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martes, 22 de septiembre de 2009

Las ilusiones insurreccionales x Anonim@

NOTA DE EL HEDONISTA: ME PARECE UN TEXTO SERIO SOBRE ALGUNOS PUNTOS DE LAS POSICIONES INSURRECIONALISTAS. ASI PUES ME PARECE PERTINENTE SOBRE CIERTA TENDENCIA DE AUTOSACRIFICO INDIVIDUAL EXCESIVO.

En ocasiones, cada determinado tiempo se hace necesario pararse a pensar entorno a lo realizado hasta el momento para evaluar los caminos tomados, su posible validez y, por supuesto, su posible invalidez. Lo que los Tigres de Sutullena llamarían la “epidemia de rabia” en la revista Resquicios nº 4 ha demostrado quedarse anclado en lo espectacular de la acción inmediata, instintiva pero mayormente ineficaz si cabe, por parte de algunos elementos que han decidido pasar a la acción ellos solos contra un sistema cada vez más globalizado y fortalecido, es decir, ser menos cantidad pero más espectaculares contra un sistema que cada vez es más complicado de asaltar, nos estamos refiriendo al insurreccionalismo, y más concretamente a su vertiente anarquista.

No parece importarles el hecho de que cada vez haya más policía en la calle, ni que haya brigadas especializadas en dichas acciones, ni que las acciones no tengan el efecto esperado (excepto en la autocomplacencia habitual), ni que las acciones no entren dentro de un plan estratégico, ni que ni siquiera las personas del movimiento libertario se enteren (ni que decir la ciudadanía estúpida) de que va la cosa.

Actuando al margen de cualquier tipo de movimiento organizado (aunque sea informalmente), a ciegas, despreciando cualquier otro tipo de actividad subversiva. Parece que la acción sin más ni mangas es la única solución al pequeño problema de acabar con el sistema, parece ser que siliconeando cerraduras y quemando bancos podemos arrastrar a la gente a la revuelta generalizada. Los elementos insurreccionales son incapaces de entender que no todo el mundo pretende destruir el poder así por las buenas, y esta incomprensión mutua conlleva el distanciamiento de los verdaderos afectados por los conflictos sociales y los que pretenden radicalizar y extender dichos conflictos, produciendo el desprecio y rechazo mutuos en numerosas ocasiones.

La separación de las luchas reales (aunque parciales), el gueto, y la infravaloración de la represión que podía suceder a las acciones en cuestión han llevado a convertir la lucha en un fin en lugar del medio que debería ser. La falta de reacción por parte de la sociedad condena al movimiento al puro ataque sin sentido muchas veces, se piensa que cuatro acciones bien colocadas y planificadas pueden asestar un duro golpe al sistema, sin embargo, sin consecuente revuelta por parte de las masas (palabra que repele a los insurreccionalistas) se hubiese quedado en eso, cuatro acciones bien planificadas.

Dar un paso adelante en la lucha en una época de convulsión social es sensato, no siendo así en las circunstancias actuales, donde la mayor convulsión se da en los partidos de fútbol. Dar un paso adelante, en ocasiones, es caerse por el precipicio.

Este texto es una pequeña crítica al insurreccionalismo (utilizamos este término aún a sabiendas de que no les gusta encerrarse en un nuevo “ismo”, pero sirve para entenderse), principalmente a algunos de sus textos. En cualquier caso recomendamos el texto “Anarquía profesional y desarme teórico” de Miguel Amorós para complementarlo, ya que hemos dejado de lado las tesis bonannistas que son tratadas en dicho texto con el espíritu crítico que se merecen.

INSURRECCIONALISMO EN EL PAPEL

Revisamos a continuación una serie de textos donde se recogen los rasgos generales de esta corriente, por supuesto no son todo el insurreccionalismo ni lo pretenden, pero sí que son esclarificadores al respecto, recomendamos de hecho su lectura. El primero de ellos es un texto de Killing King Abacus, “Algunas notas sobre anarquismo insurreccional” ya que aglutina los principios del mismo. Insistimos en que estos textos son meramente indicativos, el insurreccionalismo no se basa en estos textos exclusivamente. Citaremos los pasajes que consideremos oportunos y mostraremos nuestra conformidad o inconformidad con los mismos:

“Es a través de la acción y de aprender a actuar, y no de la propaganda, como abriremos camino hacia la insurrección, a pesar de que la propaganda tenga un papel importante en la clarificación de cómo actuamos. Esperar sólo enseña a esperar; actuando un@ aprende a actuar.”

Aclarado que la palabra acción pueda ser interpretada de mil maneras distintas, y que aquí la tomaremos como ataque directo al capital, la propaganda se puede plantear como un elemento complementario pero imprescindible, ambas se entrelazan. Dar más importancia a una que a otra no hace sino desequilibrar la lucha, quitarle las patas a la mesa o cortarlas. La propaganda no debe únicamente realizar una “clarificación de cómo actuamos” sino que también ha de provocar una serie de cambios en la conciencia del que la reciba, no debe indicar cómo actuamos sino el porqué.

“El camino desde varias insurrecciones que puedan tener lugar -parciales y específicas- hasta la revolución, no puede estar garantizado de antemano por ninguna estrategia a seguir.”

No estamos del todo de acuerdo con esta afirmación, aunque si con una anterior del mismo texto: “Es necesario el planteamiento de estrategias claras para permitir así la utilización de métodos diferentes de una manera coordinada y productiva”. Esto, bajo nuestro punto de vista implica la elaboración de estrategias lo más claras posibles a corto plazo y premeditadamente abiertas a largo plazo, siendo esta última condición un objetivo primordial, confiriendo a la teoría y a la estrategia la importancia que anteriormente tuvo la ideología, eliminando de esa manera disputas acerca de metas utópicas probablemente inalcanzables. Pretendemos que cada paso que demos nos abra un abanico de posibilidades que la ideología cerrada reduciría. Por ello creemos que planificando meticulosamente las estrategias a corto plazo, y trabajando por la extensión de la revuelta, llegará un momento en el que la revolución será una estrategia a corto plazo, y la posterior organización social también. No negamos el valor de muchos elementos de las viejas ideologías, únicamente hay que ponerlas en su lugar como herramienta y no como objetivo último e inevitable.

“La aparición de los primeros eslabones rotos coincide con la propagación de los actos de sabotaje”

Ciertamente el sabotaje en el momento adecuado puede resultar un arma eficaz, sin embargo, esto no debe llevarnos a pensar que una revolución se lleva a cabo solo a base de sabotajes. La extensión del sabotaje podría transformarse, en la situación adecuada y de la forma adecuada, en la extensión de la revuelta organizada informalmente. Es decir, el sabotaje es un arma más, válida en todos los estadios de la revuelta y para objetivos concretos, su uso debe limitarse a sus efectos, y sus efectos no pueden por si mismos derribar el sistema, es necesario pero no suficiente. Por tanto no podemos limitarnos únicamente al uso del sabotaje, ni tampoco privarnos de él, pero por supuesto requiere estar preparado para ello debido al nuevo sistema totalitario de control. Es por este motivo que el siguiente fragmento lo consideramos incorrecto:

“Las pequeñas acciones, por consiguiente, fácilmente reproducibles, requieren de métodos no sofisticados al alcance de cualquiera, son por su simplicidad y espontaneidad incontrolables. Por ello se mofan incluso de los desarrollos tecnológicos más avanzados de la contra-insurgencia.”

Los sistemas de control se han desarrollado hasta tal punto que resulta imposible estar completamente seguros de que las acciones que se realicen no van a tener ninguna consecuencia sobre el que las realice más que sobre lo que se actúa. Infravalorar a la policía es un error, como lo es también mofarse de “los desarrollos tecnológicos más avanzados de la contra-insurgencia”. Hay que estar respaldados por cajas de resistencia, grupos de apoyo a presos, etc. y eso requiere una cantidad de organización que no se ha dado en la realidad de una manera completamente efectiva. La mera explosión de rabia se muestra por tanto bajo una imperiosa necesidad de organizarse y de prepararse.

Con respecto a la conflictividad permanente (el punto 4) nos mostramos ampliamente de acuerdo, simplemente merecería una puntualización, y es que esta conflictividad permanente no debe limitarse al poder, sino extenderse a la conflictividad contra los recuperadores ya que son estos precisamente los que actúan a modo de bolsillo del sistema, se introducen en él los movimientos sociales, integrándolos en el capitalismo para mejorarlo y adaptarlo. De hecho son el poder, no hay opción menos mala. La lucha contra sus mecanismos es, en nuestra opinión, la primera lucha a realizar ya que sin ellos el poder se mostraría desnudo y más vulnerable.

El punto siguiente, la ilegalidad y su desmitificación, nos parece imprescindible, estamos completamente de acuerdo con ello y no tenemos nada que añadir. Lo nombramos únicamente para que luego no se nos tache de legalistas, ya que los prejuicios abundan.

“Dentro del movimiento revolucionario existen diferencias muy profundas: la tendencia anarquista hacia la calidad de la lucha y su autoorganización y la tendencia autoritaria hacia la cantidad y la centralización.”

Ciertamente, sin embargo la calidad de la lucha aumentará con el crecimiento cuantitativo si este último no se convierte en el objetivo primordial y si este se desarrolla dinámicamente y no solo aditivamente, sencillamente debemos considerarlo como un factor más de la guerra social. Por otro lado nos parece indiscutible la idea de la autoorganización y por tanto nos posicionamos en contra de la centralización y de la organización visible, en consecuencia consideramos que no hay porque relacionar implícitamente la cantidad con la centralización, es cierto que es más complicada evitarla en tanto en cuanto aumente la cantidad de gente, pero es un riesgo que hay que correr ya que la comodidad del gueto ya se ha mostrado como inoperante.

“La organización informal se basa en un número de compañer@s unid@s por la afinidad; su elemento propulsor es siempre la acción. Cuanto mayor sea el número de problemas, est@s compañer@s los enfrentarán como una unidad, aumentando así su afinidad. Sabemos que la organización real, la capacidad efectiva de actuar junt@s, sabiendo donde encontrar al otr@, analizando y estudiando los problemas junt@s, pasando a la acción, todo tiene lugar en función de la afinidad alcanzada y no tiene nada que ver con programas, plataformas, banderas o partidos más o menos camuflados.”

De este párrafo se destila la marginación voluntaria, el suicidio y la guetización. Nada de este párrafo indica la extensión del conflicto, la actividad endógena de “compañer@s unid@s” es todo lo necesario. Más que la extensión de la revuelta se busca el aumento de la afinidad y de las acciones, se cae por tanto en otro mito cuantitativo, cuantas más acciones realizadas por la menor gente posible mejor, mayor “número de problemas” y por tanto, mayor afinidad. Alegan que esta crítica de la marginación “no es más que otra separación ideológica entre los explotad@s y l@s subversiv@s”, pero no se dan cuenta de que no es separación ideológica ni teórica, sino práctica, precisamente en el campo en el que se consideran imbatibles y superiores a cualquier otro método.

Los siguientes párrafos vuelven a relacionar el crecimiento cuantitativo con “grandes luchas de masas”, “crecimiento infinito de un movimiento que está para dominar y controlarlo todo”, “algo que debe resistir el paso del tiempo”, “basarse en el crecimiento sin fin y en la resistencia contra el ataque de los explotadores”, “de retaguardia”. Mientras que propone que al ser pocos “se establece un contacto entre la minoría anarquista y la situación específica donde puede desarrollarse la lucha”, aunque esto en la práctica ha supuesto casi siempre una fantasmada irreal.

A continuación nos ocupamos de otro texto, anónimo, titulado “Propuesta para una manera diferente de entender la organización”. De este nos interesa sobre todo su crítica a la organización como elemento reificado, esto es, convertido en una institución con representación física (como puede ser un partido o un sindicato). Concordamos más con aquellos que opinan que la organización no debe ser perceptible mediante unas siglas o unos estatutos. Entendemos la organización como una serie de relaciones e interacciones entre los miembros de un movimiento, dentro de la cual estos últimos desarrollen estrategias que se articulen con otras en una determinada línea general hacia un objetivo, pero que dicha forma organizativa no condicione ni sustituya al individuo en la lucha. Es decir, la organización debe proporcionar un contexto revolucionario en oposición al contexto del sistema, dentro del cual las luchas cobran un sentido. Por tanto apoyamos una forma organizativa, no una organización definida y concreta.

El texto critica de la siguiente manera a las organizaciones formales, nombrando su ilusión principal:
“Así se irá avanzando, acumulando fuerzas (siendo cada vez más) hasta que en un momento dado en que seamos muchísim@s planteemos la gran batalla final (revolución) y fruto de ella nazca una nueva sociedad.”

Nosotros también criticamos este aspecto, sin embargo, tampoco nos posicionamos a favor de lo siguiente:
“El objeto principal pasa a ser el conflicto: potenciarlo donde se mantenga latente y tratar de contribuir a su radicalización donde ya haya aflorado a la superficie, todo ello sin importarnos demasiado si como consecuencia de ello vamos a ganar simpatizantes nuev@s o no.”

No consideramos que radicalizar un conflicto sea el “objeto principal”, este es únicamente un aspecto de la guerra social, el conflicto parcial, no es de esperar que este se extienda a otro tipo de conflictos que no sean evidentes. “La subida del precio del pan, la implantación de una nueva ley o impuesto, el apaleamiento de alguien por la policía, etc.” puede que sean capaces, y no siempre, de desatar la rabia y abrir los ojos, pero para que se de una ocasión de revolución, es necesaria una gran cantidad de conflictos, las épocas de crisis del sistema junto con la acción revolucionaria son las que verdaderamente cuestionan los cimientos del capitalismo, no un conflicto puntual. Por ello no creemos que la rabia sea lo único que deba desatarse, debe desatarse también la revolución. No se trata únicamente de destruir, no podemos pensar que todo es tan fácil como eso. Si así fuese bastaría con unos cuantos muy bien formados, en efecto, pero la historia ya lo ha refutado con creces. La Historia nos enseña lo extremadamente complicado que es acabar con el sistema ya que no solo hay que hacerlo físicamente, hay que eliminar también las relaciones de poder que ha creado en la conciencia social porque sino volverá a crecer. Simplemente haciéndonos a la idea de que cada paso que demos será más complicado avanzar nos daremos cuenta de que nuestro objetivo es mucho más complicado que destruir y verlas venir. En definitiva, no se trata únicamente de hacer cosas, sino de cambiar cosas.

Por otro lado estamos de acuerdo con la siguiente afirmación del texto:

“Crear una organización va, a menudo, acompañado de la producción de una iconografía propia, una estética concreta y cierta homogeneización de las personas que la componen: se crea consciente o inconscientemente un producto. Y es por esto qué es mucho más fácil para las instituciones absorber, deformar y manipular este producto.
”
Para finalizar con este texto hagamos terapia contra la masa-fobia:

“Para el poder son más peligrosas diez personas impredecibles e incontrolables dispersas que cien formando una masa concentrada predecible y manipulable.”

En efecto, sin embargo no vemos donde esta la incuestionable relación entre masa y que esta sea predecible y manipulable. La masa de los suburbios franceses no era precisamente predecible ni mucho menos manipulable.

Tomándonos la libertad de cambiar la frase consideramos que para el poder es más peligrosa una masa impredecible, incontrolable y dispersa que únicamente diez personas.

Nuestro objetivo primordial no debe ser la creación de una masa y de liberarla en el momento apropiado, sino de desmasificar, desautomatizar, solo así se produce un momento revolucionario, ni con diez superhéroes, ni con un millón de estúpidos.

El próximo y último texto se llama “Cuestiones de organización. 31 tesis insurreccionalistas”, de nuevo sin firmar. La primera tesis reza como sigue:

“Siempre han existido dos tendencias visibles en el Movimiento Obrero. Una es tendencia etapista, que conservando las "victorias" parciales pretende fijarlas como peldaños ascendentes a la conquista del cielo. Otra es tendencia insurreccional que hace del presente momento mismo de posibilidad revolucionaria.”

