a la idea de vida, del tiempo de trabajo, de ocio, de producción, de mercancías, nuevos móviles, coches, papillas, aeromodelismo, viajes a la miseria de los demás, al tiempo del homo ludens y no se me extravíen pensando en un ser humano con barba de tres días, flequillo pringoso, uñas amarillas delante de una tragaperras “calentando la máquina” y saboreando el acto sublimado de meter monedas en una rajita. Hablamos del hombre y la mujer juguetón de Huizinga.
El nuevo ismo nació con vocación de desaparecer mucho antes de que las galerías y los gafapasta y eruditos del arte lo concentraran todo en una exposición que convirtiera el situacionismo en espectáculo cultural del siglo XX. “La IS no quiere tener un lugar en un edificio artístico cultural, sino que lo mina subterráneamente” (LCAE 142). Eso y el rechazo más absoluto de los parásitos discipulares, de los limpiababas culturales que luego escriben memorias que exorcizan el pasado con un cheque de una gran editorial. Personas autónomas. Escribían en el número uno de su revista: “La cultura es declarada un cadáver ambulante, la política una caseta de feria, la filosofía una lista de doctrinas pasadas de moda, la economía un truco, el arte merecedor sólo de pillajes, los derechos legales una renuncia, la libertad de prensa un límite consensual del discurso de lo real y lo posible.
Y, of course, les dan estopa a los que les precedían y a su asentamiento en la cultura oficial:
"El éxito del surrealismo reside para muchos en que la ideología de esta sociedad, en su faceta más moderna, ha renunciado a una jerarquía estricta de valores facticios, pero se sirve abiertamente de lo irracional y de los residuos surrealistas." Informe sobre la construcción de situaciones, junio de 1957.
Imaginad por un momento a Breton asaltado en las calles de Montparnasse por un borrachuzo grupo que le insulta, gorgojea y le pide dinero. Imagina a Breton pasando de largo sin mirar casi avergonzado. Imaginad a Breton perdiendo un tren.

4. TOMO MIS DESEOS POR REALIDADES PORQUE CREO EN LA REALIDAD DE MIS DESEOS

Los situacionistas abogaban por la supresión del arte y el fin del trabajo, un cambio de escenarios que aniquilaría a los personajes en una tragedia y traería a la vida a las personas reales.
Contra el arte fragmentario, será una práctica global que contenga a la vez todos los elementos utilizados. Esta idea tiende naturalmente a una producción colectiva y sin duda anónima (en la medida en que, al no almacenar las obras como mercancías dicha cultura no estará dominada por la necesidad de dejar huella). La experiencia situacionista se proponía una revolución del comportamiento y un urbanismo unitario dinámico, susceptible de extenderse a todo el planeta; y de propagarse seguidamente a todos los planetas habitables.

Liberado así de toda responsabilidad económica, de todas sus deudas y culpabilidades hacia el pasado y el prójimo, el hombre dispondrá de una nueva plusvalía incalculable en dinero porque no se la puede reducir a la medida del trabajo asalariado: el valor del juego, de la vida libremente construida. El ejercicio de dicha creación lúdica es la garantía de la libertad de cada uno y de todos en el marco de la única igualdad garantizada con la no explotación del hombre por el hombre. La liberación del juego es su autonomía creativa, que supera la vieja división entre el trabajo impuesto y el ocio pasivo.

5. EL URBANISMO UNITARIO Y LA PSICOGEOGRAFÍA

El urbanismo unitario no consistía en una sola forma de destrozar el litora y en una deontología del robo y la violencia. Se trataba de una crítica global del urbanismo espectacular, en tanto que espacio enajenado a la vida cotidiana al serle impuesta una especialización -forjada sobre la existente división del trabajo- y un extrañamiento del entorno (Devesa dixit). La crítica situacionista al urbanismo buscaba una ciudad social y lúdica en la que el juego, la imaginación y la participación social en su construcción fuesen un hecho. La intervención práctica en la ciudad por parte de los situacionistas se concretaba en la psicogeografía y la práctica de la deriva. Esta práctica descafeinada en el tránsito de bares de la muchadada nocturna, combinaba lo aleatorio, en eso que es la actual sintonía de la campaña de turismo de la Junta, el "dejarse llevar" a través del paisaje urbano. Todo ello conectándolo con unas supuestas variables psicogeográficas que influirían en la deriva de modos diferentes según las personas y las propias condiciones del entorno urbano.