Ciertamente existe una en medio que rechaza ambas, la que considera que existe una contradicción entre las victorias parciales y la revolución. Esto es debido a que por un lado la vida era tan miserable que en el pasado, el movimiento obrero ha gastado sus fuerzas en implantar mejoras laborales, estas luchas servían no solo para mejorar dichos aspectos, sino que también cohesionaban a la clase obrera inculcándole el espíritu de lucha que pudiese llevarle a la revolución a base de ganar confianza en sí misma, experiencia y lazos solidarios. Y aunque el capitalismo se adaptaba, y mejoraba, lo hacia de una manera superflua y que aún permitía posibilidades de revolución, hoy en día el capitalismo ha desarrollado la técnica de la adaptación a la perfección. Sin embargo, esta propuesta se muestra inservible actualmente debido a que la clase obrera no existe, y si existe es tan sumamente egoísta y estúpida que no se va a mover un ápice. Las “victorias” pertenecen actualmente al mismo poder, ya que son conseguidas mediante instituciones que han sido creadas por y para sí mismo, adaptando al sistema a los problemas sociales y manteniendo la dominación a toda costa, no cohesionan a la clase obrera como antaño. Por ello nosotros rechazamos la tendencia “etapista” en la actualidad por considerarla desfasada, pero tampoco aceptamos “hacer del presente momento mismo de posibilidad revolucionaria”, ya que es una contradicción en sus propios términos, el presente es adormecimiento y control social, no permite revolución que valga. Esperar al momento adecuado parece más correcto, lo que no implica la pérdida de la conflictividad permanente, sencillamente la vuelve más realista.

“Las organizaciones gestadas en el movimiento insurreccional de masas, sólo tienen su razón de ser en el instante concreto de la revuelta generalizada. Su construcción a priori o su mantenimiento posterior sólo las conduce a la practica reivindicativa y/o a la recuperación sistemática.”

Ciertamente la espontaneidad es necesaria, pero como ya hemos afirmado antes, creemos que una estructura del movimiento es necesaria. También hay que hacer notar que tener la razón de ser únicamente en el instante concreto de la revuelta generalizada presupone que vaya a haber una revuelta de tales condiciones. Para que una revuelta se extienda de verdad tiene que tener conciencia de sí misma y de sus objetivos (entendidos como objetivos a destruir), y para ello puede ser útil una estructura con un bagaje de experiencias que sepa como dotar de medios a la revuelta. Por supuesto sin dirigirla, simplemente reafirmándola, extendiéndola y, en lugar de haciéndola suya, incorporándose a ella. También hay que darse cuenta de que estas revueltas tienden a funcionar como imán de oportunistas tales como comunistas autoritarios, izquierdistas y demás calaña que tratan de utilizarla para sus propios intereses; inculcar el rechazo a tales cretinos durante, y antes de, la revuelta se convierte en una tarea primordial. Por ello consideramos que para poder explotar verdaderamente las posibilidades de la revuelta, esta debe ser apoyada por un movimiento con una estructura concreta, invisible, pero instintiva, para que los no acostumbrados al enfrentamiento contra el poder la consideren válida para sus aspiraciones y rechacen el reformismo. Creando dicha estructura y manteniéndola (mediante la acción) hasta que se de la oportunidad de demostrar su efectividad se puede pasar de una explosión de rabia a una revolución contra el poder.

“Si bien la plasmación de esta tendencia en el movimiento libertario no ha tenido las repercusiones “espectaculares” que ha podido tener la tendencia etapista, ella está presente en toda la historia libertaria con una práctica visible generadora de tensiones en el seno del movimiento libertario y del movimiento obrero”

Las repercusiones “espectaculares” son precisamente las que responden de los actos insurreccionales en la actualidad. Anteriormente una victoria en el terreno laboral podía causar conmoción supuestamente “espectacular” sin embargo, en los tiempos en los que la lucha no gira en torno a dichas victorias, lo espectacular es lo llamativo, lo increíble, pero también lo incomprensible. Las repercusiones de la lucha anteriormente causaban alegría, ahora las acciones fuera del reformismo son desaprobadas por toda la sociedad, reciben esa repercusión “espectacular” pero ficticia en su gran mayoría ya que son consideradas como un ataque contra el sistema en el que la masa gris se siente integrada y desarrollada. No nos engañemos, hasta el más mísero ciudadano es el mayor defensor del sistema.

“El movimiento insurreccional libertario no mantiene formas de organización pesadas, ni basa su acción en la acumulación cuantitativa, ni se erige en representante de nadie”

Ciertamente estamos de acuerdo con las pretensiones de esta frase, de hecho reúne en pocas palabras los principales elementos del insurreccionalismo con los que estamos de acuerdo. Sin embargo rechazamos su concepción de que los movimientos que busquen y se preparen para la revolución sean considerados “organizaciones pesadas”, basadas en la acumulación cuantitativa y que se erija en representante de quien sea, debido a que esto no tiene porque ser así (aunque en efecto si que lo ha sido en numerosas ocasiones). El principal punto flaco del insurreccionalismo es su reduccionismo con respecto a las formas de organización, según ellos se han de hacer mil sabotajes y ser los mínimos posibles, en caso contrario, en el caso de que opines que el verdadero motor de destrucción del sistema es la revolución generalizada, caes en el mito cuantitativo y demás críticas realizadas (acertadas en el caso del obrerismo, pero no siempre en otros tipos de organización).

“…también se dota de medios formales de propaganda pero a diferencia de los otros tales medios sólo son herramientas para avanzar hacia el enfrentamiento y profundizar en la lucha insurreccional de las masas.”

Coincidimos cuando se afirma la lucha insurreccional de masas, de hecho, esa es nuestra concepción de una revolución, una lucha de masas pero con prácticas radicales, alejadas de la uniformización, el plataformismo, el reformismo, los dirigentes, etc.; por tanto abogamos por la lucha de masas cuando estas se han desmasificado, cada individuo dirige sus propios deseos en contra del capitalismo apoyado por una gran cantidad de personas que actuarán de diversas formas hacia el fin común de la destrucción del sistema, la teoría revolucionaria, expresada en la misma base de la revolución mediante asambleas que practiquen la autocrítica y la adaptación permanentes, será la encargada de establecer las condiciones de la nueva sociedad sobre las ruinas de la anterior.

“Sin un movimiento revolucionario a la vista pretenden suplantarlo a partir de un crecimiento cuantitativo que l@s convierta en la organización guía de las masas, dejándolo todo postergado a un futuro inexistente en el que vuelvan a producirse las “condiciones objetivas” de un pasado mitificado. El enfrentamiento con la realidad se hace en consecuencia imposible.”

Ciertamente estamos en contra de la formación de una organización concreta y visualizada por un mesías (como hemos afirmado antes), de las pretensiones de dirigir a las masas y de la mitificación del pasado. Esto ya lo hemos mencionado a lo largo del texto, sin embargo queríamos agruparlo para hacer ver que el hecho de esperar las condiciones adecuadas para una revolución no es incompatible con muchos supuestos del insurreccionalismo, sencillamente ampliamos sus miras para complementar su acción dentro de una estrategia más clara y con un fin más definido y efectivo.

“[El Capitalismo] es creciente, a la par que su descomposición como sujeto unitario, la existencia de una mayoría explotada, privada de todo poder de decisión sobre sus vidas.”

Ciertamente están privadas de todo poder de decisión sobre sus vidas, pero esto no significa que la mera acción vaya a empujarles a plantearse las bases del sistema. Una revuelta también puede ser de tipo totalitario, o racista, o sexista, o quizás puede derivar en ello, por este motivo consideramos que se hace necesaria una “preparación” previa, ya que no podemos esperar que lo que haga caer al sistema vaya a ser positivo per se.

“La posibilidad de revolución es una posibilidad presente. El problema teórico planteado hace un par de siglos por el socialismo no ha sido resuelto, tan sólo reestructurado, ahondándose en la contradicción inherente al sistema capitalista.”

En cierta manera esto es así, sin embargo debemos centrarnos en los momentos en los que dichas contradicciones afloran a la superficie y afectan a la población en general, de la misma manera que anteriormente lo hacía el trabajo explotador y extenuante provocando revueltas. Las contradicciones se muestran en forma de repentinas crisis socioeconómicas, y en esos momentos de crispación social que pueden desatarse en cualquier momento es donde hemos de fijar nuestro objetivo, haciendo obvia la responsabilidad del sistema en el malestar creado y mostrando a la dominación como una línea continua que nunca ha cesado, simplemente se ha transformado adaptándose a los avances sociales gracias a los recuperadores. Antes era explotación laboral y económica, actualmente es intelectual y encubierta.

“Salir a la calle a perturbar el miserable y embrutecedor orden de las cosas haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s percibimos esencialmente.”

Mediante la destrucción y el desinhibición de la rabia individual no se perturba el orden de las cosas, únicamente se perturban a las cosas, que las personas que interactúen con dichas cosas perciban su destrucción como incitación a la perturbación de su orden y que respondan a dicha perturbación de manera afirmativa hay un abismo que no se salva tan fácilmente. La violencia en la calle no siempre perturba, en ocasiones mantiene y en otras legitima el orden, ya que esta puede ser interpretada de mil maneras y se puede reaccionar de otras tantas.

“Protestas dirigidas contra tal o cual fenómeno parcial sólo evidencian la manipulación folclórica de éstas, que eluden la globalidad del enfrentamiento [...] El ataque muestra sus pretensiones destructivas de la totalidad porque el objeto atacado es tan sólo una excusa para cuestionar lo existente”

Despreciando completamente la manipulación folclórica de las luchas parciales, nos mostramos de acuerdo con la insuficiencia de posicionarse únicamente en estas sin dotarlas de un sentido global, sin embargo, no caigamos en el engaño de las “pretensiones destructivas de la totalidad” ya que cualquier ataque único no es sino parcial. Elaborar una teoría paralela a la práctica revolucionaria será la que evite el parcialismo, por ello consideramos que no basta con afirmar que una acción concreta es un símbolo contra toda la dominación ya que es una pretensión ilusoria para los revolucionarios y no hace sino confirmar nuestra minuciosa capacidad de autoengaño.

Esperamos que estas líneas sirvan como una incitación al debate y la reflexión, ya que no podemos permitir que la “renovación” que implantó el insurreccionalismo en el movimiento libertario desgastado por la rutina se convierta en una nueva verdad incuestionable como lo fuese el obrerismo y la idolatría a Durruti. Queremos que sirva para ir rompiendo los moldes que a veces nos encasquetamos nosotros mismos por la falta de autocrítica y renovación.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Yo Crearé mi propio paraiso Traducido, de Willful Disobedience No. 5

Hay anarquistas, los que se oponen a la civilizacion y que la apoyan, que insisten que uno debe escoger el uno o el otro. Consideran que la creatividad humana y el desarrollo tecnologico son equivalentes - usando la misma logica mala que considera el arco y la flecha de los pigmeos como parecido al ordenador y las fabricas. Es mejor ignorar a estos pensadores de poca profundidad pero no a la naturaleza de la creatividad humana.

Rechazo los conceptos de la naturaleza humana y ser de especie. El primero es un concepto religioso que esta mejor en el basurero de la historia con dioses, fantasmas y duendes. El segundo es un intento de convertir al primero en concepto cient?fico, aun falla cuando uno se da cuenta que la especie es una invenci?n de convivencia para la meta de clasificacion biologica. Transformar esta abstraccion en una entidad que esta encima de tu y yo y de la que formamos parte, es misticismo absurdo. Entonces cuando hablo de la creatividad, hablo de la creatividad de cada individuo en si a proyectar la vida y las interacciones que desea y por lo tanto transformar su ambiente en la forma que les place. En otras palabras, la creatividad es la que expresa dentro uno de nosotros (lo que es unico), la diferencia fundamental que nos distingue de cada otro ser.

La creatividad, esta expresion de la singularidad de cada individuo, requiere un mundo lleno de otros individuos unicos y de cosas con cualidades con las que el creador interactua para transformar su ambiente. Pero estas cosas también ponen limites naturales a la creatividad. No importa cuanto quiera hacerlo, no puedo aletear mis brazos y volar como un ave ni dar una vuelta en el piso del océano por dos horas sin proteccion ni cortar una piedra con una hoja de hierba sino en mis sue?os. Pero los limites naturales de mi creatividad dejan un amplio alcance de posibilidades que parecen infinitas. Los limites sociales que estan puestos a mi creatividad son los limites que son realmente restringentes. Estos limites son los que definen la cultura, restringen mis capacidades. Mis brazos que son naturalmente limitados en su fuerza estan ahora también encadenados; mis ojos con su vision mi?pica debe ahora tratar de mirar también con los ojos vendados; mi voz debe ahora tratar de cantar a través de una mordaza. Mi poder a crear ha sido usurpado por la sociedad y transformado al trabajo productivo y al consumo, estoy hecho en una rueda dentada de la maquina social.

No hay duda que la civilizacion es una transformacion del ambiente natural y la tecnologia es la herramienta que realiza esa transformacion. Pero es una transformacion que confina el individuo, la creatividad y la singularidad. Su meta es el absoluto control social a través de un ambiente totalmente controlado - cada deseo dirigido hacia los articulos de consumo que representa su realizaci?n; cada pasion bien restringida; cada conflicto bien manejado y llevado a un convenio que garantiza la mediocridad continua; cada accion transformada en una reacci?n puntual de una maquina bien afinada. El sistema tecnologico transforma el mundo de tal manera totalitaria, no simplemente por que esta en las manos de una clase gobernante, pero porque fue desarrollado por esta meta desde el comienzo, no solamente por la transformacion del ambiente, sino su control total. Desde la época del comienzo de la agricultura, la tecnologia ha sido cibernética - es decir, la tentativa autoritaria a crear sistemas de control automatico. No me interesa ser una rueda dentada de una maquina gigantesca, tampoco me interesan las transformaciones hechas por esa maquina hechas por esa maquina que transforme el mundo en una masa homogeneizada. Quiero crear mi propia vida, mis propias interacciones y mis propios proyectos. Este deseo inevitablemente me pone en conflicto con la civilizacion y su maquina tecnologica y de hecho con cada forma de sociedad. Porque s?lo con la destruccion de estos monstruos gigantescos, insensibles y restringentes florezca mi singularidad fundamental con toda su maravilla para que pueda apreciar la maravillosa diferencia de cada ser que encuentro.

Pero si vamos a destruir las restricciones sociales de nuestra creatividad y las reemplazamos con las restricciones morales de los Deep Ecologists (ecologistas profundos) que se encenagan en el auto odio humanastico en el nombre de su ideologia biocentrica, somos bobos. ?Por que debo negarme a la maravilla de un mundo de individuos que aprecian sus propias diferencias entre ellos, juntandose separandose y peleandose con pasion, haciendo pequeños paraisos que se transforman, crecen y desaparecen, solo o unidos como cada cual desea? Ocasionalmente he visto de reojo este mundo mientras hago proyectos con amigos. En este mundo social que se empe?a en negarme todo, rehuso esta babosa opcion y lucharé con toda mi fuerza en contra de cada sistema y cada restriccion moral que bloquea el camino de mi deseo a crearme una vida de maravilla en este mundo.

miércoles, 17 de junio de 2009

SALIR DE ESTA SOCIEDAD SIN DEJARLA EN PAZ

SALIR DE ESTA SOCIEDAD SIN DEJARLA EN PAZ


Presentamos aquí dos textos aparecidos en los números 5 y 6 -febrero y mayo de 2002- del boletín ácrata francés A trop courber l’échine [1]... Nos parece que la difusión de este tipo de ideas y propuestas en los medios libertarios y anarquistas del Estado es cada vez más necesaria.

SALIR DE ESTA SOCIEDAD SIN DEJARLA EN PAZ (1)
¿HACIA LA REVOLUCIÓN?

“Y como no somos ni queremos ser animales domésticos, posiblemente chocáramos con quienes no debiéramos chocar: con los que, mal o bien, son nuestros aliados.” Un “Incontrolado” de la Columna de Hierro, marzo 1937.

Reformista o revolucionario, hay que elegir

Un buen número de organizaciones anarquistas o anarco-sindicalistas exhiben pretensiones relativamente ambiciosas. No obstante, es necesario constatar la distancia aberrante entre esas pretensiones y las cosas realmente conseguidas. Para un observador atento, el deslizamiento de un discurso y de prácticas de ruptura con el sistema de dominación hacia una especie de “reformismo radical” es fácilmente perceptible. Este neorreformismo es más o menos asumido y puede tomar diversas formas, pero siempre conduce a las mismas consecuencias desastrosas: el enfangamiento, tanto individual como colectivo, en aparentes y parciales luchas; Un fatalismo y una sumisión insidiosa que va en aumento; la perdida de principios elementales como la solidaridad y el esfuerzo de pensar, etc.

La confianza en modos de organización y de intervención totalmente superados e ineficaces (empezando por el sindicalismo) es uno de los principales fenómenos sobre el que se basa esta crítica. Es verdad, esta confianza no tiene la misma intensidad en unos y otros. Si algunos se adhieren todavía a un sindicato sin demasiadas ilusiones, otros ocupan puestos de representantes sindicales en su empresa o permanentes en las centrales sindicales. Si algunos aceptan las críticas que se hacen al sindicalismo, otros las rechazan totalmente.

Es necesario recordar que el sindicalismo es una forma de asociación muy encuadrada jurídicamente. Si en sus comienzos el movimiento sindicalista ha podido ser portador de las aspiraciones emancipadoras del proletariado, hoy ya no es el caso. El Estado, la patronal, pero también los sindicalistas mismos, lo han transformado en una institución, en un agente social. Por lo tanto, actuar en tanto que sindicalista no es posible sino en un marco muy preciso cuyos límites no puede ser traspasados. Siempre es posible asociarse a aquello que tiene la forma legal de un sindicato, con la voluntad de hacer otra cosa diferente a la cogestión que es hoy la tarea del sindicalismo. Pero esto no es hacer sindicalismo, aunque eso disguste a los anarcosindicalistas de las diferentes CNTs. Es fácil ver que se trata más de un problema de denominación, pero hace falta ser preciso en las propuestas y en las prácticas. Incluso si se está animado por esta voluntad de dar un contenido revolucionario al sindicalismo, la realidad nos viene a recordar los famosos límites que no se pueden franquear. Quiero poner por ejemplo los recientes hechos que conciernen a mis amigos del sindicato CNT-AIT de Correos de Amiens. Estos militantes anarcosindicalistas no se hacen ninguna ilusión sobre lo que es hoy el sindicalismo. Han elegido intervenir en sus empresas en el día a día y lo han hecho siempre de manera coherente y sin concesiones de cara a su jerarquía. También han conseguido ganarse la confianza y la estima de una buena parte de los trabajadores del Centro de Apartados Postales de Amiens, lo que les permite actuar limitando los riesgos de represión sobre ellos. Sí pero... Después de años de prácticas muy molestas tanto para la dirección como para los sindicatos tradicionales, su local ha sido cerrado y uno de los miembros del sindicato ha sido agredido por un jefe antes de ser suspendido por varios meses y trasladado a otra oficina de correos. Yo no sé que conclusiones generales sobre la práctica sindical pueden sacar estos compañeros de tales hechos. A mi juicio, ilustran perfectamente el control total que tienen aquellos que gestionan el sistema. En estas condiciones, toda práctica sindical está abocada al fracaso en su tentativa de hacer emerger de forma durable análisis y acciones que rompan con la dominación que sufrimos.

Se nos querría hacer creer que sólo se abre una alternativa ante nosotros: bien luchar en el día a día, aprovechando el margen de maniobra que la autoridad consiente en concedernos, ¡o bien no hacer nada! Creo que intentar aprovecharse de los medios que nos ofrece todavía el sistema de dominación es una pura ilusión (estos medios son las elecciones políticas y profesionales, las subvenciones, etc. instrumentos todos ellos completamente ilusorios). La experiencia muestra claramente que estas vías llevan a un callejón sin salida. ¿Quiere decir esto que no hay nada que hacer? No. La primera tarea a realizar por l@s revolucionari@s sería denunciar las formas impuestas por el poder cuando queremos reivindicar algo. Esto pasa, en primer lugar, por un ataque en toda regla a la cogestión organizada, al monopolio de la palabra y a los privilegios concedidos a las organizaciones sindicales y a los partidos que se consideran nuestros defensores y protectores. Es necesario comenzar por la deslegitimación de todo lo que contribuye legalmente y formalmente a impedir nuestra expresión autónoma.

Los pretendidos “intereses inmediatos”

“La producción de mercancías produce a la vez lo insoportable y a los hombres capaces de soportarlo.”
Miguel Amorós, ¿Dónde estamos?

La mayor parte de las concesiones hechas al poder lo son en nombre de la defensa de nuestros intereses inmediatos. Estos llamados intereses son la lucha contra los despidos, salarios lo más elevados posibles, mejores condiciones de trabajo, etc. Estos intereses no son propios únicamente de los individuos si no permiten también el mantenimiento de un estatus quo social (¿quién puede creer todavía que un aumento de salario es una victoria sobre el capitalismo?). Estas reivindicaciones no conllevan la lucha de clases, que pretendía la abolición de las causas de la separación de la humanidad en clases. Todo este proceso no va más allá de la gestión, del acomodamiento, de la reglamentación de la sociedad de clases. No niego el hecho de que esta lucha haya podido contribuir a mejorar nuestras condiciones de existencia, ni que sea preferible trabajar 35 horas semanales que 60 o más. Pero eso no cambia fundamentalmente la naturaleza de la sociedad y no perjudica en nada los intereses del poder dominante. Vivimos en un momento en que todo se organiza para mantener al individuo dentro de la sociedad de consumo, alejándole de lo que es la producción real. Así, participar en una apariencia de lucha para la reglamentación de nuestras condiciones de supervivencia no es otra cosa que participar en la alienación generalizada. Y es hacer abuso del lenguaje hablar de lucha cuando todo acaba finalmente por ser negociado. Estos intereses no son nuestros intereses reales y forman parte de esas falsas necesidades que la sociedad de la mercancía ha producido para desviarnos de nuestras preocupaciones esenciales que son la libertad y la vida. En cuanto a su carácter de inmediatez, es más bien la dominación económica quien la decreta. Es la eterna urgencia que impide tomar decisiones a largo plazo, encerrándonos en el consenso, es decir, en la sumisión a los dictados del poder. Existe, no obstante, otra urgencia de una necesidad implacable, que es la que exige el abandono de estos falsos problemas y el retorno a un verdadero movimiento que ataque a las bases de la opresión y se preocupe de la puesta en marcha de otra sociedad.

La cuestión de saber cómo hacer para llegar a esta ruptura fundamental sigue en pie. No creo que debamos abandonar totalmente el terreno del mundo del trabajo. Es la naturaleza de nuestro mensaje al mismo tiempo que su forma, lo que debe ser cambiado. Lo que dicen los revolucionarios es incompatible con las leyes que rigen esta sociedad. Nuestras intenciones, abolir el capital y el Estado, son ilegales. A partir de ahí, se trata de seguir siendo prudentes y de no hacer cualquier cosa, sobre todo cuando las condiciones y la relación de fuerzas son tan desfavorables. Hay un montón de cosas a realizar, de pistas que pueden ser exploradas para demostrar la pertinencia y la viabilidad de nuestra concepción de la vida, pero también para mostrar la capacidad y la fuerza de cada un@ a la hora de poner en práctica tales pretensiones.

Fetichismo de la organización, imbecilidad de los hábitos ideológicos

Cambiar el contenido y la forma de las intervenciones de los revolucionarios en los lugares de trabajo implica el abandono de viejos reflejos paralizantes. Cuando todos los pretendidos revolucionarios hayan roto con el apego imbécil a algunas siglas y a la disciplina del partido, quizá entonces empecemos a ver un poco más claro. Resulta aberrante constatar como una crítica, por mínima que sea, puede ser sentida como un ataque dirigido a hacer daño o a destruir. Es aún más aberrante constatar ese fenómeno en libertarios que son, aparentemente, capaces de reflexionar sobre ellos mismos y sobre su organización; que son, aparentemente, conscientes de los problemas que origina cualquier agrupamiento de seres humanos. Este amor estúpido y ciego por la organización a la que se pertenece tiene como consecuencia inmediata que una multitud de grupúsculos entren en competencia. Es decir, la división. Tod@s pretenden lamentarlo, pero todos son incapaces de tomar la menor decisión que permita la puesta en marcha de una unión de revolucionari@s. La base de tal unión exige es la reflexión individual y colectiva y la puesta a debate de esta reflexión. Estamos todavía muy lejos.

Este cambio de actitud implica igualmente desechar un montón de reflejos ideológicos. No tengo en absoluto la intención de pasar revista a todas las tradiciones que paralizan el pensamiento revolucionario de hoy; esto sería fastidioso. Lo importante es socavar todo lo que contribuye a empujar el movimiento revolucionario hacia ese reformismo radical que no tiene otro resultado que dorar un poco más los barrotes de nuestra celda.

Entre las reivindicaciones que ilustran esta atrofia del pensamiento está la de la autogestión. Para muchos, la revolución significa la reapropiación de medios de producción actualmente en manos de capitalistas. La crítica de los fundamentos de la producción e incluso del trabajo en tanto que actividad, el análisis de la utilidad de esta producción y de este trabajo sólo son pobremente abordados. Y ese es el punto esencial del pensamiento revolucionario: desmenuzar el trabajo y la naturaleza de lo que se produce; volver a poner en el centro de nuestras preocupaciones la defensa de una vida no artificializada que permita la extensión de las libertades. Gestionar lo que ya se ha hecho, aunque se hiciera de la manera más libertaria posible, contribuiría a mantener la alienación. Esto es lo que ningún revolucionari@ consecuente puede desear.

Salir de esta sociedad sin dejarla en paz

El apego tanto a formas de organización estériles como a hábitos ideológicos no son las únicas cosas que hay que abandonar. Es desconsolador constatar cómo la sumisión a la voz de orden de la dominación se extiende cada vez más lejos. De discusión en discusión, a menudo me doy cuenta de que los militantes justifican sus concesiones gracias a los fantasmas, a las fobias y a un miserabilismo descorazonador. Así, el miedo al paro y a la pobreza económica detiene a más de un@, que parece pensar que eso es ciertamente lo peor que puede ocurrirle. La consecuencia directa de este miedo, paradójicamente, es la falta de confianza, en un@ mism@ y en l@s compañer@s, así como el abandono de la solidaridad más elemental. No se conciben otros medios de subsistencia diferentes al del trabajo asalariado existente. Un@ se contenta con lo que viene. Y para rematar, se saca un argumento digno de Cáritas: “A un tío con mujer y tres críos no se le puede decir nada si trabaja en una fábrica de armas, ¡no puede elegir!”. Esto se lo he podido escuchar a un militante anarquista en el curso de un encuentro reciente. A este paso, se van a defender cosas que nos alejarán cada vez más de la realización de nuestras aspiraciones.

No obstante, en nuestro combate cotidiano contra la dominación se pueden explorar otras pistas. Unirse para crear condiciones de vida “alternativas” es una de ellas. Se trata de asociarse a fin de poner en común las experiencias para satisfacer nuestras verdaderas necesidades. Tejer una red que favorezca la apropiación por los individuos de conocimientos y saberes prácticos (en la agricultura, el artesanado, etc.) puede ser ya una solución. No se trata de dejarse engañar: no podemos aceptar el recrear comunidades aisladas del mundo ni acabar en el negocio alternativo, si es bio aún mejor. Se trata más bien de investigar y transmitir técnicas adaptadas a nuestra concepción de la vida. Es bien evidente que estas experiencias tienen que tener un carácter ejemplar. Es necesario tanto comenzar por salir un@ mism@ de esta sociedad invivible como de incitar a los otros a hacerlo mostrándoles que esto es posible.

Por eso dije más arriba que no era cuestión de abandonar el terreno del mundo del trabajo asalariado. Que las personas se reagrupen y lleguen a constituir tales experiencias puede ser realizado en paralelo con la lucha en el seno mismo de la sociedad, es decir en el seno de las empresas, de los lugares donde se vive, etc. Si llegamos a cubrir nuestras verdaderas necesidades de la forma más autónoma posible mientras llevamos una lucha enfocada a socavar los fundamentos mismos sobre los que reposan el trabajo asalariado y el consumismo, se habrá dado un gran paso. Para lograr esto, el requisito previo indispensable es el debate. Este debate ya ha comenzado, porque no hemos esperado a que los eternos indecisos se pongan en marcha. He podido encontrarme con muchas personas y me he escrito con otras. Juntos reflexionamos sobre las condiciones modernas que rigen nuestras vidas. Antes de pasar a un estado superior que sería la puesta en práctica más amplia posible (pues existen ya personas que tiene un modo de vida adecuado a nuestra visión del mundo) de alternativas combativas, la reflexión se centra entonces sobre la sociedad industrial, la tecno-ciencia y la dominación.

Este pensamiento crítico se ha revelado posible a partir del momento en el que hemos sabido superar los viejos clichés progresistas en los cuales chapoteaban las vanguardias revolucionarias. No tengo vergüenza en confesar que yo mismo me monto en un tren en marcha. No es menos cierto que esta crítica representa a mis ojos el punto de apoyo a partir del cual se puede redesplegar el movimiento revolucionario. Para que un proyecto como éste pueda tener oportunidad de dar fruto, el abandono de “mezquinas inquietudes y sórdidas esperanzas” (para retomar las palabras de Jaime Semprun en su última obra Apología por la insurrección argelina2) que caracterizan al ciudadano-consumidor occidental “de base”, se convierte en un imperativo.

Se trata, en primer lugar, de difundir lo más ampliamente posible todas las consideraciones de cara a combatir la dominación tecnológica e industrial en una perspectiva revolucionaria.

SALIR DE ESTA SOCIEDAD SIN DEJARLA EN PAZ (2)
LO NECESARIO Y LO POSIBLE

“No sería del todo aberrante buscar hoy causas tecnológicas a lo trastornos del alma”.
Günther Anders, L’obsolescence de l’homme

La primera objección que se nos plantea cuando afirmamos nuestra voluntad de acabar con el capitalismo y el Estado, es la imposibilidad de dicha tarea. ¿Vivir fuera de la sociedad industrial? ¡Pero eso es imposible! Este sistema ha extendido su poder por todas partes: las infraestructuras tecnológicas recubren la casi totalidad del planeta y los valores vehiculados por el capitalismo moderno parecen integrados por la inmensa mayoría de la humanidad. Sería entonces inútil, se nos dice, tan sólo imaginar poder vivir de otra manera. Tales propuestas son mantenidas por cualquiera, con el tono de suficiencia que autoriza la propaganda publicitaria y estatista. Después de haber machacado durante años con lo de “que en Francia, el 75% de la electricidad es nuclear” (se entiende que todo el mundo se beneficia de ello y que, por tanto, nadie puede estar en contra), la EDF (Electricité de France) proclama ahora, en el marco de su campaña a favor de un “desarrollo sostenible” que “producir más energía es una necesidad” ¡Y con esto parece que basta! Nunca se nos dice por que eso es necesario. En consecuencia, no se cuestionará si esta situación debe perdurar, si las consecuencias desastrosas generadas por este sistema, largamente perceptibles para todo el mundo, deben ver sus causas suprimidas.

El argumento de la imposibilidad no es más que una prueba de la colonización de las mentes por la tecnología

En el transcurso de discusiones cotidianas con compañer@s de trabajo, de comidas familiares o de reuniones entre amig@s, vuelve este mismo argumento. Y si retorna, es siempre para atajar toda discusión.

Pero ¿qué demuestra tal un comportamiento? Simplemente que la cuestión de la posibilidad o de la imposibilidad de una cosa se juzga ahora desde un único punto de vista técnico. Como si la tecnología representara una especie de escala maestra para medir la debilidad de tal o cual proyecto. En definitiva. Para persuadirnos de que no podemos pasarnos sin la sociedad industrial ¡se nos dice que eso es técnicamente imposible!

Esta es sin duda la razón por la cual algunos de nosotros nos sentimos empujados a querer demostrar, a contrario, todas las posibilidades técnicas que permiten producir las cosas indispensables para nuestra supervivencia, todo ello “preservando nuestra salud y el equilibrio ecológico”. Al hacer esto, seguimos confinados dentro del debate técnico, lo que no puede sino complacer a nuestros enemigos.

Es necesario abandonar este falso debate en el cual corremos el peligro de atascarnos. Cuando alguien nos dice que no se puede salir de esta sociedad industrial, entiende ciertamente esta salida como un gigantesco desmantelamiento de las infraestructuras existentes. Nosotros entendemos mucho más que esto. Si demostrar la viabilidad técnica de nuestro proyecto social no es en definitiva sino secundario, es porque lo esencial reside en la crítica de los fundamentos de la sociedad actual.