6.EL SESENTAY OCHO (UY!)

El sindicato de estudiantes de la Universidad de Estrasburgo consiguió efectivo para llevar a cabo su programa. No será hasta 1966, al hacerse un grupo de estudiantes cercanos a las tesis situacionistas con el control de la sección de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia de Estrasburgo, cuando los situacionistas se den a conocer a la sociedad francesa. El llamado "escándalo de Estrasburgo" se produjo al publicarse un texto de Mustapha Khayati, Sobre la miseria de la vida estudiantil considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual e intelectual con fondos del sindicato.
Después vinieron las depuración alocadas entre el grupo, la explosión del 68 parisina, el movimiento de las ocupaciones y los enragés, la “literatura del 68” (eminentemente situacionista), más películas de Debord y el olvido para el movimiento que terminó a mediados del año 1972. De todos los grafittis que dignificaron las paredes de París, Debord afirmó que el más hermoso fue: “RÁPIDO”.
El período que media entre la publicación del texto de Khayati y las revueltas de mayo del 68 será el de mayor relevancia pública de la I.S. Su papel no fue tan relevante como les hubiera gustado que fuese. Algunas de sus ideas y consignas cuajaron en una parte del movimiento estudiantil y se pudieron ver innumerables pintadas con lemas situacionistas. En 1972 se disolvía con la publicación de un texto, co-firmado por Debord y Gianfranco Sanguinetti en el que hacían balance de la obra de los situacionistas y declaraban abierta una nueva época en la que las ideas situacionistas se extenderían y darían lugar a una fuerte corriente revolucionaria que cambiaría el mundo.
Total. Como decían en un cuestionario situacionista: Unos pocos más que el núcleo inicial de guerrilla de Sierra Maestra pero con menos armas. Unos pocos menos que los delegados que estuvieron en Londres en 1864 para fundar La Asociación Internacional de Trabajadores, pero con un programa más coherente. Tan firmes como los griegos de las Termópilas pero con un porvenir mejor.
El sindicato de estudiantes de la Universidad de Estrasburgo consiguió efectivo para llevar a cabo su programa. No será hasta 1966, al hacerse un grupo de estudiantes cercanos a las tesis situacionistas con el control de la sección de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia de Estrasburgo, cuando los situacionistas se den a conocer a la sociedad francesa. El llamado "escándalo de Estrasburgo" se produjo al publicarse un texto de , Sobre la miseria de la vida estudiantil considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual e intelectual con fondos del sindicato.Después vinieron las depuración alocadas entre el grupo, la explosión del 68 parisina, el movimiento de las ocupaciones y los enragés, la “literatura del 68” (eminentemente situacionista), más películas de y el olvido para el movimiento que terminó a mediados del año 1972. De todos los grafittis que dignificaron las paredes de París, Debord afirmó que el más hermoso fue: “RÁPIDO”. El período que media entre la publicación del texto de Khayati y las revueltas de mayo del 68 será el de mayor relevancia pública de la I.S. Su papel no fue tan relevante como les hubiera gustado que fuese. Algunas de sus ideas y consignas cuajaron en una parte del movimiento estudiantil y se pudieron ver innumerables pintadas con lemas situacionistas. En 1972 se disolvía con la publicación de un texto, co-firmado por Debord y en el que hacían balance de la obra de los situacionistas y declaraban abierta una nueva época en la que las ideas situacionistas se extenderían y darían lugar a una fuerte corriente revolucionaria que cambiaría el mundo.Total como decían en un cuestionario situacionista

los provos

Historias trastornadas vol. I: Los Provos
Pequeño Larusse de historias trastronadas: Guerrillas culturales, provocadores e indios poetas, culturetas subversivos, fumetas, macarras instruidos y folladores de calle