Falsas necesidades y sentimiento de impotencia “Las fuerzas que ella (la economía autónoma) ha desencadenado suprimen la necesidad económica que ha sido la base inmutable de las sociedades antiguas. Cuando la reemplaza por la necesidad de un desarrollo económico infinito, ella no puede más que reemplazar la satisfacción de las primeras necesidades humanas sumariamente reconocidas por una fabricación ininterrumpida de necesidades falsas que se encaminan a la única falsa necesidad del mantenimiento de su reino”.
Guy Debord, La société du spectacle

La forma actual de la sociedad no es en absoluto necesaria (en el sentido de algo natural) independientemente de la voluntad humana. Dicho de otra manera, si esta sociedad es la que es, se debe al desarrollo histórico que la ha producido; es el resultado de la dominación de una parte de esta sociedad sobre el conjunto de ella misma. El argumento -debería decir mejor la justificación- sobre la imposibilidad de vivir de otra manera, no indica sino la extensión de esta dominación. La permanencia de esta sociedad se debe en gran manera a su capacidad técnica de represión. Pero es, también y sobre todo, permitida por la ilusión que produce en cuanto a su inalterabilidad. Este sistema mantiene el mito de su poder total. Aquellos que pretenden que no se puede hacer nada contra él confiesan más su sentimiento de impotencia y su pérdida de autonomía que la invulnerabilidad de dicho sistema.

A menudo, cuando hablamos de revolución con nuestros afines, surgen cuestiones angustiosas: ¿cómo haremos sin Estado? ¿sin jefes? ¿sin dinero? Las posibilidades de organización, diferentes de las que gobiernan nuestro día a día, parecen inquietantes, es decir, imposibles. Aquí vemos la marca de una creencia en la inmutabilidad de esta sociedad, el signo de un engaño inmenso sobre sus capacidades. Esta creencia se apoya sobre los hábitos de sumisión -conseguidos más eficazmente por la participación activa en este sistema que por la coacción y la fuerza. También sobre la esperanza mantenida sobre la perfectibilidad del sistema (mañana será mejor que hoy) y de la cual la medicina nos ofrece los más inquietantes ejemplos.

Para combatir esta verdadera religión de la economía y de su tecnología, podemos apoyarnos sobre sus resultados nefastos así como sobre sus promesas imposibles. Si el reino de la economía parece perdurar tan fácilmente, es porque pretende garantizar el confor. Pero ¿qué confor? ¡Aquí tenemos de nuevo un inmenso engaño! Se nos habla de confort cuando la vida de este planeta no se había vuelto jamás tan precaria. Podríamos enumerar todas las catástrofes pasadas, actuales o por venir. Esto se ha hecho ya numerosas veces sin gran resultado. A menudo, para perderse en los callejones de la falsa contestación dirigida por el poder y sus esbirros. El sentimiento de impotencia se traduce entonces necesariamente en una impotencia real. ¿Cómo salir de ella?

Afirmar nuestra concepción de la vida

No somos ni pesimistas ni optimistas. A pesar de las circunstancias desfavorables, seguimos defendiendo nuestra concepción de la vida y nuestros valores. Como ha escrito Jacques Philipponneau: “incluso aunque estos valores no vencieran nunca, debemos asegurar su perennidad durante nuestro tiempo aquí, pues es así como amamos vivir, así como transmitirlos a la posteridad, como otros lo hicieron antes que nosotros”.

Permanecer en una constante amargura no resolverá nada. Contemplar el desastre para caer finalmente en el pesimismo tampoco. Sería contradecirnos y renegar de nosotros.

Nosotros que rechazamos este mundo, no debemos renunciar a querer cambiarlo. Somos conscientes de que ninguna fuerza de contestación al capitalismo está en condiciones de producir un revés a este sistema. ¿Qué hacer de estas condiciones? ¿Podemos hacer algo desde el momento en que la inmensa mayoría de seres humanos parecen preferir -o al menos aceptar de más o menos buen grado- las condiciones de supervivencia dictadas por la tecno-ciencia y la industrialización a una verdadera libertad? No vamos a hablar en nombre de otr@s. Lo mejor que podríamos hacer es tratar de aplicar nuestra concepción de la vida y la libertad desde ahora. Podemos aplicarlas tanto en nuestra crítica permanente del mundo como en nuestras tentativas de organización. Creo que no se trata de criticar esperando ver lo que esta crítica producirá. Ni se trata de replegarnos sobre nosotros mismos en comunidades autárquicas, lo que acabaría en un deseo de huir ilusoriamente de un mundo que por los demás, deberíamos afrontar.

Nos rebelamos contra esta sociedad porque somos libres y queremos continuar siéndolo. La tecnología pretende siempre deshumanizar a los seres, reificarlos. En tanto que estemos en condiciones de oponernos a ella, de criticarla, probaremos que no solamente la dominación no ha alcanzado sus fines, sino que el “factor humano” permanece irreductible. Al hacer esto, echamos abajo el mito del poder omnímodo de la tecnología.

La cuestión que concierne a la emergencia posible de “comunidades” o de “retaguardias” está en el corazón de los debates que hoy mantienen los enemigos de la sociedad industrial. Algunos han creído que yo pensaba que la constitución de tales reagrupamientos (en el campo y nada más) era la única solución. Lejos de mí esta idea. Creo que, por lo pronto, los individuos decididos a vivir de otra manera pueden y deben federarse. Soy favorable a la idea de tejer redes que permitan la conservación y la creación de modos de vida, de técnicas, de experiencias, etc. de acuerdo a nuestra filosofía de la vida. Es decir, enfocadas a obtener la mayor autonomía posible, sin hacerse ilusiones sobre la realidad de nuestras capacidades. Es importante intentar hacerlo sin la sociedad industrial. Pero esto no es fácil. Una salida de esta sociedad -en el sentido pleno del término- significaría una revolución total y radical. Es entonces importante hacerlo contra esta sociedad. En definitiva, la constitución de retaguardias es necesaria, pero no creo que sea suficiente. Se pueden hacer otras cosas. Ya he dicho que para mí estaba fuera de propósito hacer una separación entre l@s que actúan y l@s que “no hacen”, ni entre aquell@s que intentan vivir de otra manera desde ahora y aquell@s que siguen “integrad@s” (la expresión no es afortunada, pero no sé cómo explicarme) y sobrevivir del trabajo asalariado o de ingresos diversos. Conviene, sin embargo, insistir sobre lo evidente: cuanto más integrad@s estamos más difícil nos es liberarnos de esta sociedad. Saber crear por sí mism@s las bases materiales de la autonomía -siendo conscientes de que esto sigue siendo relativo, vistas las condiciones dominantes- no es una cuestión a desdeñar. Sea cual sea el punto de vista sobre esta cuestión, conviene reunirnos de forma permanente, debatir, y reflexionar sobre nuestros medios de acción directa contra esta sociedad. Es necesario tejer entre nosotros, más allá de las diferencias y las fronteras, lazos de apoyo mutuo y de solidaridad, que nos permitan resistir pero también, en la medida de lo posible, pasar a la ofensiva.

Tales tentativas tendrán sentido en la medida que en den testimonio de una ruptura con el capitalismo, de un rechazo radical, de una descalificación de sus valores y principios. Al mismo tiempo tales tentativas serán la manifestación de una voluntad de crear condiciones de vida que permitan la expresión de la libertad humana. Nuestra crítica, tanto en palabras como en actos, debe ser la afirmación de nuestros valores. Ponemos siempre por delante la experiencia frente a cualquier ideología. Actuando así, intentaremos restablecer la verdadera relación dialéctica entre las necesidades reales de la vida y la libertad, la relación entre la naturaleza (que no se trata evidentemente de idealizar ni de divinizar) y la humanidad. Esta sociedad no tiene nada de necesaria en sí misma. No solamente es posible salir de ella sino también necesario, si queremos seguir siendo libres e intentar escapar al desastre que lleva dentro de sí. La única esperanza está en la capacidad y la voluntad de los dominados para apropiarse de todo ello.

F.F.
(Traducen: Los Amigos de Ludd)



[1] Este boletín ácrata se titula De tanto doblar el espinazo... porque intenta combatir la resignación, la sumisión y la falta de esfuerzo por pensar que caracteriza al movimiento revolucionario actual. Para nosotros, eso pasa por la consideración de los problemas en relación con el desarrollo de la sociedad industrial y de su tecnología, que caracteriza al capitalismo moderno. Ningún revolucionario puede ignorar pues la importancia del combate contra todos los daños que produce esta sociedad. No sólo criticamos los efectos de esta sociedad sino también las razones, confesadas o disimuladas, sobre las cuales se apoya. Por consiguiente, este boletín combate todo lo que puede alejarnos cada vez más de nuestra emancipación: reformismo, movimiento ciudadanista, elecciones políticas y sindicales, reinvindicaciones parciales y todo lo que contribuye al acondicionamiento de nuestra supervivencia. Dir.: STA B.P. 1021 • 76171 Rouen cedex (Francia). Este libro se puede encontrar en castellano, editado por Muturreko burutazioak (2002).

Los Indeseables. Gli Indesiderabili. x Libelo anónimo

Los Indeseables. Gli Indesiderabili.
Libelo anónimo

Son cada vez más los indeseables en el mundo. Demasiadas mujeres y hombres para los que esta sociedad no ha previsto ningún rol, mas que el de reventar para hacer funcionar todos los demás. Muertos para el mundo o para si mismos: la sociedad no les desea más que así.

Sin trabajo, sirven para empujar a quien lo tiene a cualquier humillación para mantenérselo seguro. Aislados, son útiles para hacer creer a quienes se pretenden ciudadanos, que pueden tener una verdadera vida en común (entre el papeleo y las vallas publicitarias). Inmigrantes, sirven para alimentar la ilusión de tener raíces a quien, proletario sin siquiera más que la prole, está desesperado por sus propios hijos, solo con su nada en la oficina, el metro o delante de la televisión. Clandestinos, sirven para recordar que la sumisión del trabajo asalariado no es lo peor - existen también los trabajos forzados y el miedo ante cada rutinario control policial. Expulsados, sirven para chantajear a todos los refugiados económicos del genocidio capitalista, con el miedo del viaje hacia una miseria sin retorno. Presos, sirven para amenazar con la extrema razón del castigo, a quien no encuentra razones para continuar resignándose. Extraditados, en tanto que enemigos del Estado, sirven para hacer entender que en la Internacional del dominio y de la explotación no hay espacio para el mal ejemplo de la revuelta.

Pobres, aislados, extranjeros en cualquier lado, presos, ilegales, bandidos: las condiciones de estos indeseables son cada vez más comunes. Común puede entonces hacerse la lucha, sobre la base del rechazo de una vida cada día más precarizada y artificial. Ciudadanos o extranjeros, inocentes o culpables, clandestinos o regularizados: las distinciones de los códigos estatales no nos pertenecen, ¿porque debería la solidaridad aceptar estas fronteras sociales, cuando l@s pobres son empujados continuamente de una a otra?
Nosotros no somos solidarios con la miseria, si no con el vigor con que mujeres y hombres no la soportan más.

EL SUEÑO DE UN PERGAMINO
BAJO EL CAUCE POR EL QUE FLUYE LA HISTORIA, un sueño parece haber resistido al desgaste del tiempo y al implacable proseguir de las generaciones. Mirad el envejecido pergamino de este código renacentista, mirad sobre la página estas xilografías que nos devuelven a la juventud de un milenio apenas espirado. Veréis a los asnos cabalgar y sofocarse alegremente en la comida a los hambrientos de siempre, veréis las coronas pisoteadas, veréis el fin del mundo o mejor todavía, el mundo al revés. Aquí está pues, ese sueño, aquí está al desnudo lo que se cuenta en una incisión de hace quinientos años: matar el mundo para poderlo aferrar, robárselo a Dios para hacerlo nuestro y plasmado finalmente con nuestras propias manos. Las épocas, más tarde, han ido prestándoles un hábito siempre a la moda. Se ha vestido de campesino durante las insurrecciones medievales y de blouson noir en el Mayo francés, de minero asturiano en la revolución del 34 y de tejedores ingleses en los tiempos en que los primeros telares industriales eran destruidos con rabiosos golpes de maza. Las ganas de derrumbar el mundo han aflorado cada vez que los explotados han sabido percibir los hilos que les ligan entre sí, hilos que en cada época han sido rotos y reanudados por diferentes formas de explotación. Son estas formas, de hecho, las que de cualquier manera "organizan" a los explotados: concentrándoles bien en las fábricas o en los barrios, en los guetos metropolitanos o frente a las oficinas del Inem, imponiéndoles condiciones de vida símiles y similares problemas que afrontar cada día. Parémonos un momento a desenterrar el fondo de nuestras memorias y pasemos lista a las historias de nuestros padres. La fábrica en la niebla o el sudor en los campos quemados por el sol, el tormento de una ocupación colonial que te roba los frutos de la tierra o el ritmo cada vez más frenético de una prensa que, en cualquier Estado "comunista", promete para un mañana que no llega nunca liberarnos de la explotación. En cada una de estas imágenes de nuestro pasado podemos asociar las diferentes maneras de estar junto a los explotados y por tanto, las bases concretas de esas luchas que han querido derrumbar el mundo y suprimir la explotación.
Hoy que, incluso hijos de memorias y revueltas tan diferentes, nos encontramos hombro con hombro, ¿cuál es el hilo que nos une?; y mientras tanto, ¿qué nos ha traído hasta aquí desde el Magreb o desde el Este, desde Asia o desde el corazón de África? ¿Por qué incluso quien ha pisado siempre esta misma tierra no la reconoce ahora y la encuentra tan diferente de aquella de la memoria?.

Un planeta irreconocible.
Si leemos con atención la historia de estos últimos treinta años podemos individuar una línea de desarrollo, una serie de modificaciones que han perturbado el planeta. Esta nueva situación viene llamada comúnmente "globalización de la economía". No se trata de datos definitivamente adquiridos, sino de cambios que todavía están en curso - con ritmos y peculiaridades diversas para cada pueblo particular - y que nos dejan el espacio para aventurar cualquier previsión. Pero evitemos inmediatamente un lugar común sobre la "globalización". La tendencia del capital a buscar su escala planetaria mercantil por conquistar y mano de obra a bajo coste, siempre ha estado presente, ciertamente esto no es una novedad. Han cambiado los instrumentos para hacerlo: gracias al desarrollo de la tecnología, el capital puede realizar esta tendencia con ritmos y consecuencias inimaginables hasta hace algunos años. No existe, por tanto, un punto de fractura entre el viejo capitalismo y el actual, ni ha existido jamás un capitalismo "bueno" que se desarrolla predominantemente sobre bases nacionales y al cuál se necesitaría retornar - como dan a entender, por el contrario, tantos adversarios del neoliberalismo -. Desde 1973, fecha que marca convencionalmente el inicio del "ciclo de la informática" hasta hoy, el capital en nada ha cambiado su naturaleza, no se ha vuelto más "malo". Simplemente tiene más armas y tanto más potentes como para dejar irreconocible el planeta. Por comodidad de análisis, podemos probar a leer este proceso a través de los cambios que han sufrido tres diferentes áreas geográficas: los países excoloniales, aquellos apenas salidos de regímenes supuestamente comunistas y los occidentales.

Los hijos no deseados del Capital.
Como es sabido, la independencia de las antiguas colonias no ha resuelto en absoluto las relaciones con los propios colonizadores; en la mayor parte de los casos, por el contrario, simplemente las ha modernizado, aunque después de atormentados sobresaltos. Si la antigua explotación colonial miraba sobretodo al acaparamiento de materias primas a bajo coste que venían después manufacturadas en occidente, a partir de entonces, fases enteras de la producción industrial han sido implantadas en los países más pobres, aprovechando el bajísimo coste de mano de obra; tan bajos como para cubrir los gastos de transporte de las materias primas, maquinarias, productos elaborados y los costes de financiamiento a los regímenes locales, garantes del orden público y de la regularidad de la producción. Durante largos años los capitales occidentales han invadido estos países, modificando profundamente el tejido social. Las antiguas estructuras agrícolas han sido destruidas para dejar espacio a la industrialización, los vínculos comunitarios reducidos, las mujeres proletarizadas. Una inmensa cantidad de mano de obra arrancada de la tierra se ha reencontrado - justo como en la Europa del siglo pasado - vagando en los suburbios a la búsqueda de un trabajo. Esta situación encontraba una cierta aunque tremenda estabilidad, hasta que las industrias manufactureras implantadas por los occidentales han podido absorber una parte consistente de esta mano de obra. Pero en un momento dado, una a una estas industrias han comenzado a cerrar. Allí arriba en el norte algo había cambiado: la fuerza de trabajo occidental era de nuevo concurrencial con aquella del sur del mundo. Muchas industrias han cerrado pero han quedado estos nuevos proletarios, tantos e inútiles.