Wu Ming 6


Pequeño Larusse de historias trastronadas: Guerrillas culturales, provocadores e indios poetas, culturetas subversivos, fumetas, macarras instruidos y folladores de calle


¿No se han preguntado nunca por qué Ámsterdam es la ciudad de los porros, las bicicletas y el sexo? El turista nada sabe sobre quiénes fueron los culpables de tales atractivos, que se han quedado, con el paso del tiempo, en turísticos. La cultura provo, que pasó por Ibiza mucho antes de los pijipis, por Marruecos y Londres en breves incursiones de guerrilla lúdica, ha quedado cristalizada como tópico de la ciudad que hace ya tanto los vio actuar y divertirse.


¿Quién o qué fueron los Provos? La alteración de la paz por los provos (apócope de la santa-en acepción kkdeluxistica- provocación) de Amsterdam empezó con el hecho de que algunos artistas ominosos declararan la calle su espacio de acción en 1965. Los provos fueron los primeros en Europa que -mediante sus protestas- consiguieron convertir la calle en lúdica ágora, en «campo de articulación». Y lo hicieron a través de un formato que lograría perturbar y desestabilizar el status quo: el happening, evento efímero que mezcla el arte y la performance en lugares públicos.







The white bike

El gran mérito de los provos, no obstante, estribaba sobre todo en su capacidad de provocar y ridiculizar a las autoridades. La intención de estos jóvenes tan sensatos y sardónicos era derrocar cínicamente las tradiciones monárquicas holandesas de la Casa Real de Orange y sus protegidos, la burguesía consumista Sus grandes planes fueron siempre tan exagerados que resultaron irrealizables. Primero llegó el plan «Witte fietsen plan» que preveía la socialización de los principales medios de transporte de Amsterdam. Por toda el área de la ciudad deberían colocarse bicicletas blancas a libre disposición, para que todo el mundo pudiera coger y dejar una bici en el lugar que le pareciera. Exigieron a las autoridades la compre de veinte mil bicis. Con este plan los provos aspiraban a eliminar los coches. Pero el pedal no pudo con el motor y la policía cargó contra todas las que fueron a la Presentación de la Primera Bicicleta Blanca.

Mi colega el poli blanco

Otro «plan blanco» se centraba en eso que se llama hogar, a la vivienda. Los provos publicaban semanalmente una lista de pisos y casas vacías por el interés general de homeless, familias y nómadas del vivir. Bajo la consigna: «Pórtate bien con la Policía», se propuso que el "coleguita" policía con uniforme blanco repartiese cerillas entre las fumadoras, preservativos a menores de edad y muslos de pollo y otras vituallas a transeúntes hambrientos. Huelga decir que Provo siempre iba vestido de blanco.

Amsterdam vivió algunos meses furiosos de revueltas permanentes, de manifestantes heridas, de provos cercados por la policía. Quedó patente que las autoridades se sentían más cuestionadas por los ataques provo a la gramática cultural que por las protestas tradicionales. En vez de ofrecer un análisis de la función social de la polícía y la justicia, Provo actuaba en base a un énfasís subjetivo. Provo consideraba la confrontación con la policía como un «acontecimiento lúdíco».

Vota Provo

En 1966, Provo participó en las elecciones municipales: «Stem Provo -kéjje lachen» (Vota Provo y verás qué risa). Ganaron un escaño en el consejo municipal. No tardaron en llegar las acusaciones de reformistas con motivo de la entrada en la política tradicional. Más tarde se presentaron también a las elecciones generales. La actuación desmesurada de la Administración y la policía de Amsterdam provocó diversos escándalos y obligó al jefe de la policía y al alcalde a presentar su dimisión. El día 15 de mayo de 1967, Provo se autodisolvió públicamente. Pero como de costumbre, nadie sabía a ciencia cierta si la disolución iba en serio. Más adelante, un conocido provo explicó que el hecho de haber ganado un escaño en el Ayuntamiento había servido como señal para disolverse. Desde entonces todos los provos quedaron libres de escoger su propio camino. Muchos otros escogieron caminos diferentes: drogas, suicidio, viajes, literatura, negocios...