Al Este, la situación no es mejor, los regímenes supuestamente comunistas han dejado tras de sí el desierto, el aparato productivo - enorme y obsoleto - ha quedado en herencia a los viejos burócratas locales y al capital occidental. Así, los hijos y los nietos de aquellos explotados que, aparte de la esclavitud semanal del trabajo asalariado, han tenido que sufrir también la retórica dominical de las «cocineras al poder» y del internacionalismo proletario, se han encontrado parados de nuevo: cada reestructuración industrial, lo sabíamos, requiere despidos. Como ya había sucedido con las ex-colonias, cada país occidental se ha repartido las zonas de influencia económica y política en los países del difunto Pacto de Varsovia y ha transferido allí, aquella parte de la propia producción a más alto consumo de mano de obra. Pero la gran cantidad de explotados convertidos en inútiles para los explotadores, es una gota en el mar que permanece enorme. Tanto en el Este como en el Sur, el chantaje de la deuda externa ejercido por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ha acelerado de manera decisiva estos procesos.
Así es que desde el Sur hasta el Este, comienza la larga marcha de estos hijos no deseados del capital, de estos indeseables. Pero a quien se quede en casa no le espera una suerte mejor. Para aquellos que eligen la vía de la emigración les esperan nuevas y siempre más sangrientas guerras tras la esquina, porque las turbulencias sociales provocadas por tan grandes e imprevistos cambios, a menudo vienen enmarcadas en los discursos étnicos y religiosos; para los que se quedan, la única certeza es la miseria y el desposeimiento. Toda añoranza es vana.

Hasta anteayer.
Mientras tanto, ¿qué ha sucedido en occidente? Aunque menos brutal, el cambio ha sido paralelo al del resto del mundo. Las grandes plantas industriales que empleaban a una parte considerable de los explotados y que durante muchísimos años han determinado la fisonomía de las ciudades - y por tanto la mentalidad, el modo de vivir y de rebelarse de los mismos explotados - han desaparecido. En parte, porque han sido transferidas - como hemos visto - a los países más pobres y en parte, porque ha sido posible despedazar las y redistribuirlas por el territorio. A través del desarrollo de la tecnología, los procesos productivos no sólo han sido progresivamente automatizados, sino que también, se han vuelto más flexibles y adaptados al intrínseco caos del mercado. En otro tiempo, el capital necesitaba obreros depositarios de los conocimientos y las manualidades necesarias para conducir, mas o menos autónomamente, un segmento del proceso productivo; y por tanto también de los obreros que permanecían toda la vida en la misma fabrica, haciendo las mismas cosas. Ahora ya no. Los conocimientos requeridos son cada vez más bajos e intercambiables, no hay una acumulación de saber, cualquier trabajo es igual a otro. El viejo mito del "puesto fijo" ha sido suplantado por la ideología de la flexibilidad, es decir, de la precariedad y de la erosión de las viejas garantías: es necesario saberse adaptar a todo, también a los contratos semanales, a la economía clandestina o a la expulsión definitiva del contexto productivo. Estos cambios son comunes a todo Occidente, pero en algunas zonas han sido tan veloces y radicales que el coste global del trabajo se ha vuelto compatible con el del Sur y el Este del mundo. Así es como se han determinado, tanto ese retorno de los capitales que habían desestabilizado las economías de los países más pobres, dando paso a las guerras y a las migraciones en masa, como la degradación de las condiciones materia- les de vida de los explotados occidentales.

Las revueltas por venir.
Está claro que el cambio en Occidente, aunque violento, es amortiguado en parte por lo que queda del viejo Estado "social" y sobre todo, por el hecho de que gran cantidad de precarizados occidentales son hijos de los viejos proletarios y por tanto gozan indirectamente, a través de las familias, de las viejas garantías. Bastará dejar pasar sin embargo, una generación y la precariedad se transformara en la condición social más difusa. Por ello nosotros, hijos del viejo mundo industrial, seremos económicamente cada vez más inútiles, unidos de hecho a la multitud de indeseables que desembarcan en nuestras costas. Con el transcurso de los años y la estabilización de esta situación, perderán significado todos esos movimientos que intentan dar sostén desde el exterior a una parte circunscrita de marginados - clandestinos, parados, precarios, etc. - porque las condiciones de explotación serán símiles para todos, abriendo las puertas de par en par hacia luchas realmente comunes. He aquí finalmente al descubierto el hilo que a todos nos une, explotados de miles de países, herederos de tan diferentes historias: el capital mismo ha reunificado en la miseria a las familias perdidas de la especie humana. La vida que se nos diseña en el horizonte será vivida comúnmente bajo el marco de la precariedad. Estas son las modernas bases sociales para los antiguos sueños de libertad, cuidadosamente preparadas por el progreso de la explotación, he aquí el lugar de las próximas revueltas.

ANTES DE UNA NUEVA MURALLA CHINA.
Las perturbaciones sociales que han vuelto irreconocible el planeta nos evidencian una constante: el capital sigue un doble movimiento. Por un lado, desmembra todo un tejido social que opone resistencia a su expansión; por otro lado, reconstruye las relaciones entre los individuos según sus exigencias. Toda transformación económica se acompaña siempre de una transformación social, pues la manera en la que mujeres y hombres son explotados modifica su forma de estar juntos y por lo tanto de rebelarse. En este sentido, el provecho y el control social representan dos finalidades de un único proyecto de dominación. Después de haber destruido las comunidades tradicionales y sus formas de solidaridad, el capital ha comenzado a desmantelar la unidad social que él mismo había creado a través de la industrialización de masas. Y esto, no solamente para desviar la resistencia obrera que la infraestructura de la fábrica “organizaba” involuntariamente, sino también porque los capitalistas vivían como una contradicción la necesidad de recurrir al proceso productivo para hacer dinero. La servidumbre de la ciencia respecto del capital y las transformaciones tecnológicas consecuentes, han permitido una nueva expansión económica y social. La valorización -la transformación de la vida en mercancía- abolió para siempre las barreras del tiempo y del espacio con el fin de liberarse de toda base material fija. En este sentido, la realidad virtual (el llamado ciberespacio, la red cibernética mundial) representa su condición ideal. Una vez más se trata de un doble movimiento: si la valorización anula las relaciones hostiles a la circulación del saber-capital y los hombres-recursos, reconstruye por otra parte y al mismo tiempo, las relaciones sociales bajo el signo de lo virtual (a través de los simulacros de relación humana y de los narcóticos electrónicos).

Todo esto presupone un proceso de formación de un “hombre nuevo” capaz de adaptarse a condiciones de vida cada vez más artificiales. En el momento en que la economía se extiende a todas las relaciones sociales, incorporando todo el proceso vital de la especie humana, su última utopía no puede ser sino la pura circulación de valor que se valoriza: dinero que produce dinero. Paralelamente, después de su expansión por todo el espacio social, la última frontera del capital, su último territorio de conquista no puede ser sino su enemigo por excelencia: el cuerpo humano; he aquí la razón del desarrollo de las biotecnologías y de la ingeniería genética. Sin entrar en aspectos particulares de esta guerra contra lo vivo, es importante subrayar el rol fundamental de la tecnología. Por tecnología no entendemos en modo genérico el “discurso racional sobre la técnica”, ni tampoco ninguna prótesis de las capacidades humanas; recorriendo la propia historia del uso de este concepto, nos parece más correcto definirlo como la aplicación de la técnica avanzada a la producción industrial masiva, en el momento en que la investigación científica se fusiona con el aparato militar (los años cuarenta). Se trata de aquel proceso que, partiendo de la industria nuclear y aeronáutica, pasando por los materiales plásticos, la antibiótica y la genética, desembocó en la electrónica, en la informática y en la cibernética. La aplicación industrial de las técnicas más modernas avanza a la par que los conocimientos especializados - en biología molecular, en química, en física, etcétera - y que la ideología del progreso, que es la justificación de todo ello. Este proceso, que comienza durante la segunda guerra mundial, es inseparable del conflicto de poder entre los Estados, los verdaderos organizadores de la sociedad industrial. El desarrollo de un saber y de una técnica siempre más incontrolables levanta un muro cada vez más alto entre el productor y el objeto que éste fabrica, entre la máquina y su capacidad de controlarla. Esta situación le desposee al mismo tiempo, de toda autonomía material y de la consciencia de una posible expropiación (arrancarles de las manos a los amos los instrumentos técnicos y productivos para un uso libre y compartido). En esta doble desposesión y no en la “iniquidad neoliberal” se encuentra la fuente de nuestras vidas precarizadas y artificiales. Si el capital se ha difundido por todo el territorio; si la expropiación de las técnicas especializadas es imposible (puesto que son inutilizables desde el punto de vista revolucionario, o simplemente humano); si ya no existe centro productivo (la Fábrica) al cual oponer una organización central (partidos o sindicatos) con su pretendido sujeto histórico, entonces no queda sino el arma proletaria por excelencia: el sabotaje; queda solamente el ataque anónimo y generalizado contra las estructuras de la producción, del control y de la represión. Sólo así será posible oponerse al doble movimiento del capital, obstaculizando la atomización brutal de los individuos e impidiendo al mismo tiempo, la construcción del “hombre nuevo” de la cibernética, antes de que los muros sociales que deberían hospedarlo estén completamente terminados.

UNA HIDRA DE DOS CABEZAS.
Entre los demócratas radicales y el “pueblo de la izquierda”, son muchos ahora ya en atribuir al Estado un rol puramente decorativo en las decisiones tomadas sobre nuestra piel. Se define, en suma, una jerarquía mundial cuyo vértice es representado por las grandes potencias financieras y las multinacionales y en su base, cada uno de los Estados nacionales convertidos en ayudante, en meros ejecutores de inapelables decisiones. Esto conduce a una ilusión que está teniendo las peores consecuencias. Son muchos en efecto, los que tratan de imponer a las luchas, que se desarrollan en todo el planeta contra aspectos concretos de la “globalización”, un giro reformista y de algún modo nostálgico: la defensa del “buen” viejo capitalismo nacional y paralelamente, la defensa del viejo modelo de intervención del Estado en la economía. Ninguno observa, sin embargo, que la teoría ultra-liberal tan a la moda en estos tiempos y aquella keynesiana, de moda hasta hace algunos años, proponen simplemente dos formas distintas de organizar la explotación, pero sin ponerla nunca en discusión.

Cierto, no se puede negar que en el actual estado de cosas toda nuestra vida venga determinada en función de necesidades económicas “globales”, pero esto no significa que la política haya perdido su nocividad. Pensar en el Estado como en una entidad ahora ya ficticia, o exclusivamente como en un regulador de la explotación y de los conflictos sociales, es cuando menos limitante. El Estado es un capitalista entre los capitalistas y entre estos, cumple las funciones vitales para todos los otros. Su burocracia, sin embargo, ligada pero no subordinada a los cuadros de empresa, tiende sobretodo a reproducir el propio poder.

El estado prepara el terreno al capital, desarrollándose a sí mismo simultáneamente. Son las estructuras estatales las que permiten el progresivo abatimiento de las barreras del tiempo y el espacio, - condición esencial de la nueva forma de dominio capitalista - poniendo a su disposición, territorios, fondos de inversión e investigación. La posibilidad de transportar cada vez más rápidamente las mercancías, por ejemplo, viene dada por el desarrollo de las redes de carreteras, de la alta velocidad ferroviaria, del sistema de puertos y de aeropuertos: sin estas estructuras que son organizadas por los Estados, la “globalización”, no sería siquiera pensable. Del mismo modo, las redes informáticas no son otra cosa que un nuevo uso de los viejos cables telefónicos: cada innovación en el sector (comunicaciones vía satélite, fibra óptica, etc.), es protegida por la estructura estatal. Por tanto, así es como se satisface también la otra necesidad básica de la economía mundializada, la posibilidad de hacer viajar datos y capitales en pocos instantes. También desde el punto de vista de la búsqueda, de la continua modernización de las tecnologías, los estados tienen un rol central. Desde la nuclear a la cibernética, desde el estudio de los nuevos materiales a la ingeniería genética, desde la electrónica hasta las telecomunicaciones, el desarrollo de la potencia técnica está ligado a la fusión del aparato industrial y científico con el militar.

Como es sabido, el capital tiene necesidad de reestructurarse de vez en cuando, o sea de cambiar instalaciones, ritmos, calificaciones y por lo tanto, también las relaciones entre los trabajadores. A menudo estos cambios son tan radicales (despidos en masa, ritmos infernales, drásticas reducciones de garantías...) como para poner en crisis la estabilidad social y requerir, obligatoriamente, intervención de tipo político. A veces las tensiones sociales son tan fuertes, la policía sindical tan impotente y las reestructuraciones tan imperiosas, como para no sugerir a los Estados otra posibilidad que la guerra. A través de la guerra, no solo se dirige la rabia hacia enemigos ficticios (“diferentes” por etnia o religión, por ejemplo), sino que además se logra revitalizar la economía: la militarización del trabajo, las partidas de armas y la bajada de los salarios hacen rentar al máximo los restos del viejo sistema industrial, mientras las destrucciones generalizadas hacen sitio a un aparato productivo moderno y a nuevas inversiones extranjeras. Para los indeseables -tantos explotados inquietos- se agudiza la intervención social del Estado: la exterminación.

Una de las características de nuestro tiempo, es el ascendente flujo masivo de migración hacia las metrópolis occidentales. Las políticas de inmigración -en cada uno de sus extremos, alternándose legitimaciones y cierres de fronteras- no son determinadas por un presunto buen corazón de los gobernantes, sino desde la tentativa de gestionar una situación cada vez más indigerible y al mismo tiempo, sacarle provecho. Por un lado, no es posible cerrar herméticamente las fronteras y por otro, un pequeño porcentaje de emigrantes es útil -especialmente clandestinos, luego más expuestos al chantaje - porque representa un buen depósito de mano de obra a bajo coste. Pero la clandestinidad de masas crea turbulencias sociales que son difícilmente controlables. Los gobiernos deben navegar entre estos datos y necesidades, de ello depende el buen funcionamiento de la máquina económica.

Así como el mercado mundial unifica las condiciones de explotación sin eliminar la concurrencia entre capitalistas, del mismo modo existe una potencia pluriestatal que todavía no cancela la competitividad entre cada uno de los gobiernos. Los acuerdos económicos y financieros, las leyes sobre flexibilidad laboral, el rol de los sindicatos, la coordinación de ejércitos y policías, la gestión ecológica de la contaminación o la represión de la disidencia, viene definido, todo ello, a nivel internacional (aunque la puesta en práctica de estas decisiones compete aún a cada gobierno). El cuerpo de esta Hidra son las estructuras tecnoburocráticas. Las exigencias del mercado, no sólo se han fusionado con las del control social, sino que utilizan además las mismas redes. Por ejemplo el sistema bancario, el de aseguración, el sanitario y el policial se intercambian continuamente sus propios datos. La omnipresencia de tejidos magnéticos representa un fichero generalizado de los gustos, compras, desplazamientos, hábitos. Todo ello bajo los ojos de las cada vez más difundidas telecámaras y por medio de teléfonos celulares que aseguran la versión virtual y también, el mismo archivo de una comunicación humana que no existe.

Más o menos Neoliberal, la intervención del Estado tanto en el territorio como nuestras propias vidas es cada vez más profunda y no puede ser separada de las estructuras de producción, distribución y reproducción del capital. La presunta jerarquía de poder entre las multinacionales y los Estados no existe, porque son a un mismo tiempo parte de aquel único cuerpo inorgánico que está llevando la guerra, a la autonomía de la humanidad y a la vida de la Tierra.

FRATERNIDAD EN LA ABYECCIÓN.
En 1984 de George Orwell, libro que no hace sino confirmar un siglo de totalitarismo, se encuentra la descripción de dos culturas completamente separadas en el interior de la sociedad: la de los funcionarios del Partido y la de los proletarios (como son definidos los excluidos de la ciudadela burocrático-socialista y de su ideología). Los funcionarios tienen palabras, gestos, valores e incluso una consciencia totalmente diferente de la de los proletarios. Entre unos y otros ninguna comunicación es posible. Los proletarios no se revuelven contra el Partido simplemente porque ignoran su naturaleza así como su localización concreta: no se puede combatir algo que no se comprende y que se ignora. Los funcionarios olvidan sistemáticamente -una amnesia selectiva que Orwell llama “doble pensamiento”- las mentiras sobre las cuales fundan su adhesión a la dominación sobre el tiempo y sobre los hombres. La especialización de la actividad (es decir, su parcialización y su repetición incesante) está enteramente al servicio de los dogmas del Partido, el cuál se presenta como ciencia infalible de la totalidad histórica y social. Es por ello que existe necesidad de un control absoluto del pasado, con el fin de gobernar el futuro.

Si se cambian algunos nombres se verá que esta separación de clase, basada sobre una separación culturalmente clara, representa precisamente la tendencia de la sociedad en la que vivimos. Los funcionarios del Partido son hoy los tecnoburócratas de la máquina económico-administrativa, en la cual se funda el aparato industrial, la investigación científica y tecnológica, el poder político, mediático y militar. Los proletarios orwellianos son los explotados librados -por el capital- de esas funestas ilusiones que fueron todos los programas de clase; precarizados en el trabajo como en todo lo demás, están desposeídos de lo que es cada vez más necesario para el funcionamiento de la máquina social: el saber tecnológico. Así es como se ven abocados a una nueva miseria, la de quien no desea más que una riqueza que ni siquiera comprende. La separación tecnológica: he aquí la nueva muralla china que los explotadores están construyendo en nombre de la lucha contra el Enemigo -cuando sin embargo, éste es el capataz de la obra-.

La ciudadela del Partido es hoy la de las tecnologías informáticas, su Ministerio de la Verdad son los mass-media; sus dogmas tienen todos el dulce sonido de la incertidumbre. De las multinacionales al sistema bancario, de las nucleares a los ejércitos, dos son las bases de la tecnoburocracia: la energía y la información. Quien las controla, controla el tiempo y el espacio.

Fuera de la masa de técnicos-obreros sin calificación, los poseedores del saber altamente especializado son cada vez menos numerosos; sin embargo, somos todos portadores de las consecuencias de este saber -en primer lugar, del empobrecimiento de las palabras y de las ideas-. Hacernos sentir responsables del desastre que ellos producen cotidianamente, es justamente la intención de los tecnoburócratas y de sus periodistas: el nosotros que nos dirigen sin cesar es la fraternidad en la abyección. Nos invitan a discutir de todos los falsos problemas, nos conceden el derecho de expresarnos después de habernos sustraído la facultad de hacerlo. Es por lo que toda ideología de la participación democrática (combatir la “exclusión” es el programa de izquierda del capital) no es sino complicidad en el desastre. Justo como en 1984, los proletarios actuales tienen un saber, una memoria y un lenguaje separados de los del partido; y no es sino sobre la base de esta separación, que tienen del derecho y el deber de participar. La diferencia es que para Orwell sólo los no funcionarios tienen acceso a un pasado -lugares, objetos, canciones, etc.- que no está totalmente borrado; y esto porque todavía mantienen lazos sociales, aunque sea a la sombra de las bombas. ¿Pero qué queda de esos vínculos cuando el Partido (es decir, el sistema estatal-capitalista) se apropia completamente de la vida social?. He aquí porqué en estas páginas sobre los indeseables se habla también de tecnología; una crítica del progreso tecnológico que abandona el discurso de clase, nos parece tan parcial como una crítica de la precariedad que no se enfrenta en los nuevos territorios de la desposesión técnico-científica.

La división en dos mundos que están construyendo podría quitar todo sentido a la revuelta: ¿cómo desear otra vida cuando toda huella de vida auténtica haya desaparecido?.

Este texto apareció publicado el verano del 2000 por Muturreko Burutazioak, Sans Patrie y Pantagruel.

martes, 16 de junio de 2009

Al final de la calle

Al final de la calle

De la coleccion "Textos para la conspiracion", un escrito donde se reflexiona sobre diferentes cuestiones inherentes al movimiento anarquico y antiautoritario.

“ Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él “
Revelación 12:9


Conocemos el orden anarquista, ya nunca rechazaremos el caos capitalista.

Apuntes para una teoría.

No existen las teorías completas, y no porque el tiempo las tire como a otros tantos templos, aunque también.
De los post-estructuralistas podemos aprender a bucear por debajo de las pretensiones faraónicas de las momias del pensamiento, para agarrarnos al análisis de lo concreto. Sí lo que perseguimos es la autonomía, ésta sólo puede surgir desde la consideración de lo específico, y no de la resolución de fórmulas reglamentadas, sobre los atriles de la sabiduría, que nos igualan a los valores de una incógnita x, y ó z.

El peligro de todo análisis se encuentra en caer en visiones mecanicistas que tratan la realidad como sí fuese el funcionamiento de una noria. La difícil relación existente entre las condiciones objetivas y las subjetivas ha sido concluida siempre por las teorías científicas con un notable desprecio hacia las segundas (1). Sí bien no fue Marx quien determinó la existencia de las clases sociales (2), sino simples historiadores y economistas que ya hablaban antes que él de la evolución y autonomía de dichas clases, sí fue él el primero en establecer la dictadura del proletariado como un objetivo ineludible en el engranaje de la Historia, y éste un paso previo a la sociedad sin clases. Historiadores, economistas y viejos barbudos, diseccionan el universo como a un gran cadáver que habla por boca de sus cirujanos. A pesar de que hoy en día no esté tan claro que los muertos no lleven la contraria. Por eso, la gran mayoría de las teorías políticas, a lo que llaman anticipación dialéctica ( dialéctica, del griego, "raciocinio" ) no son más que meras justificaciones históricas.

La evidencia más clara, es que entendiendo la ideología como la conciencia deformada de la realidad, producida por unas condiciones objetivas concretas que lo envuelven todo, la capacidad de subversión está siempre presente. Pero no siendo ésta la necesidad obligatoria de una contradicción interna, sino la posibilidad no reglada que parte de lo subjetivo.

Las entrañas de la subversión se encuentran en lo impredecible, en lo particular, en lo despreciable, en lo defectuoso. Quien quiera leer sobre sus verdaderas causas tendrá que buscar en la " información ausente", ésa que se encuentra más allá del límite del pensamiento ordenado, lógico, racional.

El tiempo no es más que una coartada para las teorías completas. Una coartada para un rato, más corto por lo general del que disponen la mayoría de los templos.

La teoría sólo es una proyección de la realidad en la mente, una representación de nuestro entorno- "teoría" y "teatro" vienen de la raíz griega "ver". Lo que suele ocurrir es que se produce tal identificación entre teoría y sujeto, que se acaba haciendo todo lo posible por adaptar el mundo y la mente a esa teoría. Aquí es donde la razón juega su función fundamental procurando controlar la naturaleza, poniendo barreras a la realidad para poder ser pensada. No tenemos porque convertirnos en esclavos de una teoría ; no hace falta acabar creyéndose las propias producciones teatrales.

En el teatro los deseos son orgasmos fingidos. En la vida, el deseo es creación de realidad. La teoría nunca va más allá de una simple mirada perdida, de una congelación de los deseos que ahora ya sólo escenifican, simulan, un orden establecido, fijo. Es la acción la que hace fluir los deseos, son las fuerzas las que chocan en un conflicto, es el movimiento él que genera caos.

La subversión está en los valores despreciables que daban en las ecuaciones de Edward Lorenz resultados caóticos ; en la particular poesía de Bataille, incapaz de razonar ; en los defectos de todas las teorías que abren la posibilidad a lo impredecible.

Danzad, danzad, malditos.

El fuego es la imagen carnal del movimiento. No se puede ni sospechar en reposo. Es devorador, voluptuoso y, sí se deja suelto, incontrolable. Devoradores, voluptuosos, incontrolables : así narran las crónicas subversivas a los malditos.

El compás que los mantiene en trance es una tensión que no se resuelve con ninguna superación dialéctica ( síntesis ). No hay conciliación de opuestos, la libertad no es un producto. Para Heráclito (3) la tensión y la discordia entre contrarios es permanente, no hay solución fuera de la rivalidad, por eso dice que la justicia es la guerra. Para él de lo que se opone surge lo que es : la melodía nace siempre de sus contrapuntos, sí hay armonía es porque hay sonidos que se contraponen ; en la pintura también se combinan las tensiones. Así, la fuerza sin la diferencia no existe como tal, no existe conceptualmente. De esto que el lugar de la negación en la filosofía nietzscheriana esté completamente enfrentado al que ocupa en la dialéctica.

Tesis, afirmación, el en sí ; antítesis, negación de la afirmación, el para sí ; síntesis ( Aufhebung ), superación de la negación, el en sí y para sí : sí bien Bakunin no pegó un puntapié a tanto palabro, si se permitió el lujo de escoger. Un lujo reservado a los que toman partido a pié de cañón, y no palideciendo a la sombra de los manifiestos. El era un hombre de acción y vio en la negación el movimiento, en lo positivo el reposo absoluto. El único valor que llegó a conceder a lo positivo era que en sí llevaba el principio de la destrucción, que él mismo es negativo. La negación es una relación que no existe más que en la medida en que se niega algo. " El placer de la destrucción es, al mismo tiempo, un placer creador". La práctica de Bakunin es una afirmación inmediatista de la libertad, no hay una verdadera Aufhebung ( superación de la negación ) hegeliana.

Es necesario entender la libertad fuera de los parámetros a los que nos tiene acostumbrados la izquierda (4). Esta, después de derrocar a Dios, se dedicó a reponer el altar con una larga colección de espectros : Igualdad, Libertad, Justicia, Humanidad,..., Clase. Se ha sustituido la ley divina por la ley humana, el individuo sigue bajo la dominación de la ley moral, de la Ley. De esto que la Revolución Francesa fue un triunfo de la burguesía (5), logró que reinasen sus intereses en nombre de la nación. El individuo continua preso.

Sois " los más moderados de los moderados. En otras palabras, los últimos Idealistas..."- esputó Stirner a aquellos que pretendían la disolución dialéctica del Idealismo por medio de nuevos fantasmas. Se había sustituido el " más allá fuera de nosotros " por el " más allá en nosotros ", Dios sigue siendo el hombre alienado (6). Cuando nuestro yo despierta se encuentra cautivo en una red de conceptos con los que el sí mismo interpreta su existencia, y que le llevan a generar intereses y valores fuera de los suyos propios, transformándole en un títere a merced de quimeras producidas por su propia fuerza creadora.

Cantos de sirena que mecen nuestros sueños, rotos sólo por la estridencia punk que salta de la boca al oído. Dar la vuelta a Hegel no significa acabar con el Idealismo, simplemente es tener a Hegel patas arriba, dar la vuelta a los ideales. Con falda escocesa y sin calzones a lo sumo alcanzamos a verle los genitales.

La libertad no es la voluntad de servir a una lógica determinista (7), sino la capacidad de afrontar de una forma autónoma y espontánea los conflictos. La justicia no es el ideal perseguido por la Revolución Francesa, es la guerra.

La anarquía danza en la tensión de los conflictos.
Es viento y luna.
Fuerza y magia. Incendio.

Que estalle la bomba.

Ayer rompí con mis manos
en mil pedazos un cristal
la sangre bañaba mis brazos
con una roja crueldad.

Pensaba en perros rabiosos
lameculos de oficina
por eso estoy seguro
de que iba a reventar un día.

Que estalle la bomba
bajo mis pies
que el mundo aprenda
a enloquecer.

Estoy lleno de problemas
que no voy a solucionar
espero que mi cadáver
os enseñe a llorar.

Harto de lamentaciones
se han comido mis idea
por eso coloco la bomba
en el centro de la tierra.

Que estalle la bomba
bajo mis pies
que el mundo aprenda
a enloquecer.

( Barricada )

Philips : enemigo del Estado.


Dictadura y democracia se alternan en defensa de un mismo proyecto. En momentos de convulsión social, la dictadura toma las riendas del Estado y dirige la sociedad militarmente, con disciplina férrea ; cuando los valores del mercado y del consenso son asumidos por la población, la democracia toma el relevo, y diluye en gran medida los papeles del Estado entre la ciudadanía. Aquí se revela la dominación como algo no solo impuesto desde arriba, sino como un conjunto de relaciones que se reproducen en la vida cotidiana. Un Estado aparentemente raquítico, reducido a sus más brutas expresiones, es por el contrario el más fuertemente consolidado ya que mantiene en cada individuo, en cada ciudadano, una institución. Sí la dictadura requiere grandes esfuerzos y en alguna medida puede llegar a presentar situaciones de inestabilidad, la democracia permite el relax y la calma, crea condiciones de mercado : es más rentable.

Las crisis del Capital son resueltas una y otra vez (8), con menos problemas en ocasiones de los que tienen muchos defensores de la teoría de la decadencia (9) en buscar remiendos (justificándose). El movimiento real del capitalismo con el cual adivinar las necesidades de la lucha parece ser más bien ficticio, y sus teorías, profecías de saldo ( teorías separadas de la práctica ).

Lejos de estar en una economía abocada al fracaso, es el mercado quien ejerce hoy el control sobre la sociedad. Las polvorientas instituciones disciplinarias ( familia, escuela, ejercito, universidad,...) no suponen ya los antiguos centros de normalización (10). Sí bien siguen existiendo, lo hacen de un modo distinto. La familia desestructurada hace tiempo dejo de indicar un hecho marginal ; la escuela y la universidad cada vez se conforman más con cubrir los conocimientos técnicos que el proceso productivo reclama ; el ejército renunció a su obligatoriedad, entre otros motivos por exigencias de la eficacia militar ;...

La mercancía no es algo fabricado para satisfacer las necesidades, sino para multiplicarlas ( organiza la carencia ). Es un producto destinado a la venta y al mercado, no cuenta su utilidad sino la capacidad de venderse. Es, además, un reflejo de las relaciones sociales, encierra en sí el espíritu de la autoridad. Pero sobre todo, en la actualidad, es un integrador social, cubre la misión de las caducas instituciones disciplinarias disminuyendo dependencias del Estado. La existencia de éste es más aceptada ahora que sus aspectos desagradables se restringen a la defensa de la razón. Quien adquiere una mercancía adquiere sobre todo un modo de vida, una ideología. El individuo está integrado porque es identificado como una conquista para el mercado.

Un chaval de familia rota, con pocos años en la escuela, sin haber conocido la mili y con una oferta laboral deprimente, está integrado por su móvil, que representa control, consumo, relaciones virtuales, tecnología,... ; una periodista, sin haber pasado por una facultad que machaque especialmente su sentido crítico, y sin necesidad de padecer a un jefe de editorial que lo censure todo, cumple perfectamente las expectativas de su puesto ya que como el resto de sus compañeros periodistas, tiene coche, que representa propiedad, seguridad, progreso, velocidad,...

El marketing se manifiesta como un verdadero modelador de subjetividades. La complicidad que puede llegar a desarrollar éste con el consumidor, en la construcción de un falso sentido común entre ambos, le permite llegar a usar slogans e iconos que antes previamente a vaciado de significado dentro del contexto de la propia mercancía. Así, Philips, que nadie presupone agente desestabilizador del orden mundial, dentro de su amplio abanico de merchandaisin distribuye gorras americanas con la inscripción : ENNEMY OF THE STATE.

El perro siempre vuelve al vómito. El mercado no se independiza del Estado por medio de una desterritorialización ( proceso de valorización transnacional ). La reorganización de los aparatos del Estado a nivel supranacional, y el relevo del mercado en el control social de lo que antes eran instituciones de encierro ( ahora no se está encerrado, se está endeudado ), sólo muestra la viabilidad económica de la democracia y su poder de dominación. El Estado sigue siendo la fuerza organizada de este Mundo Matadero, y por tanto con quien chocan nuestras iras : son los disparos de la policía los que continúan manteniendo nuestros cuerpos dentro de la frontera de lo permitido, las correas de los médicos las que no cesan de apretar nuestras mentes enfermas.
El enemigo del Estado es una amenaza siempre presente.

Víctimas o culpables.

El imperio de la carencia, organizado por la mercancía, puede ser fracturado. El capitalismo, como la tecnología, es un hecho impositivo que nos gobierna por medio de la necesidad, pero presenta puntos de fuga que perforan contra-razón : la creación de realidades donde se manifieste la subversión.

La materialización de realidades subversivas sólo puede ser fruto del deseo (11), que ya no encierra el concepto idealista de carencia, sino por el contrario, el de voluntad de poder (12), creación de realidad. Una realidad que no existe dentro de otra, sino contra otra ; que no se desarrolla en tiempos y espacios diferentes, sino desde la atemporalidad ( no requiere de un proceso de acumulación ) y en el espacio del tabú, lo prohibido. Una condición básica para deambular por ella es reapropiarnos de la animalidad : la fuerza es una pulsión, y el animal tiene el instinto. Como el Marques de Sade, no pretendemos fundar nuestra libertad en principios morales, sino en satisfacer nuestros instintos : " Matar a un hombre en el paroxismo de una pasión es una cosa que se comprende. Hacerlo matar por otro en la meditación seria bajo el pretexto de un ministerio honorable, eso no se comprende ". La naturaleza necesita del crimen.

En esta esquizofrenia, los registros que nosotros interpretamos no pueden estar determinados por la necesidad, no hay zonas restringidas. Si nuestro deseo puede crear realidad, no la tomará medidas como hace la ciencia, sino que dejará desbordarse la pasión, la locura, el desenfreno. La herejía, la fantasía, la irresponsabilidad, la recorren transversalmente. Son la musa, lo que más se escapa al asfixiante estado de las cosas, lo más cercano al inconsciente, la dimensión donde el yo está menos preso. No hay porque ser tímidos sirvientes cuando podemos transformarnos en monstruos insaciables. Aunque conquiste este Mundo, el sirviente no podrá más que reproducirlo, al fin y al cabo, forma parte de él.

Puestos a elegir, entre pillados o pillos, decapitados o verdugos, dueños o ladrones (13), dinamitados o dinamiteros, cobardes o valientes,..., víctimas o culpables, escogemos siempre lo segundo. Culpables.

Así entendemos el salir de esta sociedad sin dejarla en paz. Esquizofrenia, la mayor de las locuras.

Una banda de colegas.

Querer destruir la sociedad no significa buscarla alternativas que la prolonguen. Algo en un principio evidente, luego no lo es tanto.

A una dinámica muy extendida se la suma otra. A la parcialización de las luchas que las convierte en fácilmente recuperables, el humanismo reivindicativo exudando condena : el Sistema instrumentaliza toda disidencia. Feminismo, comunas, escuelas "libres", ecologismo,..., son proyectos destinados a crear alternativas dentro de lo conocido y sin las cuales la gestión actual encontraría dificultades.

Sin embargo, las relaciones anarquistas son inevitables, como la anarquía. Pero sacarlas fuera de su comunidad de lucha, no es, sino romper el movimiento real (14) que niega la sociedad. Definimos la comunidad de lucha, como el encuentro de quienes en la lucha están dispuestos y son capaces de establecer relaciones anarquistas. Dentro de ella es donde se discuten las críticas, se elaboran las armas, se organizan las inquietudes y se comparten los deseos.

La insurrección.

Las explosiones insurrecionales suelen tener pocas consideraciones para con los revolucionarios, acontecen como sucesos impredecibles y desbaratan repentinamente, casi sin quererlo, como por arte de magia, urdidas estrategias en la contemplación de lo cotidiano. Diríamos que responden más que a grandilocuentes discursos en torno a metodologías organizativas, tesis programáticas, clarificaciones teóricas,..., a sentimientos atávicos que hechizando cuerpos y mentes provocan un encuentro colectivo. Son así de sacrílegas, no respetan ni a sus propios enviados en la Tierra.

La fuerza de los acontecimientos es más poderosa que cualquier proceso de acumulación. Abre la oportunidad a los individuos de volver a sí mismos, de quebrar las relaciones de alienación. Los procesos de acumulación por el contrario las reproducen : amontonar es lo que se hace con las mercancías. Sí las arterias del capitalismo están recorridas por el flujo de mercancías, un corte de circulación, genera espacios y tiempos donde las personas se encuentran, se descubren, se identifican,..., interactúan. La insurrección siempre tiene que ir orientada a desmantelar la normalidad al máximo posible.

Febrero de 1848 no estaba marcado en ningún calendario. Sin pedir permiso y en unos pocos días, se extendió desde París, como una mancha de aceite, una revuelta que alcanzará Milán, Venecia, Berlín,... Bakunin la vivirá como " una fiesta sin un principio o un final ". Era en el placer insurreccional donde él encontraba el ser colectivo de la persona (15). En lo lúdico, lo divertido, lo que aún está por ensayar. Mientras que unos se entregaban sin concesiones en los brazos de la lujuria y de la aventura, otros se conformaron con redactar fríamente un Manifiesto (16) donde explican como la única propuesta técnicamente viable para Francia en esos momentos era agudizar el capitalismo. Lo firmó, la Liga de los Comunistas.

La Comuna se levanta en París en 1871 sin ninguna dirección ni programa revolucionarios. Sin ellos se mantuvo durante dos meses, y no cayó por su falta, sino por las fuerzas reaccionarias y el aislamiento que sufrió. No les atacó la sarna porque se libraron del cáncer. La muchedumbre tomó las calles y empuñó lo único que tiene y con lo que mejor se expresa: la acción.

Las burocracias sindicales se sumarian a hechos consumados, a lo que más tarde estrangularán a base de Decretos Ley. Las constantes llamadas a respetar bancos, embajadas, instituciones,..., en 1936, tenían la intención de no alterar la política en las altas esferas a nivel internacional : todo se quería reducir a la República. Lo contrario hubiese sido extender el descontrol a otras geografías, podrían brotar focos insurreccionales en aquellos países cuyos gobiernos se tuviesen que posicionar en contra de la revuelta. Se podía extender la mancha de aceite. A pesar de todo, de las diferentes iglesias y religiones revolucionarias, la insubordinación mantuvo un último acto de desobediencia : Mayo ’37.

" Tu felicidad está en venta: róbala " ( Mayo ’68 ). Ya no se trataba de pedir dinero, ni tan siquiera mucho dinero, sino de recuperar la vida, de descubrir las posibilidades que se esconden tras el monólogo imperante : lo que nosotros queremos, no nos lo puede conceder nadie, no existe, está por imaginar. Quien quiera atraparlo tiene un problema, nosotros. Así corrió, como un rumor, por el Barrio Latino de París y entre las barricadas, un espectro que asombró a propios y extraños. La insolencia, el iconoclasta, la pornografía, el exceso. El 24 arde la Bolsa, quien quiera reutilizar esta casa de los horrores tendrá que buscar entre sus cenizas.

Los gritos arrancados en las plazas donde se batieron los amotinados, sangran los susurros de las mejores lecciones que podemos aprender : hacer de la acción una poesía subversiva y del escrito un acto criminal.

Lola La Loca.

lola como una cabra tú estas tan loca
tan sensualmente embrujadora
lolalolalolalolalolai
no cambies nunca por favor
no cambies nuca
lola dicen que estas siempre en la luna
que un día perdiste la cabeza
dicen que un buen día
quemaste tu casa
mataste a tu padre y tu familia lloraba
te volviste loca te soltaste el pelo
y te fuiste volando
y ahora va sí sí sí sí
vas cabalgando en una escoba
siempre en la luna
llévame contigo a la luna.

lola
ven a buscarme piensa en mi
quiero montarme yo en tu escoba
tras de ti
yo creo estar loco, muy loco por ti.

y los buitres y los cuervos
y las urracas y los búhos
y también los pajaritos
le cantaban hola lola pio pio
hola lola pio pio te vienes a volar conmigo
hola lola pio pio
y es que no hay nada tan bonito
que te venga un pajarito
y te diga hola amiguito
te vienes a volar conmigo.

lola
como una cabra tu estas tan loca
tras tu culito yo ando loquita
dicen que mandaste al cuerno
a tus amiguitas
dicen que dejaste plantado a tu novio
dicen que quemaste tu antiguo colegio
dicen que reías mientras todo ardía
dijiste basta basta basta
paso de tanta tontería
me largo a la luna.

lola
quiero agarrarme a tu cintura
pa no caerme de la grupa de tu escoba
yo creo que estoy loco
muy loco por ti.


( Albert Plá )

El loco y el anarquista.

Como la teoría completa, el loco y el anarquista no existen. Ningún funcionario de bata blanca ha conseguido todavía extirpar el órgano o aislar el gen responsable de tales desviaciones. A pesar de todo el empeño que en ello pone el determinismo científico. Lo que si se revelan, son situaciones donde la realidad pierde toda su lógica, donde la rigidez estructural queda rota en momentos conquistados al tiempo y el espacio.
Son estos momentos los que nos hacen pensar, superada toda ideología, que la lucha ya es en sí misma la materialización de los deseos que no consiguen esperar al día prometido. Esta impaciencia es la que nos permite afirmar, a los que nos hemos propuesto vivirla ya, que la anarquía es inevitable.

La única lucha, la que se impone.

El enfrentamiento de intereses opuestos sólo es superado con la imposición de unos sobre otros, y la fuerza es en todos los casos posibles la única variable que inclina la balanza. Sí bien es cierto que ésta, la fuerza, se halla sometida a diversos factores, según nuestro punto de mira, según nuestro eje de coordenadas, la consideración que toma puede ser totalmente diferente.

Trasladar a la lucha la mentalidad burguesa ha sido una de las principales herencias del “movimiento obrerista” a la que no escapa este aspecto. Así, movernos en términos de victoria o derrota, supone procesar las mismas actitudes que las de nuestros enemigos, necesitados siempre de cuantificar los hechos para ser almacenados en una memoria ram. Cuantificar, clasificar, abstraer, tipificar,..., son los métodos de una guerra que no nos pertenece primero porque nos aliena, nos aleja de nosotros mimos ; y segundo porque la tenemos ya perdida, los militares siempre pierden. Pretender constreñir los deseos en unos cuantos códigos algebraicos, es realmente no conocer la naturaleza de éstos, ni a lo que la fuerza de la pasión puede llegar : y la única circunstancia a la que se doblega esta fuerza es a la voluntad (17).

Son las circunstancias las que han atado y atan las manos de muchas cabezas inquietas que a falta de condiciones numéricas (cuantitativo), socio-políticas (cuantitativo), ideológicas (cuantitativo),..., se han conformado y se conforman con el único proyecto revolucionario de elaborar aburridísimos programas más políticos que nunca. Conocerlos muchas veces nos hace pensar en excusas.

Sin embargo, aprehender la realidad, nos hace ser conscientes de nuestra propia fuerza y de la fragilidad de todo lo que nos rodea : de otra manera el Estado carecería de sentido. Surge así la construcción de momentos en torno a la destrucción de lo existente, la recuperación de nuestras vidas : gracias a ellos establecemos una relación directa con nuestro entorno, superamos las condiciones reinantes, y hacemos de nuestro programa mínimo, el máximo, y le resumimos en dos puntos, aquí y ahora. Postergar esto a un futuro que no nos pertenece se llama alienación ( esperanza ), exactamente todo lo contrario que perseguimos con nuestra lucha.

En todo caso, sí alguna vez nos toca valorar nuestras acciones más allá de los aciertos y de los fallos, será siempre con el resultado de victoria: “No han ganado, aunque nos hallan encarcelado” (18), porque ellas son, las acciones, la muestra más evidente de que nuestras vidas son nuestras ( al menos mientras nos lo hemos propuesto), son la alteración palpable del entorno, la puesta en práctica de nuestros pensamientos (muchas personas necesitan decir que piensan para no ser confundidas con plantas).

La revuelta nace aquí, desde la individualidad, desde las malsanas pasiones reprimidas, pero no se niega en lo colectivo. Es consciente de la física, de la balanza, de la fuerza y de la imposición. La otra lectura de la revuelta individual es la invitación a la insurrección colectiva. Quien afirme que las enseñanzas de los manifiestos han sido mejor entendidas que cualquier levantamiento, es que a estas alturas de la película no ha sido capaz de apartar su mirada del dedo que señala la luna (en este caso, pongamos, la oportunidad). La oportunidad abierta en todos los procesos históricos donde se ha comprendido que ninguna de las piedras que sujeta este Viejo Mundo merece la pena ser respetada, no se desencadenaría, ni con todos los curas revolucionarios lanzando sus monsergas sobre el Día del Juicio Final juntos.

No caben remilgos a la hora de afirmar la lucha como una imposición y por ello renunciar a combatir cualquier expresión de autoridad. Marx pretendía dar clases de lenguaje, y repetía una y otra vez que no era correcto el término antiautoritario para lo que con él se quería designar, ya que toda lucha, según él, es autoritaria. Pero las pajas de Marx solo le daban placer a él (la verdad es que esto último no es cierto, en cualquier caso, a nosotros no). El carácter de la lucha viene marcado por lo que ella genera : o bien control, orden, gobierno; o bien descontrol, caos, anarquía.

El concepto de idea-fuerza nace con este sentido, el de expresar que en el campo de la práctica estas ideas se mueven dentro de la rivalidad de fuerzas. Rescata la lucha de los salones donde se ponen a prueba las capacidades de distracción de los charlatanes adiestrados, y la devuelve al campo de batalla en que nosotros podemos participar: los contratos de trabajo no se firman con el empresario, sino con la policía ( los antidisturbios ), que es en último momento quien les da validez.

En la espiral de la revuelta situamos a nuestros amigos y enemigos.

Decir que en el enfrentamiento de las luchas es donde toma cuerpo la "clase trabajadora", es tanto como no decir nada (19). O si se prefiere, es tanto como someter a una abstracción ideológica la realidad, que siempre escapa de éstas por ser conceptos cerrados. La clase, para sus defensores, sólo se presenta cuando responde a sus expectativas, durmiendo mientras tanto en el inconsciente de su colectivo determinado. A las condiciones objetivas se le buscan todos los inconvenientes posibles que nos consigan explicar porque las subjetivas nunca florecen.

La reestructuración del modelo productivo, la pérdida de fuerza estructural por parte de los trabajadores ; el posfordismo, la desaparición de la fábrica como principal centro de explotación ; el papel fundamental del obrero dentro de la salida de productos, como consumidor ; el reformismo de las organizaciones obreras, que administran las crisis del Capital,...La única conclusión a la que pueden llegar es que el Capital está siempre en crisis, y su clase obrera, en contra de lo que se debería esperar, también.

El mecanicismo marxista que nos obliga para ser libres a haber conocido el feudalismo y a someternos a los designios de las Maquinas, se ha estancado, y parece ser que los sesudos análisis de sus representantes contemporáneos no pueden hacer nada para sacarle de este bache histórico.

No afirmamos la abolición de la clase obrera tras un proceso de transformación, tras la estocada del Capital, negamos su existencia. El interés histórico que se le atribuye, motor de los cambios sociales, desaparece con el nuevo papel que el Capital le designa en su representación, porque éste nunca ha existido realmente. Lo que hoy nos parecen intereses contrapuestos en el seno de la clase trabajadora, son los mismos que sirven para su argumentación histórica : continuación de los que la hicieron protagonista de las gestas revolucionarias.
Definir al proletariado como a aquel que no es dueño de sus condiciones de vida, y con ello, concederle un carácter revolucionario por el potencial que le aportan sus condiciones materiales, es ocultar una subjetividad que en último lugar marca la voluntad de los protagonistas de los acontecimientos. Los esquemas mentales jerárquicos siempre han supeditado la subjetividad por considerarla fruto de las pasiones, y éstas un peligro para el orden. Y sin embargo, no ser dueño de las condiciones de vida no supone el más mínimo aliciente de rebelión para una masa social cuya única demanda apenas hoy es recuperar el “Estado del Bienestar”. Satisfacer las necesidades de sus súbditos no representa la mayoría de las ocasiones ningún inconveniente para el Estado, cuya única preocupación es en todo caso, ser él el único en disposición de poder hacerlo. Sabe, que en último término, las conquistas sociales le refuerzan.

De todas formas, no hay que prestar demasiada atención a los entretenimientos de los intelectuales (20), siempre se corre el riesgo de acabar dándoles razón. Y el único riesgo que merece la pena hoy ser vivido es el de quemar este Maldito Mundo.
“Solo existen dos clases: la de quienes quieren ser libres y la de quienes se conforman con más de lo mismo”.
De una cosa estamos seguros, el proletariado jamás destrozará este Mundo, porque el proletariado pertenece a este Mundo.

No hay futuro, pero de haberlo, está muerto.

La mercancía se extiende abarcando todos los anhelos de la humanidad, llegando incluso a empaquetar el futuro, no solo con planes de pensiones, sino con las utopías.
Los cristianos ocultan tras la paz del paraíso la violencia de tener un dios, al igual que los revolucionarios ocultan tras la paz de la utopía la violencia de tener un plan. Religión y revolución en este sentido, como en tantos otros, caminan de la mano. Pero no es paz lo que ambas ofrecen realmente con sus productos, es ausencia de conflicto. La violencia se mantiene organizada en forma de sociedad: para los unos, el conflicto queda enmarcado en la oposición entre la carne y el espíritu ; para los otros, entre los que mandan hoy y los que deberán mandar mañana. Anulando el conflicto, que es la puesta en juego de los intereses en el campo de la práctica, perpetúan sus proyectos, los que ellos han diseñado.
No hace falta interpretar la realidad, han escrito libros por nosotros ; no hace falta vivir el presente, han dispuesto nuestro futuro.

Sin embargo, el problema no es el conflicto, sino el libre desarrollo de éste. La libertad no es una palabra aséptica y sin consecuencias, aceptarla supone apostar por encarar de una forma autónoma y espontánea todas las inquietudes que son opuestas y chocan con las nuestras, no por negar su existencia. Esta tensión define la anarquía y la estampa en la actualidad en una guerra social abierta en todos los frentes.

No hay más futuro que el presente al que estemos dispuestos a aventurarnos, dejarle pasar supone entrar a formar parte de las filas de zombis empolvados con ilusiones artificiales, hacerle nuestro, es entrar en guerra.
A ella vamos.
De la guerra social no se libra ni dios.

Afrontar la lucha de una forma separada es la labor del militante. El se debe a la revolución. Sus deseos se ven restringidos al compás de los acontecimientos: cuando la revolución está muerta, debe sacrificarse y morir con ella ; sí está viva, el sacrificio es para mantenerla en pié. Desde esta óptica, el talante revolucionario no se ve identificado con los deseos que mueven a la persona, sino con la capacidad de sacrificio que la mortifica.
Del muerto de la revolución militante, surge la revuelta del individuo, cuya única consigna es el desafío al orden, y como único programa, el fin de todos los programas, la anarquía. Aquí la lucha adquiere una perspectiva de integralidad: más allá del reduccionismo al que nos quieren sujetar los economistas y los economicistas, nuestro ser monstruoso va abriendo frentes en todos los campos donde su existencia se escenifica. En el guión impuesto, donde nuestros personajes representan los monigotes sacados de los sueños de los amos de este mundo : obreros, mujeres, negros, maricas, inválidos,..., la lucha supone el impulso que nos permite saltar entre renglones, ofreciéndonos la oportunidad de elegir nuestro propio personaje, y porque no, de inventarle: piratas, bandidos, terroristas, conspiradores, vagabundos, falsificadores, ... , e incluso, locos anarquistas.

Contra el victimismo que cumple su rol dentro de este sistema de mierda y se impone como ideología, recreémonos en nuestros pecados y deformidades. Gritemos : ¡¡ Acción Mutante!!.

La revuelta nace del espíritu de la negación: nada de este mundo merece la pena ser rescatado, porque todo él responde a una mentalidad autoritaria. Revolucionar unas estructuras cuyo único objetivo es generar dominación, como mucho transforma la dominación: “ ...nos vemos prácticamente obligados a rechazar el concepto de revolución, ya que ésta supone un cambio desde algo que ya existe, hacia otra variante de lo existente” (21).

Y se proyecta en la guerra social, que es la plasmación del enfrentamiento desatado contra todo aquello que sigue haciendo de nuestra vida algo ruin. Nada es respetado, todo lo existente tiene que posicionarse: o con nosotros o contra nosotros, en medio no hay nada. Los miedos solo prolongan la inercia de la pasividad, y la fuerza de los acontecimientos arrolla todas las incertidumbres y vacilaciones. Las cartas se ponen sobre la mesa, pintan bastos. En la espiral del conflicto situamos a nuestros amigos y enemigos.

No son estos tiempos para la derrota ...

...sobre todo porque son los nuestros. Las huidas hacia delante son posibles cuando se quiere ir hacia delante (22). Pero aquí nadie esta hablando de avanzar. Abrir caminos en la miseria únicamente arrima a diferentes partes de la miseria (...se hace camino al andar- ¡¡ puaahhgg!! ). Preferimos bailar, nuestra pareja y aliada es la blasfemia. No tenemos respuestas para todo y estamos llenos de contradicciones, sinceramente, no sabemos lo que queremos, pero lo queremos ya. Somos los hijos bastardos de la ilusión y la esperanza.
Vamos a finiquitar la historia, ser el punto y final. Las largas horas de insomnio siempre nos han llevado a un mismo sitio. Solo estamos, al final de la calle.

Por la destrucción de todo lo que nos oprime.
Guerra social en todos los frentes.

Ediciones (Intangibles).
Textos para la Conspiración.
como un clandestino beso negro,
como una descarada reyerta


Notas :
1 - La Escuela de Frankfurt, por ejemplo, ha tratado de explicar la ausencia de revoluciones recurriendo a la capacidad del sistema cultural de absorber toda resistencia, y con ella, subjetividad.

2- Carta a Weydemeyer, Marx, marzo 1852.

3- Heráclito, S. VI- V a. de C., suele presentarse como anterior y enfrentado a Parmínedes. Mientras Heráclito se sitúa al margen de los principios de la lógica, Parmínedes será el primero en enunciarlos.

4- El inicio del hegelismo se remonta a la publicación en 1835 de La vida de Jesús, por D.F. Strauss, obra donde se define a Jesús como a un mito creado por la colectividad en el que se expresa el Volksgeit, y que distinguía entre los seguidores de Hegel tres líneas diferentes - derecha, centro, izquierda - según su diversa posición sobre la historicidad de los Evangelios. Esta clasificación, del propio Strauss inspirándose terminologicamente en la división del Parlamento francés, pronto se redujo a derecha e izquierda, al disolverse el centro dentro de la derecha. La derecha hegeliana continuara con el sistema acabado y estático de Hegel ; y la izquierda optará por su método, sustituyendo la dialéctica de la idea, por la dialéctica de la materia. Izquierda, extrema izquierda, izquierda escorada a la derecha, izquierda de tendencia... cuarto y mitad manzanas traigo. Está claro, preferimos la luna, con los lunáticos.

5- " La burguesía se reconoce en que práctica una moral estrechamente ligada a su esencia. Lo que exige ante todo es que se tenga una ocupación seria, una profesión honorable, y una conducta moral. El caballero de industria, la ramera, el ladrón, el bandido, el asesino, el jugador y el bohemio son inmorales, y el buen burgués experimenta con respeto a esas " gentes sin costumbres" la más viva repulsión ". El Único y su Propiedad, Max Stirner, 1844.

6- " Dios es el hombre alienado" : Feuerbach aplica el concepto de alienación en su critica a la religión. Argumenta que Dios es una creación humana ya que el ser humano se niega las propias excelencias, enajenándose, y las se atribuye a un ser superior pero ilusorio. Dios es, de esta forma, la proyección de la grandeza humana.

7- " Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de premisas actualmente existentes". La ideología alemana, K. Marx y F.Engels, 1845.

8- Desde 1776 con Adam Smith el capitalismo hay que entenderlo en constante transformación, con medidas encaminadas siempre a reforzarlo. Cuatro hechos marcarán desde un principio esta evolución : 1- El crecimiento de los sindicatos. La " lucha de clases" representa un movimiento inmanente en la relación del capital, una inquietud interna propulsora ( Las lecturas de Marx en el S.XXI, Robert Kunz ) 2- El desarrollo del Estado del Bienestar que remonta sus inicios a los años ochenta del S.XIX en la Alemania de Bismarck. Será después Gran Bretaña en 1910-1911, Estados Unidos en 1935, y el resto de Europa. Se trataba de "paliar" las crueldades del sistema : vivienda, educación, sanidad,... 3- A lo largo del siglo XIX y principios del XX, el gran problema del capitalismo había sido la creciente gravedad del ciclo económico : multiplicación de grandes corporaciones cuando todavía no estaba realmente preparado el terreno económico para ellas en términos de demanda masiva. Esta es una de las causas de la Gran Depresión de los años treinta. Se desarrolla el sistema pero no subían los salarios. La renta no estaba suficientemente distribuida como para comprar los productos. El keynesianismo tiene como objetivo que sea el presupuesto del gobierno él que compense todas las carencias del gasto privado. Cuando disminuye la demanda el Estado entra en acción : disminuye los impuestos y aumenta los gastos, incrementando la demanda, aumentando la producción y volviendo al " pleno" empleo. 4- Virtual desaparición del dueño capitalista sustituido por el manager, el burócrata de empresa, ligado al predominio del capital financiero ( capital desvinculado de procesos de producción particulares para moverse ágilmente en la búsqueda de beneficios a corto plazo ). Con estos cuatro acontecimientos los veinticinco años que siguieron a la segunda guerra mundial fueron un notable periodo de crecimiento en la vida del capitalismo. Dentro de este periodo, los sindicatos, que consiguieron asegurar una porción estable de renta para los trabajadores, produjeron una demanda adicional en beneficio de la economía. Pero el keynesianismo empezó a manifestar inconvenientes para el desarrollo capitalista : a partir de los ‘70 el problema paso a ser la inflación. El desarrollo de los sindicatos, que hizo aumentar los salarios de los trabajadores, junto con el alza del precio del petróleo, y la reestructuración económica, originó que los precios se aumentasen para compensar. Los aumentos de precios provocaban entonces que volviesen a subir los salarios, y con ello creo en la economía una espiral precio-salario. La intervención del Estado en este caso supondría medidas muy antipopulares : menor gasto del gobierno, subir los impuestos, y tipos de interés más altos. EEUU y Gran Bretaña buscaron a finales de los ’70 y principios de los ’80 una fórmula para resolver los problemas de la inflación : el monetarismo, dejarlo todo en manos del banco central, que éste determine la oferta monetaria.

9- La teoría de la decadencia mantiene que el colapso del capitalismo, que se expresa mediante sus crisis, tiene su origen en la creciente socialización de las fuerzas productivas, las que llegado a cierto punto, entrarían en conflicto con las relaciones de producción. La destrucción del capitalismo se reduce a una cuestión técnica y cuantitativa.

10- Otras instituciones disciplinarias son la fábrica, el hospital y la cárcel, esta última el lugar de encierro por excelencia. En la transición de la sociedad disciplinaria a la de control, la fábrica va cediendo su puesto a la empresa. Sí la primera es un molde donde se concentra el espacio y se ordena el tiempo con una finalidad productiva, la segunda es una modulación que por medio de la rivalidad ( como el sistema de primas o de promoción laboral ) hace, en cierta medida, de cada trabajador un empresario. Será Michael Foucault quien mejor describa las instituciones disciplinarias, y en cuyos últimos escritos encontramos el paso a la sociedad de control.

11- El antiedipo : capitalismo y esquizofrenia, Deleuze y Guattari, 1985.

12- La voluntad de poder hay que entenderla en su puro sentido nietzscheriano como el poder de la voluntad, es decir, el poder-querer, la constante posibilidad de querer, de estar en tensión hacia algo.

13- Tanto para Kropotkin como para Miguel Amorós, el robo no solo no acaba con la propiedad, sino que la refuerza. Pero ésto es porque ambos entienden el capitalismo como una simple producción de cosas, y no como una producción y reproducción de relaciones alienadas. No queremos decir con ésto que todo robo vaya encaminado a destruir el Sistema, pero si que puede estarlo.

14- Lamamos movimiento real al conjunto de fuerzas que luchan por la anarquía, y cuya única premisa por la que se hallan condicionadas es el impulso de sus pies.

15- Otros lo buscarán en el trabajo y afirmarán que el individuo aislado no existe, que el hombre es un ser activo que se autocrea por el trabajo, y este es siempre social, cooperativo.

16- Manifiesto del Partido Comunista, K. Marx y F. Engels, 1848.

17- Circunstancialismo vs. voluntarismo. Ideas y circunstancias contra el anarquismo democrático. FIJL.

18- Comunicado desde la cárcel de Soto del Real (22-9-’03) de los anarquistas detenidos en BCN (16-9-’03): Compañer@s , aquí estamos, con una sonrisa en los labios y el puño más apretado que nunca. No hemos dejado ni una sola de nuestras ideas, de nuestras pasiones y nuestros sueños por el camino. En los calabozos de la benemérita, a pesar de los cinco días y noches de incomunicación, no se ha quedado ni un solo pedacito de nuestro ser. Ahí se mueran de asco es@s verdug@s, con sus amenazas y sus golpes, con su rostro oculto y con su miserable existencia. Nosotr@s seguimos nuestro camino sin que hayan conseguido que surjan en nuestros corazones ni la duda ni la desesperación. No han ganado, aunque nos hayan encarcelado. Pues, por supuesto, desde aquí sigue la lucha. Y , querid@s amig@s, no os preocupéis, que si siguen llenando los talegos de "terroristas", acabaremos por tomar sus cárceles, convirtiéndolas en focos de resistencia. Compañer@s, ánimo a tod@s. Con toda la cautela necesaria, que tiene que ser mucha, sigamos sin retroceder. Desde Soto, un abrazo inmenso a tod@s. ¡SABEMOS QUE NO ESTAMOS SOL@S¡ ¡LIBERTAD ANARQUISTAS DE VALENCIA, DE GRECIA Y DE TODAS PARTES¡ Por la anarquía siempre. 22- septiembre-03

19- " La misma clase adquiere conciencia de clase en el curso de las duras pruebas que sufre. (...) . Los individuos que se encuentran bajo las mismas condiciones de existencia forman una clase. Al principio, sobre todo cuando se forma una clase, los individuos que la constituyen pueden no saberlo, bien porque sigan todavía separados ( como los "burgueses" en las pequeñas ciudades rivales, durante la edad media ), bien porque se hagan la competencia ( como los obreros que buscan trabajo antes de estar organizados y a veces incluso después de estarlo ). " Los individuos solo constituyen una clase en su lucha común contra otra clase" (...) (La ideología alemana, K. Marx )" ¿Qué es la clase?, Henri Lefebvre, 1948.

20- O por lo menos, nunca una atención que vaya más allá del simple giro en nuestro interés, contextualizado o descontextualizado, eso no es inconveniente. Se trata casi de una cuestión puramente estética, reducida al adorno: sí las tuercas que agarran la Máquina pueden ser los proyectiles de la revuelta, las oraciones que la bendicen los insultos de nuestras diatribas.

21-La muerte de la revolución, El Pájaro del Trueno N°10.

22- “ Pero existe también una crítica de la separación y de la representación que justifica la espera y valoriza el rol de los críticos. Con el pretexto de no separarse del “ movimiento social ” se acaba por denunciar toda práctica de ataque en cuanto a “ fuga hacia delante ” o mera “ propaganda armada ”. Una vez más el revolucionario está llamado a “ desvelar “, quizás en su misma inacción, las condiciones reales de los explotados. En consecuencia ninguna revuelta es posible por fuera del movimiento social visible. El que actúa, entonces, debe querer necesariamente sustituir a los proletarios. El único patrimonio a defender llega a ser “ la critica radical “, la “ lucidez revolucionaria “. La vida es miserable, y por lo tanto no se puede teorizar más que sobre la miseria. La verdad ante todo. “. Ai ferri corti. Romper con esta realidad, sus defensores y sus falsos críticos.